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"Enfermedad": ¡te presto mi goce!

Por Alí Gómez Lunagómez

 

Cómo nos relacionamos con las causas sino es con los efectos, cómo afrontamos las "enfermedades" sino es con sus síntomas.

enfermedad

El médico toma la presión corporal, por ejemplo, para deducir mediante una nosología la enfermedad en cuestión. Siendo que, lo que llamamos enfermedades son entidades abstractas, diagnósticos, conceptos, nombres que agrupan los signos que se presentan como síntomas y que cierta práctica clínica atribuye al catálogo de padecimientos... aún así, y a pesar de todo empuje materialista, los trabajadores de la "salud" se relacionan todo el tiempo con esas cosas inaprehensibles en los cuerpos que no son como bolitas diminutas que se encuentran en la carne.

El psicoanálisis mira al sujeto, el sujeto se mira a sí mismo y sus fracciones mediante el psicoanálisis. El tratamiento mayormente consensuado en el imaginario de la gente es que, por tomar un ejemplo, el alcoholismo es una enfermedad y hay que conocerle, por qué, porque posee un conjunto de síntomas que se TIENEN que englobar en una construcción de "algo", dígase "enfermedad".

 

Hace algunas semanas me comentaba un AA: "yo sé que estoy enfermo, que las cosas que hice las hice por mi enfermedad y no me daba cuenta, no fui yo, fue mi enfermedad". En ese momento comprendí la función que tiene la "Adicción" tomada como enfermedad, en relación al goce: es poner la basura de casa en la del vecino, aquello que perturba, que el sujeto desea y que le es inconcebible reconocer y reconocerse en los actos, es suponer estos como causa de una perturbación, colocar los prismas más grotescos y más siginificativos en un pequeño hombrecito o mujercita "adicta", que vive en el individuo y que, como un Titán habrá que tener encerrado, dándole de comer remembranzas de lo que hizo, en el Tártaro del ahora llamado "enfermo".

 

¿Por qué pensar una enfermedad como una cosa dada que viene como un tsunami a inundar la vida? ... porque sirve, para no implicar al sujeto en los actos, en el caos anímico en el que se transformó la vida, el hecho de que se suponga la patología como esa entidad flotante que agarra casi como por capricho a los mortales, aleja al sujeto de la verdadera comprensión y elaboración que importa, es decir, se direcciona por medio de la razón y la síntesis que el individuo "entienda" su problema "crónico, degenerativo y mortal" más que en hacerse cargo de su deseo manifestado en esas aberraciones que se atribuyen al fantasma reptante del alcoholismo. 

 

Como ejemplo, se estudia a la llamada adicción como una causa, como una condición de enfermedad especial que deslinda al sujeto de su decir, puesto que "no era él" quien deseaba borrarse del mundo. Considero, que debido a esta relación de "enfermedad"-goce-prestado, un tratamiento que consista en comprender a la enfermedad apelando a la razón e información, desplaza el síntoma a vivir en una constante batalla interna de abrazar una disciplina de cercenar el goce, encerrar lo que queda en una caja que existe en forma de enfermedad y guardarla como quien se sienta en un barril de pólvora suponiendo que se es víctima de una cosa que hace enfermar y esforzarse, desde la voluntad, esperando que no explote. Lo curioso es que se puede pasar la vida en ese juego de trámite entre el deseo y goce ahí sentado. La palabra delimita al goce... e indudablemente el decir "enfermedad" puede tranquilizar, pero a costa del encierro y empaste de lo patógeno. 

Visto 4659 veces Modificado por última vez en Martes, 04 Noviembre 2014 14:58
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