
Su lienzo punk es el plano material en donde se embadurna el rombo goteante, el lienzo estrellado de la mancha sobre la legalidad que cobra visos de realidad, lo suficiente como para hincarle el nombre de Schreber, el famoso jurista psicótico, y agregarle el título “asshole” a una gráfica que empalma los orificios corporales, la locura y la legalidad.

Lo representado y aquello a representar, junto al soporte donde esto sucede, parecieran funcionarse como una misma pieza; la magia opera, transustancia la figura y la mancha llega a crear una pantalla de verdad real que hace signo. Esa mancha no es un sustituto de la realidad sino la representación de una representación de la realidad, y cabe citar aquí a Umberto Eco cuando dice que la mentira del signo nos habla de alguna verdad real.


Esas manchas y escurrimientos son una huella que no suplanta la realidad, sólo tienen sentido para un sujeto observador de la obra, le hace suponer la existencia de una subjetividad en relación con él mismo, es decir hace al espectador suponer la falla en otro, el supuesto error en el artista, sólo para trasponerlo inmediatamente a su propia falla, y a la falla en lo social. El aparente error en tanto falta en lo que se da como imagen es el punto de muelle que se distingue como un agujero, como una ausencia en la pureza de la imagen.
Gardar Eide Einarsson le da a ver manchas a su público y en ellas denuncia el quiebre de lo social en la cultura americana. Presenta los símbolos del neonazismo, del american white power, los slogans de la pureza yankee; todos ellos con ligeras escurriduras que evidencian el quiebre y muestran una sutil denuncia sólo visible para el público que se permite reconocer en la fisura del sistema su propia falta.

Hace referencia a la película Dirty Harry con un anuncio giratorio que reza “Jesus saves” en el cual “el malo de la película” muestra que tan malo es al disparar al letrero. Gardar Eide Einarsson evidencia los lugar comunes de la cultura y nos los marca con pequeños errores, como dice San Agustín si fallorum sum (si me equivoco soy), y podemos dejar de estar para ser por un instante al descubrirnos en el error.

De esas manchas hace un efecto luminoso pues la luz produce manchas, pone desgarros y quemaduras como esenciales y estructurantes a título de lugar de falta en el sitio de la luz, así nos entrega los despojos de una bandera que nos enunciaba la libertad como uno más de los paradigmas rotos del fallido sueño americano.

En su próxima exposición en el Bugada & Cargnel de Paris, Gardar hará hiancia de nuevo en la percepción de su público y lo lanzará a la lectura metafórica de su ser fallado. El espectador que busque descubrir los errores en la gráfica quedará fracturado, escindido, roto, quizá horrorizado por el goce estético, en la oportunidad de percatarse de su posición ante el ideal social que no es una unidad, sino jirón, escurrimiento y fractura.