
Indudablemente que el amor es un demonio, ya lo dijo Platón, "el amor no es ni un hombre ni un dios... es un demonio, un mensajero", algo que pretende a lo divino pero no lo es... así pues...es un demonio, un demiurgo.
Teseo, el héroe, el aventurado enamorado que no pudo mantener su amor con Ariadna...quizás los dioses, la Moira, él mismo... no halló las posibilidades para establecerse con su amada... partió... se alejó en un navío con las mejores promesas de no volver... se fue... y ella lo amaba.
¿Cuántos amantes se pierden en los laberintos del toro de Minos?... Muchos seguramente se desencuentran una y mil veces... pero no ellos, no Teseo y Ariadna, el amor de ella... es la salvación de él... sutil filamento, entrada y salida, principio y fin del laberinto del mundo.
Él se fue, como nos dice Kierkeggard, cargado de nostalgia, colmado de arrepentimiento e impotente por la irreversible acción de partir. Él la abandonó a ella, ella lo amó y él se marchó. Sören se anticipa en sus pretensiones, él es Teseo, Ariadna es Cordelia, él la dejará en las playas de la soledad. Ella, como Ariadna, desesperada, lo verá alejarse en su nave pero el amor no se queda quieto, no es noble, no está solo y no dejará que se vaya lejos:
"Amor y la diosa de la Venganza (Némesis) lo apuntan, dos flechas parten más raudas que el viento de las velas y van a clavarse en el mismo punto de su corazón. Lo que significa que su amor fue su venganza."
La pasión de Ariadna, el vínculo entre ambos, el inevitable arrepentimiento, el sufrimiento por la bastarda melancolía... será para Teseo, para el amado... el dardo mórbido que no permitirá olvidar aquel acto de partida. Para Kierkeggard... el hilo perdido... su laberinto interno, el peor de todos, del que ni un amor, ni la corona más brillante pudieron marcarle el camino... la venganza de Cordelia (Regina)... para siempre, hasta siempre.
Historia de amor triste, laberinto interno del que Johannes (el autor) no escapó, extraviándose en el mismo momento que soltó la punta del ovillo.