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Amor de a tres y cinco pesos.

Tengo que escribir sobre el lugar más insólito de la ciudad.

No conozco ningún lugar insólito.

Toda mi ciudad es insólitamente aburrida, insolentemente caótica y a la vez tediosa. Fastidiosa de olor a camión mal afinado, a coladera taponada.

Sus sonidos son de máquina enojada, ni siquiera de personas iracundas, sólo suena a motores calientes en fila, a claxon pegado, a vendedores callejeros hastiados.  Hartos del hartazgo monótono de cada día de trabajo improductivo, de estar en un lugar en que no cabemos todos juntos ni parados.

Lo insólito de mi ciudad son las increíbles distancias que hemos de recorrer a diario. Unos en carros viejos que solo tienen permiso de circular cuatro de los cinco días hábiles de la semana, como si fuera pecado no tener dinero para un carro nuevo. Otros van en carros nuevos, igualmente enfadados, con su aire acondicionado, celular manos libres, hablando sandeces, por distraerse de la fila eterna de carros en que van formados.

De cuando en cuando una ligera guerra los saca de la nube tibia y sofocante. Se da la oportunidad de atacar al vecino de hilera. Todo sea por ganar unos metros, no es para llegar antes es para desabrumarse

03.

-“tiíto dime ¿cómo era la ciudad cuando no había carros?” 

-“¡Siempre ha habido! El anuncio de Corona Extra...o de Negra Modelo...veinte millones de mexicanos no pueden estar equivocados. Pero de todo el país, la población del D. F. era apenas de dos millones de habitantes”

Mi tío abuelo tiene 78 años, se sentó en el taburete de mi tocador. Ya sentado lo arrastró, le rompió una pata.

-“¡Cuidado no te caigas! ¡No te preocupes, seguro ya estaba tocado!”

No es cierto, pero ni modo de decirle lo que mi madre diría:

-“¡Has roto todas y cada una de las sillas de mi comedor, no sabes sentarte, quédate quieto, no te remolinees, no las arrastres!”

Mi tío abuelo me llevaba, cuando era niña, a dar la vuelta por Reforma, el Champs Elises que creó Don Porfirio Díaz para poder gobernar París, cuando solo era presidente de México. Yo me moría de flojera; pero al final de la vuelta mi tío me compraba un helado.

-“¿Desde cuando sales a dar la vuelta por Reforma?”

-“Pues desde 1953, dejé Chihuahua y vine a México. Mucho estaba en venta, en, en... las Lomas de Chapultepec. No existía Polanco, se estaba fraccionando. Estaba el sanatorio Español, en donde ahora está el hotel Camino Real era el Sanatorio Inglés. Todo era la Hacienda de los Morales. Polanco eran granjas y sembrados, de alfalfa y maíz. Se vendía a $25.- ó $30.- pesos el metro cuadrado. Llegaba al río Consulado por el poniente y lo demás no existía, no existía la nueva Sta. María, Sta. María si existía, la Nueva no, no existía.”

Entrelaza sus manos, gira los pulgares uno al rededor del otro en un ademán que parece nervioso. Su rostro contradice el ademán, agacha la cabeza y sus mejillas flojas se cuelgan más. Se le pierde la mirada parece tener los ojos fijos en el piso, pero sé que voltea hacia adentro. Está mirando esa cuidad en la que yo nací y no conozco, no como él, nunca como él.

Actualmente el metro cuadrado de terreno en Polanco debe costar $200,000.- pesos. Cómo si fuera muy valioso vivir todos amontonados, como las gallinas, no, ellas han de haber sido gallinas muy ricas, cada una debe haber tenido su metro cuadrado.

Los fines de semana Polanco es casi lindo, se oye uno que otro pájaro, los perros ladran, se puede caminar por las calles, hoy es domingo. Mañana el portero del edificio, se ganará un dinero extra por cuidar entre veinte y treinta carros que no encontrarán en donde estacionarse en la cuadra.

-“Narvarte llegaba hasta Xola, principiaba el fraccionamiento, los lotes aún no salían a la venta. Existían en Churubusco los sets para hacer las películas, con un terreno bastante grande. Todo estaba virgen, había una que otra casa rudimentaria de los trabajadores; ahora tienen agua, luz teléfono. No había tráfico, era poco...

La población de Texcoco estaba separada de la ciudad, ahora ya se juntó. Íbamos a comer rica barbacoa los domingos, porque que buena era, de deveras de borreguito”

-“¿Ahora de que es tiíto?”

-“Quien sabe, ladran en la noche y al día saben sabroso.

No existía la segunda y tercera sección de Chapultepec. Me gusta Chapultepec”

-“¿Que eran esas secciones tiíto?”

-“Zona boscosa, la estaban invadiendo esos... ¿cómo les llaman?...paracaidistas, por eso la hicieron parque nacional. La desta empezó en el año del treinta y cinco, la urbanización de Reforma Lomas, no, fue en el treinta y siete. Yo creo que eso pertenecía al bosque de Chapultepec. ¿Verdad?”

-“Es lo más probable.”

-“¿Crees que soy cronista de la ciudad?”

-“Eres mi cronista de la vida...”

-“Te digo para el sur, el norte no me gusta. Al norte de la población es muy feo”

-“¿Qué, es por las fábricas?”

-“El noreste, han quitado árboles y sembrado fábricas y contaminación. Vallejo no, para ese lado no había árboles, si había pero eran eucaliptos, esos no son como los pinos, hasta se les descascara el tronco.”

-“Para darle agua a la ciudad la traían de los manantiales de Xochimilco y después empezaron, deste, a perforar pozos arriba de Tulyehualco, lo mismo que al lado norte de los llanos de Chinconcoac, del agua que absorbió la tierra por el lago de Texcoco. Ya ves que ahora está seco, desde que lo secaron es pura tolvanera y terregal.”

Atrapa a la gata pinta que pasa junto a él.

-“¿Cómo se llama? je, je, je...”

Abraza a la gata que cuelga la cabeza sobre su brazo complacida. 

-“Mira, no me vayas a arañar, espérese vaya con su dueña.”

La gata salta, él trata de ponerla sobre mi cama, se le escapa.

-“ja, ja, en la, no, no, no, en la calle de San Juan de Letrán, no, no escribas eso. Ahora es el eje Central. Al tardear el sol, había mujeres vendiendo amor de a $3.- y $5.- pesos. ¿Hija, apoco lo vas a escribir?”

-“¡Me canso de escribirlo!”

-“Desde las Vizcaínas hasta el Tenampa, a tres lanas..., en ese entonces.”

-“¿Y ahora, a como se cobra?”

-“No he preguntado últimamente, ahora es barato y con sida, antes eran las purgaciones de permanganato  y...”

-“¿Que son purgaciones?”

-“Los principios de cura para la sífilis, pero no es cierto, ya había antibióticos y se erradicaron las enfermedades venéreas, así se dice para que no se oiga tan feo”

Sale de mi recámara, se va carcajeando, me grita desde la puerta del pasillo:

-“Antes era en las Vizcaínas, ahora es por todas las calles del distrito... Adiuuss...”

Mi tío me contó del tiempo en que la planilla de dos viajes en tranvía valía treinta centavos. Era muy cómodo y no dejaban a nadie viajar parado. Siempre había asientos libres.

Yo manejo todos los días por Reforma, entre Polanco y Santa Fe donde trabajo. Los microbuses van llenos de gente parada. En el mismo embotellamiento que yo, pero parados, apachurrados unos contra los otros, para ir a recoger un sueldo mísero. A mí me duele el chamorro de pisar el clutch, el acelerador, el freno. En el micro seguro les duelen los chamorros y todo lo demás de estar parados, sabe Dios cuanto tiempo para llegar a su trabajo, además de sus ocho horas reglamentarias.

Dice mi tío que por todos lados se vende sida barato. El amor, yo creo que ya ni vendido se encuentra.

A Reforma, por más que le siembran florecitas los árboles se le ven cenizos, y las flores las replantan cada quince días por que se mueren, no sé si de tedio o por que se asfixian, da lo mismo.

El lugar no es insólito, lo insólito es que sigamos aquí, lo insólito es que sigamos vivos.

 

Visto 3350 veces Modificado por última vez en Domingo, 17 Julio 2011 02:18
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