Lunes, 01 Agosto 2011 17:23

La interpretación de los sueños (continuación)

Escrito por
Valora este artículo
(1 Voto)

La interpretación de los sueños (continuación)

Freud Sigmund
El trabajo del sueño (continuación).

El miramiento por la figurabilidad.


Hasta aquí estuvimos indagando el modo en que el sueño figura las relaciones {lógicas} entre los pensamientos oníricos.

Pero al hacerlo debimos incursionar, una y otra vez, en un tema más vasto: la alteración que el material onírico en general experimenta a los fines de la formación del sueño. Ahora sabemos que el material onírico, despojado de buena parte de sus relaciones, sufre una compresión, mientras que al mismo tiempo desplazamientos de intensidad sobrevenidos entre sus elementos fuerzan en él una subversión de los valores psíquicos. Los desplazamientos antes estudiados resultaron ser sustituciones de una determinada representación por otra que, de algún modo, le era vecina en la asociación; se volvían aprovechables para la condensación puesto que así, en lugar de dos elementos, conseguía ser recogido en el sueño uno solo, algo común intermedio entre ambos. Aún no hemos hablado de que haya otro tipo de desplazamiento. Sabemos de su existencia por el análisis: se anuncia por una permutación de la expresión lingüística de los pensamientos respectivos. En ambos casos se trata de un desplazamiento a lo largo de una cadena asociativa; el proceso es el mismo, pero se cumple en esferas psíquicas diversas y el resultado de tal desplazamiento es, en el primer caso, la sustitución de un elemento por otro, mientras que en el segundo un elemento permuta las palabras que lo expresan por las que expresan a otro.
Este segundo tipo de desplazamiento que se presenta en la formación del sueño posee gran interés teórico; más aún: contribuye notablemente a esclarecer esa apariencia de absurdo fantástico con que el sueño se disfraza. El desplazamiento se consuma, por regla general, siguiendo esta dirección: una expresión incolora y abstracta del pensamiento onírico es trocada por otra, figural y concreta. La ventaja -y con ella el propósito- de esa sustitución es patente. Para el sueño, lo figural es susceptible de figuración, puede insertarse en una situación; en cambio, la expresión abstracta ofrecería a la figuración onírica dificultades parecidas a las que opondría, por ejemplo, el artículo político de fondo de un periódico a su ilustración. Pero no sólo la figurabilidad, también los intereses de la condensación y de la censura pueden ganar con ese trueque. Si el pensamiento onírico, inutilizable en su expresión abstracta, es remodelado en un lenguaje figural, entre esta nueva expresión y el resto del material onírico pueden establecerse con mayor facilidad que antes los contactos e identidades que el trabajo del sueño requiere y que él se crea toda vez que no los encuentra ya dados; en efecto, en cualquier lenguaje, en virtud de su evolución, los términos concretos son más ricos en anudamientos que los conceptuales. Cabe imaginar entonces que en la formación del sueño buena parte del trabajo intermedio, que procura reducir los pensamientos oníricos aislados a la expresión más unitaria y escueta posible, se produce de esta manera, a saber, mediante la apropiada remodelación lingüística de cada uno de ellos. Un pensamiento, cuya expresión acaso está fijada por otras razones, influirá sobre las posibilidades de expresión de otro distribuyéndolas o seleccionándolas, y ello quizá de antemano, como sucede en el trabajo del poeta. Si una poesía ha de crearse respetando la rima, la segunda serie de versos está atada a dos condiciones: debe expresar el sentido que le corresponde y hallar la consonancia con los versos de la primera serie. Las mejores poesías son sin duda aquellas en que no se nota el propósito de hallar la rima, sino que los dos pensamientos han seleccionado de antemano, por inducción recíproca, su expresión lingüística, tras lo cual una ligera reelaboración permite hacer surgir la consonancia.
En algunos casos, la permutación de la expresión facilita la condensación onírica por una vía aún más corta: cuando permite hallar una construcción léxica que por su multivocidad pueda servir de expresión a varios pensamientos oníricos. Todo el ámbito del chiste verbal queda entonces al servicio del trabajo del sueño. No cabe asombrarse ante el papel que toca a la palabra en la formación del sueño. La palabra, como punto nodal de múltiples representaciones, está por así decir predestinada a la multivocidad, y las neurosis (representaciones obsesivas, fobias) aprovechan tan desprejuiciadamente como el sueño las ventajas que la palabra ofrece así a la condensación y al disfraz. (ver nota) Es fácil mostrar que la desfiguración onírica saca también provecho del desplazamiento de la expresión. Ya induce a engaño el que una palabra multívoca reemplace a dos unívocas; y la sustitución de los giros expresivos usuales y sobrios por una expresión figural suspende nuestra comprensión, en particular porque el sueño nunca enuncia si los elementos que ofrece han de interpretarse en sentido literal o traslaticio, ni si es preciso referirlos al material onírico directamente o por mediación de giros lingüísticos intercalados. (ver nota) En general, en la interpretación de un elemento onírico cualquiera es dudoso:

a. Si debe ser tomado en sentido positivo o negativo (relación de oposición).
b. Si debe interpretárselo históricamente (como reminiscencia).
c. Si debe serlo simbólicamente.
d. O si debe aplicárselo partiendo de su enunciación literal.

A pesar de esta multiplicidad de vertientes, puede decirse que la figuración característica del trabajo del sueño, si bien es cierto que no lleva el propósito de que se la comprenda, no ofrece a su traductor dificultades más grandes que las que ofrecía a sus lectores la escritura jeroglífica de los antiguos.
Ya he citado muchos ejemplos de figuraciones oníricas que sólo por una ambigüedad de la expresión se mantienen cohesionadas («La boca se abre bien», en el sueño de la inyección; «Y no puedo marcharme», en el último sueño, etc.) Comunicaré ahora un sueño en cuyo análisis la remodelación figural del pensamiento abstracto desempeña un papel más importante. La diferencia entre esta interpretación del sueño y la interpretación por medio del simbolismo puede precisarse mejor: en la interpretación simbólica, la clave de la simbolización es escogida arbitrariamente por el intérprete; en nuestros casos de disfraz lingüístico, en cambio, esa clave es de todos conocida y la procuran unos hábitos idiomáticos arraigados. Si uno atrapa en la oportunidad justa la ocurrencia que viene al caso, es posible resolver total o fragmentariamente los sueños de este tipo, aun con independencia de las informaciones que pueda proporcionar el soñante. He aquí el sueño de una dama de mi amistad:
Ella se encuentra en el teatro. Representan una obra de Wagner. La función ha durado hasta las 7 y cuarto de la mañana. En la platea y los palcos bajos hay mesas donde se come y se bebe. Su primo, que acaba de volver a casa tras su viaje de bodas, está sentado a una de estas con su joven esposa; junto a ellos, un aristócrata. De este se dice que la joven se lo trajo de su viaje de bodas desembozadamente, como habría podido hacerlo con un sombrero. En mitad de la platea se alza una alta torre; encima, una plataforma rodeada por un enrejado de hierro. Ahí, arriba de todo, está el director de la orquesta, con los rasgos de Hans Richter; de continuo corre de un lado al otro tras su enrejado, traspira terriblemente y desde ese puesto dirige la orquesta desplegada en la base de la torre. La soñante está sentada {sitzen} en un palco con una amiga (también de mi conocimiento). Su hermana menor quiere alcanzarle desde la platea un gran pedazo de carbón, aduciendo que ella no sabía que eso se prolongaría tanto y seguramente. estaría ahora muriéndose de frío. (Como si los palcos, durante esa prolongada representación, debieran ser caldeados.)
Si bien es cierto que se refiere a una situación única, el sueño es bastante disparatado. La torre en mitad de la platea, desde la cual el director guía la orquesta; más todavía: ¡el trozo de carbón que la hermana de la soñante alcanza a esta! Deliberadamente no promoví análisis alguno de este sueño; con algún conocimiento de las relaciones personales de la soñante pude interpretar por mí mismo fragmentos de él. Sabía que ella había sentido gran simpatía por un músico cuya carrera malogró prematuramente una enfermedad mental. Me decidí por eso a tomar literalmente la torre de la platea. Resultó entonces que el hombre que ella habría deseado ver en el lugar de Hans Richter se destacaba como una torre {turmhoch} sobre los otros miembros de la orquesta. Esta torre {Turm} ha de caracterizarse como un producto mixto, construido por aposición: su estructura inferior figura la grandeza del hombre, y su enrejado en lo alto, donde este corre de un lado al otro como un prisionero o como un animal enjaulado (alusión al nombre del desdichado), figura su destino final. «Narrenturm» sería quizá la palabra en que ambos pensamientos podrían coincidir.
Una vez descubierto así el modo de figuración del sueño, se pudo tratar de resolver con la misma clave el segundo absurdo aparente: el carbón que su hermana alcanzaba a la soñante. «Carbón» tenía que significar «amor secreto»:

«Ningún fuego ni carbón pueden dar calor tan fuerte como da el amor secreto, del que nadie sabe nada». (ver nota)

La soñante y su amiga habían permanecido sentadas (sitzen geblieben, solteras}; la hermana más joven de aquella, aún casadera, le alcanza el carbón porque «no sabía que eso se prolongaría tanto». ¿Qué era lo que se prolongaría tanto? El sueño no lo dice; en un cuento, completaríamos: «la función de ópera»; en el sueño tenemos el derecho de considerar la frase por sí misma, declararla multívoca y agregar: «hasta encontrar marido». La interpretación «amor secreto» está apoyada también por la mención del primo, que está sentado con su mujer en la platea, y por el amorío desembozado que le endilgan a ella. Las oposiciones entre el amor secreto y el desembozado, y entre el fuego de la soñante y el frío de la joven desposada, presiden el sueño. Por lo demás, aquí como allí hay un «encumbrado» {«Hochstehender»} como palabra intermediaria entre el aristócrata y el músico en quien se cifraban tantas esperanzas. 
Con las elucidaciones precedentes hemos terminado por descubrir un tercer factor cuya contribución a la mudanza de los pensamientos oníricos en el contenido del sueño no ha de tasarse en poco: el miramiento por la figurabilidad dentro del peculiar material psíquico de que se sirve el sueño, y que consta entonces, las más de las veces, de imágenes visuales. Entre los diversos anudamientos colaterales de los pensamientos oníricos esenciales se prefieren los que permiten una figuración visual, y el trabajo del sueño no ahorra esfuerzos para refundir tal vez primero los pensamientos abstractos en otra forma lingüística, aun la más insólita, con tal que posibilite la figuración y así ponga fin al aprieto psicológico del pensamiento estrangulado. Pero este vaciamiento del contenido del pensamiento en otra forma puede ponerse simultáneamente al servicio del trabajo de condensación y crear vínculos con otro pensamiento, que sin ello no habrían existido. A su vez, este otro pensamiento puede haber alterado ya antes su expresión originaria con miras a la transacción {zum Zwecke des Entgegenkommens}.
Herbert Silberer (1909) indicó un buen camino para observar directamente esa trasposición de los pensamientos en imágenes que se produce durante la formación del sueño y, así, para estudiar aislado este aspecto particular del trabajo del sueño. En estado de fatiga y somnolencia, Silberer se imponía un esfuerzo intelectual; solía suceder entonces que el pensamiento se le escapaba y en su lugar aparecía una imagen en que podía individualizar el sustituto de aquel. Silberer llama a este sustituto, no del todo adecuadamente, «autosimbólico». Reproduzco aquí algunos ejemplos del trabajo de Silberer, que volveré a considerar en otro lugar a causa de ciertas propiedades que presentan los fenómenos por él observados:

«"Ejemplo nº 1: Pienso en que me dedico a mejorar, en un ensayo, un pasaje complicado.
»"Símbolo: Me veo cepillando un trozo de madera".
»"Ejemplo nº 5: Procuro hacerme presente el fin de ciertos estudios metafísicos que ahora me propongo realizar. Ese fin consiste, según entonces pienso, en alcanzar trabajosamente, a la busca de los fundamentos de la existencia, formas de conciencia o estratos existenciales cada vez más elevados.
»"Símbolo: Introduzco un largo cuchillo debajo de una tarta, como si quisiese tomar un trozo.
» "Interpretación: Mi movimiento con el cuchillo significa el 'alcanzar trabajosamente' en cuestión. ( ... ) He aquí la explicación del fundamento de ese símbolo: algunas veces me toca, estando a la mesa, dividir y servir una tarta, tarea para la cual utilizo un cuchillo grande y largo, lo cual exige alguna precaución. En particular, retirar limpiamente de la tarta los trozos ya cortados ofrece ciertas dificultades: el cuchillo debe deslizarse cuidadosamente debajo de los trozos correspondientes (el largo 'alcanzar trabajosamente' para llegar a los fundamentos). Pero la imagen contiene otros simbolismos. La tarta del símbolo era hojaldrada, y por lo tanto el cuchillo debía atravesar diferentes estratos para cortarla (los estratos de la conciencia y del pensamiento)".
»"Ejemplo nº 9: Pierdo el hilo de mis pensamientos. Me esfuerzo por reencontrarlo, pero debo reconocer que se me ha escapado por completo.
»"Símbolo: Un trozo de composición tipográfica cuyas últimas líneas faltan"».

En vista del papel que chistes verbales, citas, canciones y proverbios desempeñan en la vida intelectual de las personas cultas, es atinado esperar que disfraces de esa índole se empleen con mucha frecuencia para figurar los pensamientos oníricos. ¿Qué significan en el sueño, por ejemplo, vagones cargados cada uno con una legumbre distinta? Es lo opuesto en el deseo a «como, coles y nabos» {«Kraut und Rüben»}, dicho que significa «revoltijo» y, por tanto, «desorden». Me asombra que este sueño me haya sido comunicado una sola vez. (ver nota) Muy pocas son las materias para las cuales se ha puesto de relieve un simbolismo onírico universalmente válido, basado en alusiones y en sustituciones de palabras de todos conocidas. Por lo demás, el sueño comparte en buena medida este simbolismo con las psiconeurosis, las sagas y los usos populares. (ver nota)
En efecto, si lo consideramos más atentamente, es preciso reconocer que el trabajo del sueño en modo alguno rinde algo original con este tipo de sustitución. Para alcanzar sus fines (es decir, en este caso, la figurabilidad exenta de censura) no hace más que transitar las vías que ya encuentra facilitadas en el pensamiento inconciente; prefiere aquellas trasmudaciones del material reprimido que en calidad de chiste y alusión tienen permitido también devenir concientes, y de las cuales rebosan todas las fantasías de los neuróticos. Aquí se nos abre de pronto una vía para comprender las interpretaciones de sueños de Scherner, cuyo núcleo correcto he defendido en otro lugar. El fantaseo acerca del cuerpo propio en modo alguno es exclusivo del sueño ni característico de él. Mis análisis me han mostrado que es un fenómeno regular en el pensamiento inconciente de los neuróticos y que se remonta a una curiosidad sexual cuyo objeto son, para los niños y las niñas en crecimiento, los genitales del otro sexo, pero también los del propio. Como Scherner [1861] y Volkelt [1875] han destacado con todo acierto, el de la casa no es el único círculo de representaciones empleado para simbolizar lo relativo al cuerpo, y esto vale tanto para el sueño cuanto para el fantasear inconciente de la neurosis. Por cierto, conozco pacientes que han conservado el simbolismo arquitectónico para el cuerpo y para los genitales (el interés sexual, a buen seguro, va mucho más allá del ámbito de los genitales externos), y para quienes pilares y columnas significan piernas (como en el Cantar de los Cantares), toda puerta sugiere uno de los orificios del cuerpo («agujero»), y las cañerías, el aparato urinario. Pero con la misma facilidad se escoge el círculo de representaciones de la vida vegetal o el de la cocina para esconder imágenes sexuales; en el caso del primero, los usos lingüísticos tienen ya preparado, y con gran riqueza, el precipitado de comparaciones de la fantasía que provienen de los tiempos más remotos (la «viña» del Señor, las «semillas», el «JARDIN» de la doncella en el Cantar de los Cantares). Con alusiones en apariencia inocentes a las prácticas culinarias pueden pensarse y soñarse los detalles más desagradables o íntimos de la vida sexual, y los síntomas de la histeria no podrán ser interpretados si se olvida que lo cotidiano y lo trivial pueden procurar el mejor escondrijo a los símbolos sexuales. Sin duda tiene su buena cuota de sentido sexual el hecho de que ciertos niños neuróticos no quieran ver sangre ni carne fresca o sientan náuseas a la vista de huevos y fideos, o que el natural temor del hombre a las serpientes se intensifique enormemente en el neurótico; dondequiera que la neurosis se sirve de tales encubrimientos, recorre caminos ya transitados por toda la humanidad en épocas remotas de la cultura, y de cuya existencia dan hoy testimonio los giros del lenguaje, las supersticiones y las costumbres, a poco que se las desbroce ligeramente.
Inserto aquí el sueño sobre las flores, ya enunciado, de una de mis pacientes, destacando en él todo lo que ha de interpretarse sexualmente. Después de la interpretación, a la paciente dejó de gustarle su bello sueño.

a. Sueño - Prólogo
Ella va a la cocina y reprocha a las dos muchachas que no tengan preparado ese «bocadito»,-allí ve mucha vajilla vuelta hacia abajo para que se escurra, vajilla tosca amontonada. Añadido, posterior: Las dos muchachas van por agua y para eso tienen que entrar como en un río, que llega hasta la casa o hasta el patio.
b. Sueño principal
Desciende desde lo alto, por extraños barandales o troncos unidos en forma de grandes paneles de pavimento, compuestos por un tejido de pequeños cuadrados. Verdaderamente eso no está preparado para subir; ella tiene siempre cuidado de afirmar bien e! pie, y le alegra que su vestido con todo eso no se haya desgarrado en ninguna parte y pueda seguir tan decorosa en su marcha. Lleva en la mano una GRAN RAMA, en verdad como si fuese un árbol densamente poblado de ROJAS, FLORES, muy ramificado y extendido. Sugiere la idea de FLORES de cerezo, pero también parecen COMO CAMELIAS dobles, que por cierto no crecen en los árboles. Mientras desciende, ella tiene primero UNA, luego de pronto DOS, y después de nuevo UNA. Cuando va llegando abajo, las FLORES inferiores están ya bastante MARCHITAS. Una vez que ha descendido, ve a un criado de la casa que, diría ella, peina a un árbol parecido: con un MADERO mesa ESPESOS MECHONES que penden del árbol como musgo. Otros trabajadores han arrancado RAMAS semejantes de un JARDIN y las han arrojado a la CALLE, donde YACEN, de manera que MUCHAS PERSONAS LAS TOMAN {sich davon nehmen}. Pero ella pregunta si está bien TOMARSE TAMBIÉN UNA . En el JARDIN se encuentra un HOMBRE joven (una personalidad conocida de ella, un extranjero), a quien se dirige preguntándole por el modo en que podrían TRASPLANTARSE tales RAMAS A SU PROPIO JARDIN. El la abraza, frente a lo cual ella se revuelve y le pregunta cómo se te ocurre que se pueda abrazar así. El dice que no es ninguna falta, que está permitido. Declara estar dispuesto a ir con ella al OTRO JARDIN y mostrarle esa implantación, y le dice algo que ella no entiende bien: «Me faltan por lo demás tres METROS (luego dice ella: -metros-cuadrados") o tres brazas de terreno». Es como si él quisiera pedirle algo a cambio de su aquiescencia, como si tuviera el propósito de RESARCIRSE EN SU JARDIN o de BURLAR alguna ley, de obtener así una ventaja sin ocasionarle un perjuicio. La soñante no sabe si efectivamente le mostró algo.
Este sueño, en el que he destacado sus, elementos simbólicos, ha de llamarse «biográfico». Tales sueños son frecuentes en los psicoanálisis, pero probablemente sean raros fuera de ellos. (ver nota)
Desde luego poseo sobrado material de este tipo, pero comunicarlo me haría entrar demasiado profundamente en el estudio de las constelaciones de la neurosis. Todo él nos encamina a la misma conclusión: no hace falta suponer una particular actividad simbolizante del alma en el trabajo del sueño, sino que el sueño se sirve de tales simbolizaciones, que están contenidas ya listas en el pensamiento inconciente, debido a que ellas satisfacen mejor los requerimientos de la formación del sueño por su figurabilidad, y las más de las veces también por estar exentas de censura.


La figuración por símbolos en el sueño. Otros sueños típicos      (ver nota)


El análisis del sueño biográfico mencionado en último término vale como prueba de que ya desde el comienzo advertí el simbolismo en el sueño; pero sólo poco a poco lo aprecié en todo su alcance e importancia, cuando mi experiencia se amplió e influido por los trabajos de W. Stekel (1911a), acerca de los cuales corresponde decir aquí unas palabras.[1925.]
Este autor, que quizás ha traído al psicoanálisis tantos perjuicios como beneficios, aportó gran número de traducciones simbólicas insospechadas; al principio no hallaron crédito, pero después en su mayoría se corroboraron y debieron admitirse. No menoscaba el mérito de Stekel la observación de que la reserva escéptica de los otros no era gratuita. En efecto, muchos de los ejemplos en que apoyó sus interpretaciones no eran convincentes, y se sirvió de un método dudoso desde el punto de vista científico, Stekel descubrió sus interpretaciones simbólicas por vía de la intuición, en virtud de una facultad, que le es propia, de comprensión inmediata de los símbolos. Pero un arte así no puede presuponerse en todos los individuos, su modo de operar no admite ser sometido a la crítica y, por tanto, sus resultados no pueden exigir credibilidad. Es como si se quisiese fundar el diagnóstico de las enfermedades infecciosas en las impresiones olfativas que se obtienen en el lecho del enfermo, aunque sin duda hubo clínicos a quienes el sentido del olfato, atrofiado en la mayoría de los hombres, rindió mejores servicios que a otros, y que realmente estaban en condiciones de diagnosticar por el olfato un tifus abdominal. [1925.]
La experiencia cada vez más rica del psicoanálisis nos hapermitido descubrir pacientes que exhiben en grado asombroso esa comprensión directa del simbolismo onírico. Con frecuencia padecían de dementia praecox, por lo cual durante un tiempo se tendió a sospechar esa afección en todos los soñantes que poseían tal comprensión de los símbolos. (ver nota) Pero esto es incorrecto; se trata de una dote o característica personal sin significado patológico discernible. [1925]
Cuando uno se ha familiarizado con el generoso empleo que del simbolismo se hace en el sueño para la figuración del material sexual, por fuerza se preguntará si muchos de estos símbolos no aparecen, como los «estenogramas» de la taquigrafía, con un significado establecido de una vez para siempre; y uno se ve tentado de bosquejar un nuevo libro de los sueños siguiendo el método del descifrado. Frente a ello debe observarse: Este simbolismo no pertenece en propiedad al sueño, sino al representar inconciente, en especial del pueblo; y más completo que en el sueño lo hallaremos en el folklore, en los mitos, sagas y giros idiomáticos, en la sabiduría del refranero y en los chistes que circulan en un pueblo. [1909].
Por tanto, tendríamos que rebasar en mucho la tarea de la interpretación de los sueños si quisiéramos dar cuenta del significado del símbolo y elucidar los incontables problemas, aún irresueltos en buena parte, que atañen a su concepto. (ver nota) Aquí nos limitaremos a decir que la figuración mediante un símbolo pertenece a las figuraciones indirectas, pero que toda clase de indicios nos alertan para que no confundamos en indistinción la figuración simbólica con los otros modos de figuración indirecta, sin haber podido aprehender todavía con claridad conceptual esos rasgos diferenciales. En una serie de casos, lo común entre el símbolo y lo genuino que él remplaza es manifiesto, pero en otros casos está oculto; la elección del símbolo parece entonces enigmática. Precisamente estos casos tienen que poder echar luz sobre el sentido último de la referencia simbólica; indican que esta es de naturaleza genética. Lo que hoy está conectado por vía del símbolo, en tiempos primordiales con probabilidad estuvo unido por una identidad conceptual y lingüística. La referencia simbólica parece un resto y marca de una identidad antigua. Acerca de ello puede observarse que en muchos casos la comunidad en el símbolo se alcanza a través de la comunidad de lenguaje, como ya lo afirmó Schubert (1814). Algunos símbolos son tan viejos como la formación misma del lenguaje, pero otros son recreados de continuo en -el presente (p. ej., el aeróstato, el Zeppelin). [1914]
Ahora bien, el sueño se sirve de este simbolismo para la figuración disfrazada de sus pensamientos latentes. Y es el caso que entre los símbolos así usados hay muchos que por regla general o casi siempre quieren significar lo mismo. Sólo que no debe perderse de vista la peculiar plasticidad del material psíquico [en los sueños]. Con bastante frecuencia, un símbolo que aparece dentro del contenido onírico no debe interpretarse simbólicamente, sino en su sentido genuino; y en otros casos un soñante, partiendo de un material mnémico especial, puede crearse el derecho de usar como símbolo sexual todo cuanto le sirva para ello y que en general no recibe ese uso. (ver nota) Toda vez que para figurar un contenido se ofrezcan a su elección varios símbolos, se decidirá por el que muestre, además, vinculaciones temáticas con algún otro material de pensamientos, y por tanto admita una motivación individual junto a la vigente en sentido típico. [1909; la última oración es de 1914]
Si las más recientes investigaciones sobre el sueño, después de Scherner, han obligado a admitir el simbolismo onírico -aun H. Ellis confiesa que no puede caber duda de que nuestros sueños rebosan de simbolismo-, debe concederse, empero, que la existencia de los símbolos en el sueño no sólo facilita la tarea de interpretarlo; también la dificulta. La técnica de interpretación que se guía por las ocurrencias libres del soñante nos deja las más de las veces en la estacada respecto de los elementos simbólicos del contenido del sueño; y, por razones de crítica científica, está excluida la vuelta a la arbitrariedad del intérprete tal como se la practicó en la Antigüedad y como parece revivir en las interpretaciones silvestres de Stekel. Así, los elementos presentes en el contenido del sueño que han de aprehenderse como símbolos nos obligan a una técnica combinada que, por una parte, se apoya en las asociaciones del soñante y, por la otra, llena lo que falta con la comprensión de los símbolos por el intérprete. Recaudos críticos en la resolución de los símbolos y un estudio cuidadoso de estos en ejemplos de sueños particularmente trasparentes tienen que conjugarse para desvirtuar el reproche de arbitrariedad en la interpretación. Las incertidumbres todavía adheridas a nuestra actividad de intérpretes del sueño proceden en parte del carácter incompleto de nuestro conocimiento, que una progresiva profundización podrá salvar, y en parte dependen precisamente de ciertas propiedades de los símbolos oníricos. Estos a menudo son multívocos, de modo que, como en la escritura china, sólo el contexto posibilita la aprehensión correcta en cada caso. Con esta multivocidad de los símbolos se enlaza también la capacidad del sueño para admitir sobreinterpretaciones, para figurar en un solo contenido diferentes formaciones de pensamiento y mociones de deseo, a menudo de naturaleza muy dispar. [1914]
Tras estas restricciones y advertencias anoto: El emperador y la emperatriz (el rey y la reina) figuran de hecho, la mayoría de las veces, a los padres del soñante; él mismo es el príncipe o la princesa. [1909.] Pero esa alta autoridad que se atribuye al emperador se otorga también a grandes hombres, y por eso en muchos sueños aparece Goethe, por ejemplo, como símbolo del padre (Hitschmann [1913c]). [1919] - Todos los objetos alargados, bastones, troncos de árbol, paraguas ( ¡por la erección que semeja el abrirlo! quieren ser los subrogados del miembro masculino [1909 como también todas las armas largas y puntudas: cuchillos, puñales, picas. [1911] Un símbolo de lo mismo, no bien comprensible, es la lima de uñas ( ¿por el restregar y frotar? ). [1909]  Los estuches, cajitas, cofres, armarios, hornos, corresponden al vientre femenino [1909], como también cavidades, barcos y toda clase de recipientes. [1919] - Las habitaciones son en los sueños casi siempre mujeres, y si están descritas sus diversas entradas y salidas difícilmente nos engañemos en esta interpretación. [1909] (ver nota) En este contexto, es bien comprensible el interés en que la habitación esté «abierta» o «cerrada». No necesitamos, entonces, nombrar expresamente la llave que abre la habitación; este simbolismo de la llave y la cerradura fue empleado con la más atrevida salacidad por Uhland en la canción del «Conde Eberstein». [1911] - El de pasar por una serie de habitaciones es un sueño de burdel o de harén. [1909] Pero también es usado, como lo mostró H. Sachs [1914] con bellos ejemplos, para figurar el matrimonio (por oposición). [1914.] - Una relación interesante con la investigación sexual infantil se establece cuando se sueña con dos habitaciones que antes eran una, o el soñante ve partida en dos la habitación de una casa conocida, o a la inversa. En la infancia se creyó que los genitales femeninos (la cola) formaban un espacio único (la teoría infantil de la cloaca), y sólo después se supo que esta región del cuerpo comprendía dos cavidades y aberturas separadas. [1919] - Las escalas de cuerda, las escaleras de mano y las escaleras interiores de las casas, y el ir por ellas, y por cierto tanto en sentido ascendente cuanto descendente, son figuraciones simbólicas del acto sexual. - Paredes lisas por las que uno se encarama, fachadas de casas por las que se descuelga (a menudo con fuerte angustia), corresponden a cuerpos humanos erguidos, y probablemente repiten en el sueño el recuerdo del niño pequeño que se trepaba a sus padres y niñeras. Los muros «lisos» son hombres; a los «saledizos» de las casas no rara vez nos aferramos en la angustia del sueño. [1911] - Mesas, mesas preparadas para una comida y tablas son asimismo mujeres, sin duda por la oposición que aquí cancela las redondeces del cuerpo. [1909.1 «Madera» -parece ser en general, por sus referencias lingüísticas, un subrogado del material femenino (materia). El nombre de la isla Madeira significa eso en portugués, madera. [1911] Puesto que «mesa y cama» constituyen el matrimonio, a menudo en el sueño la primera sustituye a la segunda y, hasta donde es posible, el complejo de representaciones sexuales es traspuesto al complejo de la comida. [1909] - Entre los adminículos de la vestimenta, el sombrero de una mujer muy frecuentemente ha de interpretarse con certeza como los genitales, y por cierto del hombre. Lo mismo el manto {Mantel}, respecto del cual queda en suspenso la parte que le toca en este uso simbólico a la homofonía de la palabra {Mann, hombre}  En sueños de hombres encontramos muchas veces que la corbata simboliza el pene, y no sólo porque es algo alargado que pende y es característica del varón, sino también porque puede elegírsela a gusto, una libertad que la naturaleza nos niega en cuanto al original de este símbolo. (ver nota) Las personas que emplean las corbatas como símbolo en el sueño suelen usarlas en su vida con mucha magnificencia y poseer colecciones enteras de ellas. [1911] - Todas las maquinarias y aparatos complicados de los sueños son con gran probabilidad genitales -por regla general masculinos [1919]-, en cuya descripción el simbolismo onírico se muestra tan inagotable como el trabajo del chiste. [1909] Es igualmente incontrastable que todas las armas e instrumentos se usan como símbolos del miembro masculino: arados, martillos, fusiles, revólveres, dagas, sables, etc. [1919] - Asimismo, muchos paisajes de los sueños, en particular los que muestran puentes o los montes boscosos, se reconocen sin trabajo como descripción de los genitales. [1911] Marcinowski [1912a] ha reunido una serie de ejemplos en que los soñantes ilustraron sus sueños con dibujos destinados a figurar los paisajes y los lugares que aparecían en ellos. Tales dibujos hacen bien patente la diferencia entre significado manifiesto y significado latente en los sueños. Si considerados sin prevención parecen ofrecer planos, mapas, etc., ante una investigación más penetrante se revelan como figuraciones del cuerpo humano, de los genitales, etc., y sólo después que se los aprehende así permiten comprender el sueño. (Véanse sobre esto los trabajos de Pfister [1911-12 y 1913a] sobre criptografía y cuadros enigmáticos.) [1914] En el caso de las creaciones léxicas incomprensibles, estamos autorizados a pensar que pueden hallarse compuestas por ingredientes de significado sexual. [1911] - Los niños que aparecen en los sueños no suelen significar sino genitales, así como hombres y mujeres tienen la costumbre de designar mimosamente a sus genitales como su «pequeño». [1909] En el «hermanito», Stekel [1909, pág. 473] individualizó con acierto al pene. [1925] jugar con un niño pequeño, pegarle, etc., son muchas veces figuraciones oníricas del onanismo. [1911] - La calvicie, el cortarse el cabello, la caída de dientes y la decapitación son usados por el trabajo del sueño para figurar la castración. Debe verse una protección contra esta en el hecho de que uno de los símbolos usuales para el pene aparezca en el sueño en número doble o múltiple. (ver nota) También la aparición de la lagartija -un animal al que vuelve a crecerle la cola después que se la cortaron- tiene en el sueño el mismo significado.- Entre los animales que en la mitología y el folklore se emplean como símbolos genitales, muchos cumplen ese papel también en el sueño: el pez, el caracol, el gato, el ratón (por el vello pubiano), pero sobre todo el símbolo más significativo del miembro masculino, la serpiente. Anímales pequeños, la sabandija, son los subrogados de niños pequeños, por ejemplo del hermanito no deseado; ser atacado por la sabandija equivale muchas veces al embarazo. [1919] - Como símbolo reciente de los genitales masculinos debe citarse al aeróstato, que justifica ese empleo tanto por su relación con el vuelo cuanto, eventualmente, por su forma. [1911.]
Stekel ha indicado y ejemplificado una serie de otros símbolos, parte de los cuales no han sido todavía suficientemente verificados. [1911] Sus escritos, en particular su libro Die Sprache des Traumes (1911a), contienen la más rica colección de resoluciones de símbolos, colegidas muchas de ellas con agudeza y que el examen posterior corroboró; por ejemplo, los de la sección sobre el simbolismo de la muerte. La defectuosa cautela crítica de este autor y su tendencia a establecer generalizaciones a toda costa vuelven, empero, dudosas o inutilizables otras de sus interpretaciones, de modo que es aconsejable la prudencia al usar estos trabajos. Sólo destacaré, pues, algunos ejemplos. [1914.]
Derecha e izquierda, según Stekel, han de entenderse en el sueño en sentido ético. «El camino a diestra significa siempre el camino de lo justo; el camino a siniestra es el del crimen. Así, el izquierdo puede figurar homosexualidad, incesto, perversión, y el derecho, el matrimonio, el comercio con una prostituta, etc. Siempre juzgado ello desde el punto de vista moral individual del soñante» (Stekel, 1909, págs. 466 y sigs.). - En el sueño, los parientes en general desempeñan las más de las veces el papel de genitales. En este significado sólo he podido confirmar al hijo, la hija, la hermanita vale decir, hasta donde alcanza el campo de aplicación del «pequeño». En cambio, ejemplos seguros permiten reconocer a las hermanas como símbolos de los pechos, y a los hermanos como símbolos de los hemisferios mayores. - El no alcanzar un coche lo resuelve Stekel como lamentación por una diferencia de edad inalcanzable. - El equipaje con que se viaja -sostiene- es la carga de pecados que nos abruma (loc. cit.). [1911.] Pero precisamente el equipaje del viajero se revela a menudo como símbolo inequívoco de los genitales propios. [1914] - También a los números, de aparición frecuente en los sueños, atribuyó Stekel significados simbólicos fijos, aunque esta resolución no parece bastante certificada ni universalmente válida, si bien en casos individuales esa interpretación puede admitirse como probable la mayoría de las veces. [1911]. (ver nota) El número tres, por lo demás, es un símbolo bien comprobado de los genitales masculinos. Una de las generalizaciones que emprende Steke1 se refiere al doble significado de los símbolos de genitales. [1914] «¿Cuál sería el símbolo -se pregunta- que no pudiese emplearse (con tal que la fantasía lo permitiese en alguna medida) tanto en sentido masculino como femenino?» Stekel, 1911a. Sin duda, la frase entre paréntesis resta a esa afirmación buena parte de su certeza, pues la fantasía precisamente no siempre lo permite. Pero no juzgo superfluo hacer constar que, de acuerdo con mis experiencias, el enunciado universal de Stekel tiene que dejar sitio al reconocimiento de una mayor diversidad. Además de símbolos que con igual frecuencia hacen las veces de genitales masculinos y femeninos, hay otros que predominantemente o de manera casi exclusiva designan a uno de los sexos, y los hay también de los que no se conoce sino el significado sólo masculino o sólo femenino. Es que la fantasía no admite usar objetos alargados y rígidos, o armas, como símbolos de los genitales femeninos, ni cavidades (estuches, cajitas, polveras, etc.) como símbolos de los genitales masculinos. [1911]
Es cierto que la inclinación del sueño y de las fantasías inconcientes a usar bisexualmente los símbolos sexuales deja traslucir un rasgo arcaico; en efecto, en la niñez se ignora la diferencia de los genitales y se atribuye a ambos sexos genitales idénticos. [1911] También puede extraviarnos y llevarnos al supuesto erróneo de un símbolo bisexual el olvidar que en muchos sueños ocurre una inversión general de los sexos, de suerte que lo masculino es figurado por lo femenino y a la inversa. Tales sueños expresan, en una mujer por ejemplo, el deseo de ser un hombre. [1925]
Los genitales pueden estar subrogados en el sueño también por otras partes del cuerpo; el miembro masculino, por la mano o el pie; el orificio genital femenino, por la boca, la oreja y aun el ojo. Las secreciones -mucosidad, lágrimas, orina, esperma, etc.- pueden sustituirse unas a otras en el sueño. Esta tesis de Stekel [1911a, pág. 49], correcta en líneas generales, experimentó una justificada restricción crítica por unas observaciones de R. Reitler (1913b). En lo esencial, se trata de sustituir las secreciones plenas de significado, como el semen, por una indiferente. [1919]
Ojalá basten estas indicaciones, muy incompletas, para alentar a otros a un trabajo de recolección más cuidadoso. [1909] (ver nota) En mis Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-17 [M conferencia] ) intenté una exposición más detallada del simbolismo onírico. [1919]
Ahora insertaré algunos ejemplos del uso de tales símbolos en los sueños; habrán de mostrar cuán imposible es obtener la interpretación del sueño si uno se niega a aceptar el simbolismo onírico, y cuán incontrastablemente se impone este en muchos casos. [1911] Pero al mismo tiempo quisiera advertir de manera expresa que no debe exagerarse la importancia de los símbolos para la interpretación del sueño, como si el trabajo de traducir este hubiera de limitarse a la traducción de símbolos, desechando la técnica que recurre a las ocurrencias del soñante. Las dos técnicas de interpretación de los sueños deben complementarse; pero tanto en la práctica como en la teoría la precedencia sigue correspondiendo al procedimiento que describimos primero, el que atribuye la importancia decisiva a las proferencias del soñante, viniéndose a agregar como medio auxiliar la traducción de símbolos que acabamos de introducir. [1909.]


I. El sombrero como símbolo del hombre (de los genitales masculinos) [1911]

(Fragmento del sueño de una mujer joven, agorafóbica a consecuencia de una angustia de tentación.)(ver nota)
Es verano y voy de paseo por la calle; llevo un sombrero de paja de forma extraña: su copa es puntiaguda y sus alas penden hacia abajo (la descripción se hace aquí vacilante), y de tal modo que una cae más que la otra. Yo estoy alegre y con talante aplomado; en eso, paso junto a un grupo de oficiales jóvenes, y pienso entre mí: «Nada podéis hacerme vosotros todos».
Puesto que ella no puede producir ocurrencia alguna relativa al sombrero, le digo: «El sombrero es, sin duda, un genital masculino con su parte media enhiesta y las dos partes laterales colgantes. Que el sombrero haya de ser un hombre es quizás extraño, pero suele decirse: "Unter die Haube kommen" {"casarse"; literalmente, "ponerse la toca"}». Deliberadamente omito en la interpretación el detalle de la caída desigual de las partes laterales, aunque son tales detalles, en su determinación, los que han de señalar el camino a la interpretación. Prosigo: «Si usted tiene un marido con unos genitales tan magníficos, no necesita temer nada de los oficiales, vale decir, no necesita desear nada de ellos, pues en todo otro caso son esencialmente sus fantasías de tentación las que le hacen abstenerse de andar sin protección y sin compañía». Este último esclarecimiento de su angustia ya había podido brindárselo repetidas veces, apoyándome en otro material.
Ahora bien, es muy notable la conducta que adoptó la soñante tras esta interpretación. Se retractó de la descripción del sombrero y pretendió no haber dicho que las dos alas pendían hacia abajo, Yo estoy bien seguro de lo que he oído corno para dejarme confundir, y me atengo a eso. Ella guarda silencio un momento y después encuentra coraje para preguntar qué significa que su marido tenga un testículo más bajo que el otro y si es así en todos los hombres. Con esto quedaba esclarecido el curioso detalle del sombrero, y aceptada La interpretación en su conjunto.
Desde mucho antes que la paciente me comunicase este sueño yo conocía el símbolo del sombrero. Por otros casos, si bien menos trasparentes, creí lícito inferir que el sombrero puede hacer las veces también de los genitales femeninos. (ver nota)

II. El «pequeño» es el órgano genital.El «ser aplastado» es un símbolo del comercio sexual [1911]

(Otro sueño de la misma paciente agorafóbica.)
Su madre echa a su pequeña hija para que deba ir sola. (ver nota)
Entonces se va en tren con su madre y ve a la pequeña encaminarse derecho hacia las vías, donde será aplastada. Se oye el crujido de los huesos (experimenta un sentimiento de desasosiego, pero no una genuina consternación). Después avizora por la ventanilla del vagón por si . se ven atrás los pedazos. Entonces reprocha a su madre por haber hecho ir sola a la pequeña.
Análisis
No es fácil dar en este caso la interpretación completa del sueño. Proviene de un ciclo de sueños, y sólo en conexión con estos puede comprendérselo de manera acabada. Tampoco es fácil aislar satisfactoriamente el material requerido para demostrar el simbolismo. - La enferma descubre primero que el viaje en ferrocarril ha de interpretarse históricamente: es alusión a un viaje que hizo cuando dejó un establecimiento para enfermos mentales, de cuyo jefe, naturalmente, se había enamorado. Cuando la madre se la llevó de allí, el médico se presentó en la estación y le obsequió como despedida un ramo de flores; le resultó desagradable que la madre fuese testigo de ese homenaje. Aquí la madre aparece, entonces, como la que estorba sus afanes de amor, papel que de hecho esa rigurosa mujer había cumplido en la adolescencia de la paciente. - La ocurrencia siguiente es sobre la frase «avizora por si se ven atrás los pedazos». Dentro de la fachada del sueño, desde luego, habría que pensar en los pedazos de la hijita aplastada y despedazada. Pero la ocurrencia apunta en muy. diversa dirección. Recuerda que una vez vio en el baño a su padre desnudo; lo vio desde atrás. Da en hablar sobre las diferencias entre los sexos, y destaca que en el hombre los genitales pueden verse también desde atrás, no así en la mujer. En este contexto ella misma interpreta que la pequeña son los genitales, su pequeña (tiene una hijita de cuatro años) son sus propios genitales. Hace a la madre este reproche: le habría exigido que viviese como si no tuviera genitales; y redescubre este reproche en la frase introductoria del sueño: «La madre echa a su pequeña para que deba ir sola». En su fantasía, el ir sola por la calle significa no tener hombre, no tener relación sexual («coire» [palabra latina de la que deriva «coito»] - «ir juntos»), y no le gusta eso. Todo indica que la paciente sufrió realmente en la adolescencia por los celos que despertaba en su madre el ser ella la preferida del padre. (ver nota)
La interpretación más profunda de este sueño se obtiene por otro que tuvo la misma noche y en el que se identifica con su hermano. En realidad, de niña fue un poco machota, y muchas veces le dijeron que era lástima que no hubiese nacido varón. En esta identificación con el hermano se vuelve particularmente claro que «pequeño» significa los genitales. La madre lo (la) amenaza con la castración, que no puede ser sino el castigo por jugar con el miembro, y así la identificación revela que ella misma se masturbó de niña, cosa que hasta el momento su recuerdo sólo había acreditado respecto de su hermano. En esa época temprana, según lo indica este segundo sueño, ella tiene que haber adquirido un conocimiento de los genitales masculinos, que después perdió. Además, el segundo sueño alude a la teoría sexual infantil según la cual las niñas son varones castrados. Después que yo le expuse esa opinión infantil, ella la corrobora al punto recordando la anécdota en que el varoncito pregunta a la niñita: «¿Cortado?», a lo cual ella responde: «No, siempre fue así».
El echar a la pequeña, a los genitales, en el primer sueño, hace referencia también a la amenaza de castración. En definitiva, ella le reprocha a la madre el que no la haya hecho nacer varón.
Que el «ser aplastado» simboliza comercio sexual no sería evidente por este solo sueño, pero muchas otras fuentes lo certifican,

III. Figuración de los genitales Por edificios, escaleras, pozos [1911]

(Sueño de un joven inhibido por su complejo paterno.) (ver nota)
Va de paseo con su padre por un lugar que seguramente es el Prater pues se ve la ROTONDA, y en su parte frontal un pequeño pórtico donde hay fijado un GLOBO CAUTIVO que, empero, parece bastante FLOJO. Su padre le pregunta para qué está allí todo eso,- a él le asombra la pregunta, pero se lo explica. Después llegan a un PATIO donde hay tirada una gran PLANCHA DE HOJALATA. Su padre quiere SACARSE un gran pedazo, pero avizora en torno para cerciorarse de que nadie lo ve. El le dice que no necesita sino decírselo a! guardián, y después puede tomarse {sich nehmen} lo que quiera. Desde ese patio una ESCALERA desciende hasta un Pozo, cuyas paredes tienen un blando acolchado, como de un sillón de cuero. Al final de ese pozo hay una plataforma más extensa, y después empieza un nuevo POZO ...


Análisis
Este soñante pertenecía a un tipo de enfermos difíciles desde el punto de vista terapéutico: hasta cierto momento del análisis no ofrecen resistencia alguna, y a partir de allí se muestran casi inaccesibles. A este sueño lo interpretó casi por sí solo. Dijo: «La rotonda son mis genitales, y el globo cautivo antepuesto es mi pene, cuya flojedad me da motivo de queja». Así, ahondando la traducción, estamos autorizados a decir que la rotonda es el trasero -que el niño por regla general incluye en los genitales-, y el pórtico más pequeño, el escroto. En el sueño el padre le pregunta qué es todo eso, vale decir, le inquiere por el fin y la función de los genitales. Cabe invertir la situación, de modo que sea él quien pregunta. Puesto que en la realidad nunca preguntó eso a su padre, debemos aprehender el pensamiento onírico como deseo o quizá tomarlo como cláusula condicional: «Si yo hubiese pedido esclarecimiento sexual a mi padre ... ». Enseguida hallaremos, en otro pasaje, la continuación de este pensamiento.
El patio donde está tirada la hojalata no debe entenderse en primera instancia simbólicamente, sino que proviene del local del negocio de su padre. Por discreción he puesto «hojalata» en lugar del verdadero material con que trafica el padre, pero sin modificar en otra cosa la literalidad del sueño. El soñante ha ingresado en el negocio de su padre y le repugnaron muchísimo las prácticas más bien incorrectas con que se granjea parte de la ganancia. Por eso la continuación del pensamiento antes consignado sería: «(Si yo le hubiera preguntado), me habría engañado, como engaña a sus clientes». Acerca del sacarse, que sirve para figurar la deslealtad comercial, el propio soñante proporciona la segunda explicación: significa el onanismo. Esto no sólo es notorio para nosotros hace mucho, sino que concuerda muy bien con ello el que el secreto del onanismo se exprese por lo contrario (se puede hacerlo desembozadamente). Y todo hacía esperar que la actividad onanista habría de atribuirse al padre, como lo fue la pregunta en la primera escena del sueño. Al pozo lo interpreta sin vacilar, por referencia al blando acolchado de ¡as paredes, como vagina. Que el descender, como el subir en otros casos, quiere describir el coito dentro de la vagina, yo lo agrego por saberlo de otro lado.
El detalle de que al primer pozo le siga una plataforma más extensa y después un nuevo pozo, él mismo lo explica biográficamente. Copuló durante cierto período, luego dejó de hacerlo a consecuencia de ciertas inhibiciones y ahora espera recuperar eso con el auxilio del tratamiento. Pero hacia el final el sueño se hace menos nítido, y al experto tiene que parecerle verosímil que ya en la segunda escena se haga sentir la influencia de un tema diverso, al que apuntan el negocio del padre, su fraudulento proceder, así como la primera vagina figurada como pozo; ello deja suponer un vínculo con la madre. (ver nota)


IV. Simbolízación de los genitales masculinos por personasy de los femeninos por un paisaje [1911]

(Sueño de una mujer de pueblo cuyo marido es policía; comunicado por B. Dattner.) (ver nota)
« ... Alguien entró con violencia en la casa y yo clamé angustiosamente por un policía. Pero este, en compañía de dos pícaros, se ha ido a una iglesia a la que se sube por varios escalones; tras la iglesia había un monte y en lo alto un bosque espeso. El policía tenía casco, alzacuello y manto. Llevaba barba entera, oscura. Los dos pillastres que van amigados con el policía tenían delantales recogidos a la cintura, a modo de bolsas. Frente a la iglesia pasa un camino que lleva al monte. A los lados había pasto y había malezas que se iban espesando hasta hacerse en la cumbre del monte un bosque en serio».

V. Sueños de castración en niños [1919]

a. Un niño de tres años y cinco meses, a quien el regreso de su padre del frente le resulta visiblemente incómodo, despierta una mañana conturbado y excitado, y repite a cada instante esta pregunta: «¿Por qué papi llevaba su cabeza en un plato? Hoy a la noche papi llevaba su cabeza en un plato».
b. Un estudiante que hoy padece una grave neurosis obsesiva recuerda que en su sexto año de vida tuvo repetidas veces el siguiente sueño: Va al peluquero para hacerse cortar el cabello. Entonces viene a él una mujer grande, de expresión severa, y le corta la cabeza. A la mujer la reconoce como la madre.

VI. Sobre el simbolismo de la orina [1914]

Los dibujos que reproducimos provienen de una serie de imágenes que Ferenczi descubrió en una hoja humorística húngara (Fidibusz), cayendo en la cuenta de que podían usarse para ilustrar la teoría del sueño. Ya O. Rank empleó ese ejemplo, titulado «Sueño de la niñera francesa», en su trabajo sobre la estratificación de los símbolos en el sueño de despertar (1912d),
Sólo la última imagen, que presenta -el despertar de la niñera a consecuencia del berrinche que tiene el niño, nos muestra que las primeras siete figuran las fases de un sueño. La primera imagen individualiza el estímulo que después provocará el despertar. El niño ha exteriorizado una necesidad y pide la asistencia correspondiente. Pero el sueño permuta la situación: un paseo en lugar del dormitorio. En el segundo cuadro, el niño ya fue arrimado a un rincón de la acera, orina y ... ella puede seguir durmiendo. Pero el estímulo despertador prosigue, y aun se refuerza; el niño, viendo que no le hacen caso, berrea cada vez más fuerte. Y cuanta más insistencia pone en reclamar el despertar y la asistencia de su niñera, tanto más asegura el sueño a esta que todo está en orden y que no necesita despertarse. Así el sueño traspone el estímulo despertador a las dimensiones del símbolo. La corriente de agua que él niño produce al orinar se hace cada vez más potente. En el cuarto cuadro soporta ya a una canoa, después a una góndola, a un buque de vela y por último a un gran trasatlántico. El travieso artista ha representado ingeniosamente, en esas imágenes, la lucha entre la obstinada necesidad de dormir y el incansable estímulo despertador, soporta ya a una canoa, después a una góndola, a un buque de vela y por último a una gran transatlántico. El travieso artista ha representado ingeniosamente, en esas imágenes, la lucha entre la obstinada necesidad de dormir y el incansable estímulo despertador.


VII. Un sueño de escaleras [1911](Comunicado e interpretado por Otto Rank.)(ver nota)

«Al mismo colega de quien procede el sueño por estímulo dentario debo el siguiente sueño de polución, de parecida trasparencia que el mencionado:
»"Doy caza escaleras abajo a una niña pequeña que me ha hecho algo; quiero castigarla. Abajo, al final de la escalera, alguien (¿una persona adulta del sexo femenino?) me detiene a la niña; le echo mano, pero no sé si le he pegado, pues de repente me encuentro en mitad de la escalera, donde (como si fuera en el aire) copulo con la niña. En verdad no era un coito, sino que me limitaba a frotar mis genitales contra sus genitales externos, por lo cual yo se los vi con toda nitidez, como vi su cabeza echada hacia atrás y caída hacia un lado. Durante el acto sexual vi a la izquierda, encima de mí (también como en el aire), dos pequeños cuadros colgados, paisajes, que figuraban una casa en medio de un parque. En la parte inferior de uno, más pequeño, en vez de la firma del pintor estaba mi propio nombre, como sí me estuviera destinado a manera de regalo de cumpleaños. Después, delante de ambos cuadros pende todavía un cartelito donde se lee que hay también cuadros más baratos; (me veo entonces, con extrema falta de nitidez, como si yaciera en cama, arriba, sobre el descanso de la escalera) y me despierto por la sensación de mojadura, que proviene de la polución habida".


»Interpretación
La tarde del día del sueño el soñante había estado en la tienda de un librero donde, mientras esperaba, examinó algunos de los cuadros expuestos, que figuraban motivos parecidos a los cuadros del sueño. Un cuadrito pequeño le había gustado particularmente; se acercó a él y buscó la firma del pintor, pero le resultó por completo desconocido.
»Esa misma tarde, algo después, estando de tertulia había oído contar que una sirvienta de Bohemia se jactó de que su hijo, extramatrimonial, "fue hecho en la escalera". El soñante quiso saber los detalles de este episodio insólito, y se enteró de que la sirvienta había ido con su novio a casa de los padres de ella, donde no se les ofreció ocasión para el comercio sexual; y el hombre, excitado, consumó el coito en la escalera. Escuchado esto, nuestro soñante, aludiendo en broma a la maliciosa expresión que se usa para indicar la falsificación de un vino, manifestó que el hijo se había fabricado realmente "en la escalera de la bodega".
»Estos son los anudamientos diurnos, subrogados con bastante insistencia en el contenido del sueño; el soñante los reproduce sin vacilación. Pero con igual facilidad produce un viejo fragmento de recuerdo infantil que también encontró uso en el sueño. La escalera es la de aquella casa en que pasó la mayor parte de su infancia y donde, en particular, había alcanzado su primera familiaridad conciente con los problemas sexuales. En esa escalera solía jugar; entre otras cosas, se descolgaba patinando por ella a caballo sobre el pasamanos, y haciéndolo sentía excitación sexual. En el sueño se precipita escaleras abajo con esa misma enorme rapidez, tanta que, según él mismo indica nítidamente, ni roza los escalones sino, como suele decirse, "vuela" o patina por ellos. Sí se considera la vivencia infantil, -este comienzo del sueño parece figurar el momento de la excitación sexual. Ahora bien, en esa misma escalera y en la vivienda a que pertenecía, el soñante solía armar con los niñitos de la vecindad violentos juegos sexuales, en los que se satisfacía de manera parecida a la que muestra el sueño.
»Por las investigaciones de Freud sobre el simbolismo sexual (1910d) sabemos que las escaleras y -el subir por ellas casi siempre simbolizan en el sueño al coito. Entonces este sueño se vuelve trasparente. Su fuerza impulsora es, como ya lo muestra su efecto (la polución), de naturaleza puramente libidinosa. Dormido, en el soñante despierta la excitación sexual (figurada en el sueño por el precipitarse -patinar- escaleras abajo), cuyo sesgo sádico, sobre la base de aquellos juegos violentos, es indicado por la persecución y el sometimiento de la niña. La excitación libidinosa aumenta y empuja a la acción sexual (figurada en el sueño por la captura de la niña y su traslado hasta la mitad de la escalera). Hasta aquí, podría decirse, -el sueño fue de puro simbolismo sexual y por completo impenetrable para el intérprete poco ejercitado. Pero a la excitación libidinosa exacerbada no le basta con esa satisfacción simbólica que había velado por el descanso del durmiente. La excitación lleva al orgasmo, y así todo el simbolismo de la escalera se descubre como subrogación del coito. Freud destaca como uno de los fundamentos del uso sexual del símbolo de la escalera el carácter rítmico de ambas acciones, y este sueño parece particularmente probatorio de ello: según la indicación expresa del soñante, el ritmo de su acto sexual, el refregar para arriba y para! abajo, fue el elemento más nítidamente perfilado de todo el sueño.
»Todavía una observación sobre los dos cuadros, que, prescindiendo de su significado real, valen también en sentido simbólico como "Weibsbilder", según lo prueba ya el hecho de que se trata de un cuadro grande y de uno pequeño, así como en el contenido del sueño aparecen una mujer grande (adulta) y una niña pequeña. Que haya disponibles cuadros más baratos lleva al complejo de representaciones referidas a las prostitutas, como, por otra parte, el nombre del soñante escrito en el cuadro pequeño y el pensamiento de que le está destinado para su cumpleaños apuntan al complejo paterno (ser concebido en la escalera = engendrado en el coito). La escena final no nítida, donde el soñante se ve yacente en cama sobre el descanso de la escalera y siente la mojadura, parece remitirnos todavía más atrás del onanismo infantil, y presumiblemente tiene por modelo escenas placenteras de mojarse en la cama».

VIII. Un sueño de escaleras modificado [1911]

A uno de mis pacientes, un abstinente, enfermo grave, cuya fantasía [inconciente] está fijada a su madre y que repetidas veces ha soñado que sube escaleras en compañía de ella, le hago la observación de que una masturbación moderada probablemente lo perjudicaría menos que su forzada continencia. Esa insinuación le provocó el siguiente sueño:
Su maestro de piano le reprocha que descuide ejercitarse, y no ensaye los estudios de Moscheles ni el «Gradus ad Parnassum» de Clementi.
Sobre esto observa que Gradus es también una escalera, como el teclado mismo, puesto que contiene una escala.
Puede decirse que ningún círculo de representaciones es refractario a la figuración de hechos y deseos sexuales.

IX. Sentimiento de la realidad y figuración de la repetición [1919]

Un hombre que ahora tiene 35 años cuenta un sueño que recuerda bien, y dice que lo soñó a los cuatro años: El notario a quien su padre confió el testamento -el soñante perdió al padre a la edad de tres años- trajo dos grandes peras, y a él le dieron a comer una. La otra quedó en el alféizar de la ventana de la sala de estar. Despertó convencido de que era realidad lo soñado, y obstinadamente pidió a la madre la segunda pera, que sin duda seguiría sobre el alféizar. La madre se rió de ello.


Análisis
El notario era un señor mayor, jovial, que, según creía recordarlo, una vez trajo realmente peras. El alféizar era tal como lo vio en sueños. Otra cosa no se le ocurre sobre ello; quizá solamente que la madre poco antes le había contado un sueño. Dos pájaros se han posado sobre su cabeza y ella se pregunta cuándo se volarán; mas no lo hacen, sino que uno vuela hasta su boca y chupa de ella.
El fracaso de las ocurrencias del soñante nos da el derecho de intentar la interpretación por sustitución de símbolos. Las dos peras -«pommes ou poires»- son los pechos de la madre, que lo amamantó; el alféizar es la saliencia del busto, análogamente a los balcones en el sueño de casas. Su sentimiento de realidad al despertar tiene justificación, pues la madre lo amamantó de hecho, incluso bastante más tiempo que el usual, y acaso el pecho materno estaría aún disponible. (ver nota) El sueño ha de traducirse así: «Mamá, dame (enséñame) de nuevo el pecho del que antes bebí». El «antes» está figurado por el acto de comerse una pera, y el «de nuevo» por el pedido de la otra. La repetición temporal de un acto se convierte en el sueño, por lo general, en la multiplicación del número de un objeto.
Es muy llamativo, desde luego, que el simbolismo ya desempeñe un papel en el sueño de un niño de cuatro años, pero esta no es la excepción sino la regla. Puede decirse que el soñante dispone del simbolismo desde el comienzo.
Cuán temprano se sirve el hombre de la figuración simbólica, aun fuera de la vida onírica, puede enseñárnoslo el siguiente recuerdo, no influido, de una dama que ahora tiene 27 años: Tiene entre tres y cuatro años. La niñera los lleva al retrete a ella, a su hermanito' once meses menor y a una prima cuya edad es intermedia entre ambos, para que hagan allí sus pequeños menesteres antes de salir de paseo. Siendo la mayor, ella se sienta en el inodoro, y los otros dos lo 1,acen en bacinillas. Ella pregunta a la prima: «¿Tienes tú también Un MONEDERO? Walter tiene una SALCHICHITA, YO tengo un monedero». Respuesta de la prima: «Sí, yo también tengo un portamonedas». La niñera los oyó riendo y contó la conversación a la mamá, quien reaccionó con una recia reprimenda.

Intercalemos ahora un sueño (registrado en un artículo de Alfred Robitsek, 1912) cuyo bello simbolismo permitió una interpretación con escasa ayuda de la soñante.

X. «Sobre la cuestión del simbolismo en los sueños de personas sanas» [1914]

«Una objeción que suelen presentar los oponentes del psicoanálisis -últimamente también Havelock Ellis (1911a, pág. 168)- es que el simbolismo onírico es quizás un producto de la psique neurótica, pero en modo alguno rige para las personas normales. Ahora bien, si la investigación psicoanalítica no establece entre la vida anímica normal y la neurótica diferencias de principio, sino sólo cuantitativas, el análisis de los sueños, donde tanto en los sanos cuanto en los enfermos operan de igual modo los complejos reprimidos, muestra la plena identidad de mecanismos como el del simbolismo. Y aun los sueños despreocupados de personas sanas suelen contener un simbolismo mucho más simple, trasparente y característico que los de personas neuróticas, en quienes el mayor rigor con que opera la censura y la más acusada desfiguración onírica resultante suelen traer por consecuencia un simbolismo torturado, oscuro y difícil de interpretar. El sueño que a continuación comunico sirve para ilustrar este hecho. Proviene de una muchacha no neurótica, de naturaleza más bien mojigata y reservada; en el curso del diálogo supe que -está comprometida, pero han surgido obstáculos capaces de diferir el casamiento. Me cuenta espontáneamente el siguiente sueño:
»"I arrange the centre of a table with flowers for a birthday" ("Arreglo el centro de una mesa con flores para un cumpleaños"). Preguntada, me revela que en el sueño estuvo como si fuera en su hogar (que para ese tiempo no tenía) y experimentó un "sentimiento de dicha".
»El simbolismo "popular" me permite traducir por mí mismo el sueño. Es la expresión de sus deseos de novia: la mesa con el centro floral la simboliza a ella y a sus genitales; figura como cumplidos sus deseos para lo venidero, pues ya le ocupa el pensamiento de que nacerá un niño; por tanto, las bodas se consumaron hace tiempo.
»Le hago notar que "the centre of a table" es una expresión insólita, y lo admite; desde luego, en este punto no puedo seguir indagándola directamente. Evito con cuidado sugerirle el significado de los símbolos, y sólo le pregunto por lo que se le ocurre sobre las partes singulares del sueño. En el curso del análisis, su reserva dejó sitio a un vivo interés por la interpretación y a una franqueza posibilitada por la seriedad del diálogo. Al preguntarle qué clase de flores eran, respondió primero: "expensive flowers, one has to pay for them" (flores caras, hay que pagar por ellas"), y después, que eran "lilies of the valley, violets and pinks or carnations" ("lirios del valle, violetas y claveles"). Conjeturé que la palabra "lirio" aparecía en este sueño en su significado popular de símbolo de la castidad; ella corrobora esto, pues para "lirio" se le ocurre "purity" ("pureza"), "Valley", el valle, es un frecuente símbolo de la mujer; así, el hecho accidental de que ambos símbolos se conjuguen en el nombre "lirios del valle" es aprovechado en el simbolismo onírico para destacar su preciosa virginidad -"expensive flowers, one has to pay for them"- y expresar la esperanza de que el hombre sepa apreciar su valor. La frase "expensive flowers, etc." tiene, como veremos, un significado diverso para cada uno de los tres símbolos florales.
»En cuanto al sentido oculto de "violets", en apariencia totalmente asexual, busqué explicármelo -con mucha osadía, me pareció- mediante una relación inconciente con el francés "vioI". Para mi sorpresa, la soñante asoció "violate", equivalente inglés de "violación". El sueño aprovecha la gran semejanza entre las palabras "vioIet" y "violate" (en la pronunciación inglesa apenas se distinguen por una diferencia de acentuación en la última sílaba) para expresar "por la flor" el pensamiento de la violencia de la desfloración (también esta palabra se sirve del simbolismo floral) y aun, quizás, un rasgo masoquista de la muchacha. He ahí un bello ejemplo de los puentes verbales por donde atraviesan los caminos que llevan a lo inconciente. El "one has to pay for them" significa aquí la vida, con que ella ha de pagar el hacerse mujer y madre.
»Con respecto a "pinks", que ella después llamó "carnations", se me ocurre la relación de esta palabra con "carnal". Pero la ocurrencia de ella es "colour" ("color"). Agrega que "carnations" son las flores que su prometido le obsequió "con frecuencia y en gran cantidad". Al final del día confiesa de pronto, espontáneamente, que no me ha dicho la verdad; no se le había ocurrido "colour", sino "incarnation" ( "encarnación"), la palabra que yo había esperado; por lo demás, tampoco "colour" anda descaminado como ocurrencia: lo determina el significado de "carnation" ("color carne"), y, por tanto, el mismo complejo. Esa falta de veracidad muestra que la resistencia era máxima allí, lo cual responde a la circunstancia de que el simbolismo es aquí en extremo trasparente y la lucha entre libido y represión alcanzó su mayor reciedumbre en torno de este tema fálico. La observación de que tales flores le habían sido obsequiadas con frecuencia por su prometido es, junto al doble significado de "carnation", otro indicio del sentido fálico que cobran en el sueño. La ocasión diurna del obsequio floral es aprovechada para expresar el pensamiento del obsequio sexual y la retribución de este: ella obsequia su virginidad y espera a cambio una rica vida amorosa. También aquí el "expensive flowers, one has to pay for them" pudo cobrar quizás un significado (sin duda concreto, financiero). Por consiguiente, el simbolismo floral del sueño contiene el símbolo de la virginidad femenina, el símbolo masculino y la referencia a una desfloración violenta. Cabe apuntar que en el simbolismo sexual de las flores, por lo demás harto difundido, los órganos sexuales humanos se simbolizan mediante flores, órganos sexuales de las plantas; probablemente el regalarse flores los amantes tenga este significado inconciente.
»El cumpleaños {birthday, día del nacimiento} que ella prepara en sueños significa sin duda el nacimiento de un niño. Ella se identifica con el novio y lo figura como preparándola para un nacimiento, vale decir, poseyéndola sexualmente. El pensamiento latente podría formularse así: "Si yo fuese él, no esperaría, sino que desfloraría a la novia sin su licencia, usando de la violencia"; a ello apunta, sin duda, el "violate". Así se expresa también el componente libidinal sádico.
»En un estrato más profundo del sueño, el "I arrange, etc." quizá tenga un significado autoerótico, y por ende infantil.
»También muestra ella un conocimiento posible sólo en el sueño, de las deficiencias de su cuerpo; se ve lisa como tina tabla; y ello realza tanto más lo precioso del "centre" (en otra ocasión lo llama "a centre-piece of flowers" su virginidad. La posición horizontal de la mesa, asimismo, podría aportar un elemento al símbolo. - Es digna de notarse la concentración del sueño: nada sobra, cada palabra es un símbolo.
»Después aporta un suplemento al sueño: "I decorate the flowers with green crinkled paper" ("Adorno las flores con papel crespo verde"). Agrega que es "fancy paper" ("papel de fantasía"), con el que suelen revestirse las macetas. Sigue diciendo: "to hide untidy things, whatever was to be seen, which was not pretty lo the eye; there is a gap, a littIe space in the flowers". Es decir: "para ocultar cosas impuras que no son lindas de mirar; un hueco, un pequeño espacio entre las flores". "The paper looks like velvet or moss" ("El papel parece terciopelo o musgo"). Con "decorate" asocia "decorum" {"decoro" como yo había esperado. El color verde, dice, es dominante; asocia con ello "hope" ("esperanza"), una nueva alusión a la gravidez. - En esta parte del sueño no gobierna la identificación con el hombre, sino que se abren paso unos pensamientos de pudor y franqueza. Se embellece para él, se confiesa defectos físicos de los que se avergüenza y que procura corregir. La ocurrencia del terciopelo o musgo es claro indicio de que se trata del crines pubis.
»El sueño es una expresión de pensamientos que difícilmente conozca la muchacha en su pensar despierto, pensamientos que versan sobre el amor sensual y sus órganos; ella es "preparada para un nacimiento", vale decir, la poseen sexualmente; se expresan el temor a la desfloración y quizá también el sufrimiento teñido de placer; confiesa sus fallas corporales y las compensa con creces exagerando el valor de su virginidad. Su pudor descarga de culpas a la sensualidad que se insinúa en ella: su meta es el hijo. También consideraciones materiales, ajenas a los amantes, encuentran su expresión. El afecto de este sueño simple -el sentimiento de dicha- indica que en él hallaron satisfacción fuertes complejos afectivos».
Con acierto Ferenczi ( 1917) ha llamado la atención sobre la facilidad con que precisamente los «sueños de personas desprevenidas» dejan traslucir el sentido de los símbolos y el significado de los sueños.
Intercalo aquí el sueño que sigue, proveniente de una personalidad histórica de nuestro tiempo, porque en él un objeto de suyo apropiado para subrogar el miembro masculino es caracterizado de la manera más nítida, mediante una precisión que se le agrega, como símbolo fálico. El «alargamiento interminable» de una fusta difícilmente pueda significar otra cosa que la erección. Además, este sueño proporciona un bello ejemplo del modo en que con un material sexual infantil pueden llegar a figurarse pensamientos serios y ajenos a lo sexual.

XI. Un sueño de Bismarck- [1919](ver nota)

«En sus Gedanken und Erinnerungen {Pensamientos y recuerdos} Bismarck cita una carta que escribió el 18 de diciembre de 1881 al emperador Guillermo 1. Ella contiene el siguiente pasaje: "La comunicación de Vuestra Majestad me anima a relatarle un sueño que tuve a comienzos de 1863, en los días más difíciles del conflicto, cuando el ojo humano no podía divisar salida alguna transitable. Tuve entonces un sueño que enseguida conté por la mañana a mi mujer y a otros testigos; iba caballero por una angosta senda de los Alpes, a la derecha el abismo, la roca a la izquierda; la senda se estrechó más, tanto que el caballo se empacó, y la falta de espacio hacía imposible volver riendas o desmontar; empuñando mi fusta en la mano izquierda, di con ella un golpe contra la lisa pared de la roca, e invoqué a Dios; la fusta se alargó interminablemente, la pared rocosa se derrumbó como el decorado de un teatro y dejó al descubierto un ancho camino con un panorama de colinas y bosques como los de Bohemia; tropas prusianas agitaban banderas y yo, todavía en sueños, cavilaba sobre el modo más rápido de comunicárselo a Vuestra Majestad. Este sueño se cumplió, y yo desperté de él contento y reconfortado. . . ".
»La acción del sueño se descompone en dos secciones: en la primera parte el soñante se ve en un aprieto del que es salvado de manera milagrosa en la segunda. La difícil situación en que se encuentran en el sueño caballo y jinete es una figuración fácilmente reconocible de la situación crítica del estadista, que él, al atardecer de la víspera, bien pudo sentir con particular amargura reflexionando sobre los problemas de su política. Con el mismo giro que a manera de símil llegó a la figuración {en el sueño}, describe Bismarck en el citado pasaje de su carta lo desesperante de su posición de entonces; es prueba de que ese giro {"salida transitable} le acudía habitualmente. Además, estamos frente a un bello ejemplo del "fenómeno funcional" de Silberer. Lo que pasaba por el espíritu del soñante, quien para cada solución que ensayaba en su pensamiento tropezaba con obstáculos insuperables y a pesar de ello no podía ni debía desentenderse de los problemas, es figurado muy apropiadamente por el jinete que no puede avanzar ni retroceder. El orgullo que le veda pensar en una dimisión o en la retirada halla expresión en el sueño con las palabras "imposible volver riendas o desmontar". En su calidad de hombre activo y siempre esforzado que se consagra al bien público, era para Bismarck natural compararse con un caballo, y así lo hizo en varias oportunidades; por -ejemplo, en su famosa sentencia: "Un buen caballo muere con la silla puesta". Así explicitadas, las palabras "el caballo se empacó" no significan sino que él, abrumado, siente la necesidad de extrañarse de las preocupaciones del presente o, dicho de otra manera, que está en tren de libertarse de los grillos del principio de realidad durmiéndose y soñando. El cumplimiento de deseo que después se expresa con tanta fuerza en la segunda parte es preludiado por las palabras "senda de los Alpes". Bien sabía Bismarck ya por entonces que sus próximas vacaciones las pasaría en los Alpes -en Gastein- el sueño, trasladándolo ahí, lo libra por tanto de un sólo golpe de todos esos fatigosos asuntos de Estado.
»En la segunda parte, los deseos del soñante se figuran doblemente -de manera no disfrazada y visible, pero también simbólica- como cumplidos. Simbólicamente, por la desaparición de la roca estorbosa, en cuyo lugar aparece un ancho camino -por ende, la salida buscada, y en la forma más cómoda; y sin disfraz, por la visión de las tropas prusianas que avanzan. No hace falta imaginar unos nexos místicos para explicar esta visión profética; se basta enteramente la doctrina freudiana del cumplimiento de deseo. Ya por ese tiempo Bismarck discernía la mejor salida para los conflictos internos de Prusia en una guerra victoriosa con Austria. Cuando ve tropas en Bohemia, vale decir, en tierra enemiga, con sus banderas desplegadas, el sueño no hace sino figurarle ese deseo como cumplido, según postula Freud. Lo único significativo en el plano individual es que el soñante de que aquí nos ocupamos no se satisfizo con el cumplimiento onírico, sino que supo conquistar también el real. Un detalle que tiene que llamar la atención a todo el que conozca la técnica interpretativa del psicoanálisis es la fusta, que se "alarga interminablemente". Fusta, bastón, lanza y cosas parecidas nos son bien familiares como símbolos fálicos; y si esta fusta posee encima la propiedad más llamativa del falo, la de dilatarse, no pueden subsistir dudas. La exageración del fenómeno por el "alargamiento interminable" parece apuntar a la sobreinvestidura infantil. (ver nota) El empuñar-la-fusta alude nítidamente a la masturbación, que desde luego no debe entenderse con respecto a la condición actual del soñante, sino a un placer infantil muy remoto. Harto valiosa es aquí la interpretación descubierta por el doctor Stekel [1909], según la cual la izquierda significa en el sueño la falta, lo prohibido, el pecado, lo cual convendría muy bien a un onanismo infantil que se practicó a pesar de su prohibición. Entre ese estrato infantil, más profundo, y el más superficial que se ocupa de los planes diurnos del estadista puede señalarse todavía un estrato intermedio que mantiene relación con los otros dos. Todo el hecho, la salvación milagrosa de un aprieto después de golpear la roca y de invocar el auxilio de Dios, se parece llamativamente a una escena bíblica, aquella en que Moisés, golpeando la roca, hizo brotar el agua para los sedientos hijos de Israel. Admitiremos sin vacilar que Bismarck, que provenía de un hogar protestante en el que la Biblia era reverenciada, conocía al dedillo ese pasaje. Y no le fue difícil a Bismarck, en aquella época de conflictos, compararse con Moisés, el guía de su pueblo, que quiere liberar a este pero recibe en pago la sedición, el odio y la ingratitud. Por esa vertiente el pasaje bíblico pudo apuntalarse en los deseos actuales. Por otro lado, contiene muchos detalles que se prestan bien a que los use la fantasía masturbadora. Contraviniendo el mandato de Dios, empuña Moisés el bastón y el Señor lo castiga por esa trasgresión anunciándole que morirá sin pisar la Tierra Prometida. La prohibición de empuñar el bastón de carácter inequívocamente fálico en el sueño, la producción de algo líquido después de golpear con él y la amenaza de muerte: he ahí, reunidos, los principales elementos de la masturbación infantil. Interesante es la elaboración que, por mediación del pasaje bíblico, ha soldado esas dos imágenes heterogéneas, la una proveniente de la psique del genial estadista y la otra de las mociones del alma infantil primitiva, consiguiendo eliminar de pasada todos los aspectos penosos. Que empuñar el bastón es un acto prohibido, levantisco, viene indicado apenas, simbólicamente, por ser la mano izquierda la que lo hace. En el contenido manifiesto del sueño, empero, se invoca a Dios, como para aventar por vía de ostentación cualquier sospecha de algo prohibido o furtivo. De los dos anuncios que hizo Dios a Moisés, que vería la Tierra Prometida mas no la pisaría, el primero se figura nítidamente como cumplido ("un panorama de colinas y bosques"), pero el segundo, penoso en extremo, ni se menciona. El agua probablemente se ofreció en sacrificio a la elaboración secundaria, que se empeñó con éxito en unificar esta escena con la anterior; en lugar de brotar agua, se desmorona la roca misma.
»Al final de una fantasía infantil de masturbación en la que aparece el tema de la prohibición, esperaríamos el deseo del niño de que las personas con autoridad que lo rodean no se enteren para nada de lo sucedido. En el sueño este deseo está sustituido por su contrario, el de anunciar enseguida al rey lo ocurrido. Pero esta inversión se acopla de manera singular y por completo inadvertida a la fantasía de victoria contenida en el estrato superficial de los pensamientos oníricos y en una parte del contenido manifiesto del sueño. Semejantes sueños de victoria y de conquista son a menudo la cobertura de un deseo de conquista erótica; detalles aislados de este sueño, como el hecho de que el que va penetrando tropiece con una resistencia, pero usando de su fusta que se alarga haga aparecer un ancho camino, quizás apunten a eso, pero no son suficientes para profundizar desde ellos en una dirección del deseo y del pensamiento bien precisa, que atravesase al sueño todo. Vemos aquí el caso ejemplar de una desfiguración onírica lograda acabadamente. Lo chocante se retrabajó de manera que en ninguna parte se saliera de la tela que se echó sobre él como cubierta protectora. La consecuencia fue que pudo evitarse cualquier desprendimiento de angustia. Es un caso ideal de cumplimiento de deseo que se alcanza sin infringir la censura, y por eso es comprensible que el soñante se despertara "contento y reconfortado" de un sueño así».

Concluyo con el

XII Sueño de un químico [1909]

Es el sueño de un joven que se esforzaba por abandonar sus hábitos onanistas en favor del comercio con la mujer.
INFORME PRELIMINAR: El día anterior al sueño explicó a un estudiante la reacción de Grignard, por la cual puede disolverse el magnesio, mediante la acción catalítica del yodo, en éter absolutamente puro. Dos días antes esa misma reacción había provocado una explosión en que un obrero se quemó la mano.

Sueño:
I) Debe fabricar bromuro de magnesio fenílico, ve el aparato con particular nitidez, pero él mismo se ha sustituido al magnesio. Ahora se encuentra en un estado extrañamente inestable; se dice una y otra vez: «Es lo correcto, esto anda, mis pies ya se disuelven {auflösen}, mis rodillas se ablandan». Después se palpa, tiene sensibilidad en los pies, y entretanto saca (no sabe cómo) sus piernas de la retorta, y se dice de nuevo: «Esto no puede ser. Y sin embargo, está bien hecho». Tras eso se despierta parcialmente y se repite a sí mismo el sueño porque quiere contármelo. Le causa directamente temor la solución {Auflösung} del sueño, y en toda esa duermevela está muy excitado y se repite sin parar: «Fenil, fenil».
II) Está con toda su familia en ... ing, debe llegar a las once y medía a la Schottentor donde se ha citado con cierta dama, pero sólo se despierta cerca de las once y media. Se dice: «Ahora es muy tarde; mientras llegas, serán las doce y medía». En el momento que sigue ve a toda la familia reunida a la mesa, con particular nitidez a la madre y a la mucama con la sopera. Se dice entonces: «Y bien, si ya comemos, no es hora de ir».

Análisis:
Está seguro de que ya el primer sueño tiene relación con la dama de su cita (soñó la noche anterior a la esperada cita). El estudiante a quien impartió enseñanza es un tipo particularmente repugnante; le dijo: «No es lo correcto», puesto que el magnesio aún estaba intacto, y el estudiante le respondió, como si nada le importase: «Y bueno, no es lo correcto». Ese estudiante tiene que ser él mismo -tan indiferente hacia su análisis como el otro hacia su síntesis- y, en cambio, el que aparece en el sueño como él mismo, el que realiza la operación, he de ser yo. ¡Cuán repugnante tiene que ser para mí su indiferencia hacia el resultado!
Por otra parte, él es eso mismo con que se hace el análisis (síntesis). Se trata del éxito de la cura. Las piernas del sueño le recuerdan una impresión de la tarde de ayer. En la academia de baile se encontró con una dama a quien quiso conquistar; la apretó contra sí tan fuerte que ella hubo de gritar una vez. Pero cuando dejó de oprimirle las piernas, sintió la fuerte contrapresión de ella hasta arriba de la rodilla, en los lugares señalados en el sueño. Dentro de esta situación, por tanto, el magnesio de la retorta es la mujer; por ahí andan las cosas, en definitiva. El es femenino hacia mí, como es viril hacia la mujer. Tal como andan las cosas con la dama, así andan con la cura. El palparse y las percepciones en sus rodillas apuntan al onanismo y se corresponden con su fatiga del día anterior, La cita se había convenido realmente para las once y media. Su deseo de quedarse dormido y de permanecer junto a los objetos sexuales hogareños (o sea, de quedarse con el onanismo) responde a su resistencia.
Acerca de la repetición de «fenil», informa: «Todos esos radicales en "il" siempre me gustaron mucho, son muy cómodos para usarlos: bencil, acetil, etc.». Ahora bien, esto nada explica, pero cuando yo le propongo el radical Schlemihl ríe mucho y me cuenta que durante el verano leyó un libro de Prévost, donde, en el capítulo «Les exclus de Famour» {Los excluidos del amor) se hablaba de los «Schlémiliés», con motivo de cuya descripción él se dijo: «Es mi caso». Es que habría sido cosa de pobre diablo el faltar a la cita.
Parece que el simbolismo sexual ha encontrado ya una corroboración experimental directa. En 1912, el doctor en filosofía K. Schrötter, por inspiración de H. Swoboda, produjo sueños en personas bajo hipnosis profunda; por sugestión les instiló un encargo que establecía buena parte del contenido del sueño. Cuando el encargo consistía en soñar con un comercio sexual normal o anormal, el sueño lo cumplía remplazando el material sexual por los símbolos ya familiares en la interpretación psicoanalítica de los sueños. Por ejemplo, tras la sugestión de que se soñase un comercio homosexual con una amiga, apareció esta en el sueño llevando en la mano una raída maleta de viaje de la cual pendía un cartelito; ahí se leían estas palabras: «Sólo para damas». Cabe presumir que la soñante ni había oído hablar del simbolismo onírico ni de la interpretación de los sueños, El desgraciado hecho de que el doctor Schrötter se suicidara poco después hace difícil justificar esta importante investigación. Apenas contamos, para sus experimentos sobre el sueño, con una comunicación provisional en Zentralblalt für Psychoanalyse (Schrötter, 1912). [1914]
Resultados parecidos publicó G. Roffenstein en 1923. Ahora bien, particular interés presentan los experimentos de Betiheim y Hartmann ( 1924), porque en ellos se dejó de lado la hipnosis. Estos autores contaron a enfermos que padecían el síndrome de Korsakoff historias de grosero contenido sexual, observando la desfiguración con que después reproducían lo contado. Quedó demostrado que los símbolos ya familiares en la interpretación de los sueños salían a la luz (montar escaleras, pinchar y tirar al blanco como símbolos del coito; cuchillos y cigarrillos como símbolos del pene). Atribuyen valor particular a la aparición del símbolo de la escalera porque, como observan con acierto, «una simbolización de esa índole sería inalcanzable para un deseo conciente de desfiguración». [1925]
Sólo ahora, tras haber apreciado el simbolismo en el sueño, podemos retomar el tratamiento de los sueños típicos, interrumpido en. Creo justificado clasificar a grandes líneas estos sueños en dos clases: los que realmente poseen siempre idéntico sentido, y los que a pesar de su contenido idéntico o parecido tienen que experimentar todavía las más variadas interpretaciones. Entre los sueños típicos de la primera clase, ya traté en profundidad el sueño de examen. [1909.]
Por su semejanza en cuanto a la impresión afectiva, los sueños en que no alcanzamos un tren merecen clasificarse junto con los de examen. Y su esclarecimiento justifica esa aproximación. Son sueños que nos consuelan de otra moción de angustia sentida mientras dormimos: la angustia ante la muerte. «Partir» es, para la muerte, uno de los símbolos más corrientes y que mejor pueden fundamentarse. El sueño nos dice entonces, consoladora mente: «Sosiégate, no morirás (no partirás) », como el sueño de examen nos tranquilizaba: «Nada temas, tampoco esta vez te ocurrirá nada». La dificultad que ofrece la comprensión de estos dos tipos de sueños se debe a que a la expresión del consuelo se anuda precisamente el sentimiento de angustia. [1911]. (ver nota)
El sentido de los «sueños por estímulo dentario» que hartas veces hube de analizar en mis pacientes se me escapó durante mucho tiempo porque, para mi sorpresa, regularmente oponían a la interpretación unas resistencias excesivas. Por último, abrumadoras pruebas establecieron fuera de toda duda que en los hombres la fuerza impulsora de estos sueños proviene de la concupiscencia onanista de la pubertad. Me propongo analizar dos de tales sueños, uno de los cuales es al mismo tiempo un «sueño de vuelo». Ambos provienen de la misma persona, un joven de marcada homosexualidad, pero que él inhibe en su vida.
Asiste a la representación de «Fidelio». Está en la platea junto a L., una personalidad que le es simpática y cuya amistad bien querría granjearse. De pronto se vuela de través por la platea hasta el final, y entonces se agarra la boca y se extrae dos dientes.
El mismo describe el vuelo como si fuera «lanzado» por el aire. Puesto que se trata de una representación de Fidelio, viene a cuento el verso:

«Wer ein boldes Weib errungen ... ».

Pero conseguir una mujer, aun la más dulce, no está entre los deseos del soñante. Otros dos versos armonizan mejor con ellos:

« Wem der grosse Wurf gelungen,Eines Freundes Freund zu sein ... ». (ver nota)

Ahora bien, el sueño contiene esta «grossen Wurl», esta gran suerte, pero no es sólo un cumplimiento de deseo. Tras él se oculta también una reflexión penosa (ya hartas veces sus requerimientos de amistad le hicieron desgraciado, fue «lanzado afuera» {«hinausgeworlen»} ) y el temor de que ese destino pueda repetirse con el joven junto al cual goza de la representación de Fidelio. Y ahora se acopla a ello la confesión, vergonzosa para el delicado soñante: en una ocasión, después que un amigo rompió con él, añorándolo se masturbó dos veces, una tras otra, presa de excitación sexual.
El otro sueño: Dos profesores universitarios conocidos de él lo tratan en mi remplazo. Uno hace algo con su miembro; siente angustia ante una operación. El otro le golpea la boca con una varilla de hierro, por lo que pierde uno o dos dientes. Está atado con cuatro bandas de seda.
El sentido sexual de este sueño es indudable. Las bandas de seda corresponden a una identificación con un homosexual que él conoce. El soñante, que nunca practicó el coito, y tampoco ha buscado en la realidad comercio sexual con hombres, se representa el comercio sexual según el modelo del onanismo de la pubertad con que estuvo familiarizado.
Opino que las frecuentes modificaciones del sueño típico de estímulo dentario (p. ej., que otra persona extrae un diente al soñante, y cosas parecidas) se vuelven comprensibles por esa misma explicación. (ver nota) Ahora bien, puede parecer enigmático que el «estímulo dentario» alcance este significado. Llamo la atención aquí sobre el traslado de abajo a arriba, tan común, y que está al servicio de la represión sexual; en virtud de él, en la histeria toda clase de sensaciones y de intenciones destinadas a jugarse en los genitales pueden realizarse al menos en otras partes del cuerpo que están libres de objeción. Un caso de traslado de esa índole se presenta también cuando en el simbolismo del pensamiento inconciente los genitales son sustituidos por el rostro. El uso lingüístico contribuye a ello, pues en las nalgas {Hinterbacken, mejillas de atrás} discierne el homólogo de las mejillas, y además de los labios que enmarcan la cavidad bucal conoce otros, los de la vulva. En incontables alusiones la nariz es equiparada al pene, y en un caso y otro la formación pilífera perfecciona la semejanza. Sólo un detalle escapa a toda comparación: los dientes; y precisamente esa superposición de concordancias y discordancias hace a los dientes aptos para los fines de la figuración bajo el acicate de la represión sexual.
Ahora bien, no quiero decir que la interpretación del sueño por estímulo dentario como sueño de onanismo, de cuya justificación no puedo dudar, se haya vuelto por entero trasparente. Yo consigno todo cuanto sé acerca de su explicación, y tengo que dejar un resto irresuelto. Pero debo apuntar también otro nexo, contenido en la expresión lingüística. En los países de habla alemana hay una designación grosera para el acto masturbatorio: «sich einen ausreissen» o «sich einen herunterreissen» {«sacarse una» o «quitarse una»}. No sé de dónde provienen estos giros ni conozco la figuración que está en su base, pero al primero de ellos convienen muy bien los «dientes».
La creencia popular interpreta los sueños de extracción o de caída de dientes como anuncio de la muerte de un familiar, pero el psicoanálisis no puede concederles ese significado sino, a lo sumo, en el sentido paródico antes señalado. En relación con ello intercalo aquí uno de los «sueños por estímulo dentario» que Otto Rank ha puesto a nuestra disposición. (ver nota)
«De un colega que desde hace algún tiempo ha empezado a interesarse vivamente por los problemas de la interpretación de los sueños he recibido el siguiente informe:
»"Hace poco soñé: Estoy en el consultorio del dentista, quien me excava una de las últimas muelas de la mandíbula inferior. Pero trabaja tanto que termina por inutilizármela. Entonces toma las pinzas y me la extrae con una facilidad tan grande que me maravilla. Me dice que no debe importarme, pues ese no es el diente que verdaderamente me trataba. Acto seguido lo pone sobre la mesa, donde el diente (ahora me parece un incisivo superior) se fragmenta en varias capas. Me levanto del sillón, me acerco con curiosidad y le hago, interesado, una pregunta médica. El odontólogo me explica, mientras separa los diversos fragmentos del diente llamativamente blanco y los aplasta (pulveriza) con un instrumento, que eso tiene que ver con la pubertad y que sólo antes de la pubertad los dientes se sacan con tanta facilidad; en las mujeres el momento decisivo para ello es el nacimiento de un hijo.
»-Reparo entonces (según creo, en duermevela) que ese sueño se acompañó de una polución, pero no puedo asignarla con seguridad a un lugar determinado del sueño; lo más probable, me parece, es que sobrevino cuando me extrajeron el diente.
»"Sigo soñando con algo que ya no puedo recordar, y concluye así: Abandonando en algún lugar (posiblemente en el guardarropas del consultorio odontológico) sombrero y saco con la esperanza de que me serán devueltos, y cubierto sólo con el sobretodo, me apresuro a alcanzar un tren que parte. A último momento logro saltar al vagón posterior, donde ya hay alguien. Pero ya no pude introducirme en el interior del vagón, sino que debí hacer el viaje en una posición incómoda, de la que intentaba liberarme hasta que por fin lo conseguí. Atravesábamos un gran túnel, y en eso en sentido contrario pasaron dos trenes como a través del nuestro, cual si este fuera el túnel. Miro dentro del vagón como desde fuera, por una ventanilla.
»"Como material para interpretar este sueño se presentan las siguientes vivencias y pensamientos del día anterior:
»"I.- Es verdad que desde hace poco tiempo estoy bajo tratamiento odontológico, y para la época del sueño tuve continuos dolores en esa muela de la mandíbula inferior que es excavada en él; también en la realidad el dentista trabajó allí más tiempo del que yo hubiera querido. La mañana del día del sueño hice una nueva visita al odontól9go a causa de los dolores, y él me sugirió que me hiciese extraer otro diente de la misma mandíbula (no el que estaba bajo tratamiento), del cual probablemente provenía el dolor. Era una 'Muela del juicio' que estaba cortando. Y en esa oportunidad, además, le hice una pregunta relativa a su conciencia médica.
»"Il.- La tarde del mismo día me vi obligado a mencionar mi dolor de muelas a una dama como disculpa de mi mal humor, con motivo de lo cual ella me contó que tenía miedo de hacerse extraer una raíz cuya corona se había desmoronado casi del todo. Creía que la extracción era particularmente dolorosa y peligrosa en el caso de los colmillos, aunque por otra parte una conocida le ha dicho que todo anda más fácil con los dientes de la mandíbula superior (y ella tiene su problema en uno de estos). Pero esta conocida le contó también que una vez, luego de anestesiarla, le extrajeron un diente equivocado, relato que no hizo sino multiplicar su horror ante esa operación necesaria. Me preguntó después si por colmillos {Augenzähnen} había que entender molares o caninos {Backen oder Eckzähne}, y qué se sabía sobre ellos.
Le hice notar el sesgo supersticioso de todas esas opiniones, aunque sin dejar de reconocer el núcleo de verdad que contienen muchas intuiciones populares. Sobre esto me dijo que conocía una creencia popular, muy antigua y difundida según creía: Cuando una embarazada tiene dolor de muelas, le nacerá un varoncito.
»"III.- Este refrán me interesó con referencia al significado típico de los sueños por estímulo dentario como sustitutos del onanismo, comunicado por Freud en La interpretación de los sueños. Es que esa sentencia popular [la mencionada por la dama] establece cierta relación entre los dientes y el genital masculino {Bub; Bube, varoncito}. Por eso al atardecer del mismo día leí los pasajes respectivos de La interpretación de los sueños y allí encontré, entre otras, las apuntaciones que a continuación reproduzco, y cuya influencia sobre mi sueño es tan fácil de reconocer como la de las dos vivencias antes mencionadas. Acerca de los sueños por estímulo dentario, escribe Freud que 'en los hombres la fuerza impulsora de estos sueños proviene de la concupiscencia onanista de la pubertad. Y después: 'Opino que las frecuentes modificaciones del sueño típico de estímulo dentario (p. ej., que otra persona extrae un diente al soñante, y cosas parecidas) se vuelven comprensibles por esa misma explicación. Ahora bien, puede parecer enigmático que el 'estímulo dentario' alcance este significado. Llamo la atención aquí sobre el traslado de abajo a arriba, tan común, y que está al servicio de la represión sexual; en virtud de él, en la histeria toda clase de sensaciones y de intenciones destinadas a jugarse en los genitales pueden realizarse al menos en otras partes del cuerpo que están libres de objeción'. Pero debo apuntar también otro nexo, contenido en la expresión lingüística. En los países de habla alemana hay una designación grosera para el acto masturbatorio: 'sich einen ausreissen' o 'sich einen herunterreissen' {'sacarse una' o 'quitarse una'}'. Ya de adolescente me era familiar esta expresión para designar el onanismo, y partiendo de aquí el intérprete de sueños ejercitado descubrirá sin dificultad el acceso al material infantil que pueda estar en la base de este sueño. Sólo he de consignar que la facilidad con que en el sueño se saca el diente que después de la extracción se muda en un incisivo superior me trae a la memoria un episodio de mi niñez, cuando yo mismo me extraje, con facilidad y sin dolor, un incisivo superior que tenía flojo. Este suceso, que todavía hoy recuerdo con nitidez en todos sus detalles, ocurrió en ese período temprano a que en mi caso se remontan los primeros ensayos concientes de onanismo (recuerdo encubridor).
»"La referencia de Freud a una comunicación de C. G. Jung según la cual los sueños por estímulo dentario tienen en las mujeres el significado de sueños de nacimiento, así como la creencia popular en el significado del dolor de muelas en las embarazadas, ocasionaron dentro del sueño la contraposición del significado femenino frente al masculino (pubertad). En relación con esto recuerdo un sueño anterior; poco después de terminar un tratamiento odontológico, soñé que se me caían justo las dos coronas de oro que acababan de implantarme y ello me causaba gran enojo, a causa del considerable gasto, del que aún no me había resarcido del todo. Ahora me resulta comprensible este sueño relacionándolo con una cierta vivencia: reconoce las ventajas materiales de la masturbación respecto del amor de objeto, que es en todas sus formas más perjudicial en lo económico (coronas de oro), y creo que lo dicho por aquella dama acerca del significado del dolor de muelas en las embarazadas evocó de nuevo en mí esta ilación de pensamientos".
»Hasta aquí la interpretación del colega, cabalmente esclarecedora y, según creo, inobjetable. Nada tengo que agregar, como no sea, quizá, una referencia al sentido probable de la segunda parte del sueño, que a través de los puentes léxicos Zahn-(ziehen-Zug; reissen-reisen) {diente-( extraer- tren; arrancar-partir) } figura, según todo parece indicarlo, el paso que el soñante consumó, en medio de dificultades, desde la masturbación hasta el comercio sexual (el túnel por el cual los trenes entran y salen en distintas direcciones), así como los peligros de este último (embarazo; sobretodo).
»En lo teórico, por otra parte, el caso me parece interesante en dos sentidos. En primer lugar, es probatorio del nexo descubierto por Freud, a saber, que en el sueño se produce la eyaculación junto con el acto de extracción de un diente. Y por cierto que debemos ver en la polución, cualquiera que sea la forma en que sobrevenga, una satisfacción masturbatoria que se lleva a cabo sin el auxilio de estimulaciones mecánicas. A ello se suma que en este caso la satisfacción polutoria no se consuma, como es lo habitual, con relación a un objeto aunque sólo sea imaginado, sino que sucede sin objeto y es, si se nos permite la expresión, puramente autoerótica; a lo sumo deja reconocer un leve sesgo homosexual (dentista).
»He aquí el segundo punto que creo merece ponerse de relieve: Resulta tentador objetar que es por completo superfluo empeñarse en ver validada aquí la concepción de Freud, puesto que las vivencias del día anterior se bastan por sí solas para hacernos comprensible el contenido del sueño. La visita al dentista, la conversación con la dama y la lectura de La interpretación de los sueños explicarían suficientemente que el durmiente, desasosegado también de noche por su dolor de muelas, produjese este sueño; y hasta puede argüirse que lo hizo para alejar de sí el dolor que le perturbaba el dormir (mediante la representación del alejamiento del diente dolorido, y dando tinte libidinal a la temida sensación de dolor). Ahora bien, por más concesiones que se hagan en este sentido, no puede defenderse con seriedad la tesis de que la lectura de los esclarecimientos de Freud estableció en el soñante el nexo entre extracción del diente y acto masturbatorio, o siquiera le confirió eficacia. Ello no habría podido ocurrir si el soñante, como él mismo lo confiesa (en su frase "sich einen ausreissen” no tuviera preformado ese nexo desde mucho antes. Más bien pudo haberlo reactualizado, aparte de la conversación con la dama, lo que después comunica: cuando leyó la interpretación de los sueños, razones por demás comprensibles hicieron que no quisiera dar entero crédito a este significado típico de los sueños por estímulo dentario, y se engendró en él el deseo de saber si dicho significado convenía a todos los sueños de ese tipo. Ahora bien, el sueño se lo confirmó, al menos para su persona, y así le mostró el porqué de sus obligadas dudas. Por tanto, también en este aspecto es el sueño el cumplimiento de un deseo, a saber, el de convencerse del alcance y la solidez de esta concepción de Freud».
Al segundo grupo de sueños típicos pertenecen aquellos en que volamos o flotamos en el aire, caemos, nadamos, etc. ¿Qué significan estos sueños? No se lo puede decir en general. Como habremos de enterarnos, en cada caso significan algo diverso, y sólo el material de sensaciones contenidas en ellos brota siempre de la misma fuente. [1909]
Por los datos que nos proporcionan los psicoanálisis es preciso inferir que también tales sueños repiten impresiones de la infancia: se relacionan con los juegos de movimiento, tan singularmente atractivos para los niños. No hay tío que no haya hecho volar a su sobrinito tomándolo con sus brazos extendidos y corriendo por la habitación, o jugado a que lo deja caer balanceándolo sobre las rodillas y estirando de pronto una pierna, o lanzándolo al aire y haciendo como si no fuese a sostenerlo. Los niños dan entonces gritos de alegría y no se cansan de pedir la repetición, en particular cuando va en ello algo de susto o de vértigo; andando el tiempo, se procuran en el sueño esa repetición, pero ahora faltan las manos que los sujetaban y por eso flotan o caen libremente, Conocida es la preferencia de todos los niños pequeños por esos juegos, como la hamaca y el subibaja; cuando después ven acrobacias en el circo, el recuerdo se renueva. En muchos varones el ataque histérico no consiste sino en reproducciones de tales acrobacias, que ejecutan con gran habilidad. No es raro que estos juegos de movimiento, en sí inocentes, despierten sensaciones sexuales. Para decirlo con una palabra usual entre nosotros, que abarca todos estos manejos: el «corretear» {«Hetzen»} de la infancia, que repiten {retoman} los sueños de volar, caer, tener vértigo, etc., es aquel cuyo sentimiento de placer se tuerce ahora simétricamente {verkehren} en angustia. Y toda madre sabe que el corretear de los niños con harta frecuencia termina en querellas y lágrimas. [1900]
Por eso tengo buenas razones para rechazar la explicación según la cual el estado de nuestra sensibilidad cutánea mientras dormimos, las sensaciones del movimiento pulmonar, etc., provocan los sueños de volar o caer. Veo que estas sensaciones mismas son reproducidas {reproduzieren} a partir del recuerdo a que el sueño se refiere, y por tanto son contenido de este y no sus fuentes. [1900]. (ver nota)
Ahora bien, este material de sensaciones de movimiento, que es de tipo uniforme y brota de idéntica fuente, se usa para la figuración de los más diversos pensamientos oníricos. Los sueños en que se vuela o se flota, teñidos casi siempre de placer, reclaman las más variadas interpretaciones: por completo especiales en algunas personas o idénticamente típicas en otras. Una de mis pacientes soñaba con mucha frecuencia que flotaba sobre la calle a cierta altura, sin rozar el suelo. Era muy menuda de cuerpo y la horrorizaba toda contaminación que el trato con seres humanos produce. Su sueño de flotamiento le cumplía ambos deseos, pues elevaba sus pies del suelo y le hacía remontar su cabeza a regiones superiores. En otras soñantes, el sueño de vuelo tenía el significado de este anhelo: «Ojalá yo fuera un pajarito»; otras se convertían en ángeles de noche, a falta de que las llamasen así de día. La proximidad asociativa del volar con la representación del pájaro nos permite comprender que en los hombres el sueño de vuelo tenga casi siempre un grosero significado sensual. Y no nos maravillará enterarnos de que este o aquel soñante se pone todas las veces muy orgulloso de su capacidad de volar. [1909]
El doctor Paul Federn, de Viena [trasladado después a Nueva York], ha expuesto la seductora conjetura de que buena parte de estos sueños de vuelo son sueños de erección, pues este extraordinario fenómeno, que ha ocupado sin cesar la fantasía humana, no puede menos que impresionar como una cancelación de la gravedad. (Cf. sobre esto los falos alados de los antiguos.) [1911]
Es notable que Mourly Vold, ese sobrio investigador experimental de los sueños que siente genuina repugnancia por toda interpretación, sostenga empero la interpretación erótica de los sueños de vuelo y de flotación. Dice que el erotismo es el «motivo más importante del sueño de flotación», y para ello arguye el fuerte sentimiento de vibración que lo acompaña y su frecuente conexión con erecciones o poluciones. [1914]
Los sueños de caída presentan más a menudo el carácter de angustia. Su interpretación no ofrece dificultad alguna en las mujeres, pues casi siempre ellas aceptan el uso simbólico de la caída como paráfrasis del ceder a una tentación erótica. Todavía no hemos agotado las fuentes infantiles del sueño de caída; casi todo niño se ha caído alguna vez, y entonces lo alzaron y acariciaron; cuando por la noche se caía de su camita, su madre o su niñera lo recogían en la cama de ellas. [1909]
Personas que suelen soñar con que nadan, surcan las olas con gran gusto, etc., casi siempre {en su infancia} se han mojado en la cama y ahora repiten en el sueño un placer al que aprendieron a renunciar hace ya mucho tiempo. Pronto veremos en alguno que otro ejemplo la figuración a que se prestan los sueños de natación. [1909]
La interpretación de los sueños sobre fuego da la razón a un mandato de la buena crianza: que los niños no jueguen con fuego, pues a la noche se mojarán en la cama. En efecto, tienen también por base la reminiscencia de la enuresis nocturna de los años infantiles. En mi «Fragmento de análisis de un caso de histeria» ofrecí el análisis y la síntesis completos de uno de esos sueños sobre fuego en conexión con el historial clínico de la soñante, y mostré las mociones adultas a cuya figuración se prestó ese material infantil. [1911]
Podríamos mencionar todavía toda una serie de sueños «típicos», si entendiésemos por tales aquellos en que idéntico contenido onírico manifiesto emerge con frecuencia en soñantes diversos. Por ejemplo: los sueños en que se anda por calles estrechas o por toda una serie de habitaciones, los sueños del ladrón nocturno, a quien también van dirigidas las medidas precautorias que adoptan los neuróticos antes de irse a dormir, los de persecución por animales salvajes (toros, caballos), o de amenaza con cuchillos, dagas, lanzas, etc. Los dos últimos son característicos del contenido manifiesto en sueños de personas que padecen de angustia. Muy provechosa sería una investigación que se ocupase especialmente de este material. En lugar de ello ofreceré dos observaciones, aunque no referidas exclusivamente a sueños típicos. [1909]
Cuanto más nos ocupemos de solucionar sueños, tanto mejor dispuestos estaremos a reconocer que los de adultos en su mayoría tratan de un material sexual y expresan deseos eróticos. Sólo puede formarse un juicio sobre ello el que realmente analiza sueños, es decir, penetra desde su contenido manifiesto hasta los pensamientos oníricos latentes; nunca el que se contenta con registrar el contenido manifiesto (como hace, por ejemplo, Nácke en sus trabajos sobre los sueños  sexuales). Consignemos también que este hecho no nos aporta nada sorprendente, pues está en plena armonía con los principios que establecimos para la explicación del sueño. Ninguna otra pulsión debió soportar desde la niñez tan grande sofocación como la pulsión sexual en sus innúmeros componentes (cf. mis Tres ensayos de teoría sexual, 1905d), y ninguna otra dejó tras sí tantos ni tan fuertes deseos inconcientes que ahora, en el estado del dormir, tienen el efecto de producir sueños. En la interpretación de estos últimos jamás debe olvidarse la importancia que poseen ciertos complejos sexuales, pero tampoco es lícito, desde luego, exagerarla hasta la exclusividad. [1909]
En muchos sueños, una interpretación cuidadosa podrá establecer que se los debe comprender como bisexuales, pues ofrecen una irrecusable sobreinterpretación: realizan también mociones homosexuales, vale decir, las opuestas a la función sexual normal de la persona que sueña. Pero que todos los sueños hayan de interpretarse bisexualmente ' como sostienen W. Stekel (1911a) y Adler (1910, etc.), paréceme una generalización a la vez indemostrable y poco verosímil, que yo no sustentaría. Y sobre todo yo no podría desechar la evidencia de que existen numerosos sueños que satisfacen necesidades que no son las eróticas (consideradas estas en el sentido más lato): los sueños de hambre y de sed, los sueños de comodidad, etc. También afirmaciones como «tras todo sueño se descubre la cercanía de la muerte» (Stekel [1911a], o la de que en todo sueño puede reconocerse un «avance de la línea femenina a la masculina» (Adler [1910], trasgreden, creo, la medida de lo permisible en la interpretación de los sueños. [1911]
La tesis según la cual todos los sueños exigen una interpretación sexual, eterno objeto de polémica en la bibliografía sobre este asunto, es ajena a La interpretación de los sueños. No se la encontrará en ninguna de las ediciones del libro, y está en palmaria contradicción con otras opiniones en él contenidas. [1919] 
Que los sueños llamativamente inocentes encarnan sin excepción crudos deseos eróticos, ya lo aseveramos en otro lugar y podríamos certificarlo con numerosos ejemplos nuevos. Pero también muchos sueños que parecen indiferentes, en los que en ningún sentido se notaría nada de particular, se reconducen tras el análisis a mociones de deseo indudablemente sexuales, a menudo de naturaleza inesperada. Por ejemplo, ¿quién sospecharía antes del trabajo de interpretación un deseo sexual en el siguiente sueño? El soñante cuenta: Entre dos suntuosos palacios, y un poco hacía atrás, hay una caseta cuyas puertas están cerradas. Mi mujer me guía por la calle el trecho que falta hasta llegar a ella, empuja las puertas y entonces me cuelo rápida y fácilmente en el interior de un patio que sube al sesgo. Quien tenga alguna práctica en la traducción de sueños recordará enseguida que el penetrar en espacios estrechos y el abrir puertas cerradas son parte del simbolismo sexual más socorrido, y con facilidad descubrirá en este sueño una figuración de un ensayo de coito desde atrás (entre las dos suntuosas nalgas del cuerpo femenino). El pasadizo estrecho que sube al sesgo es, desde luego, la vagina; en cuanto a la ayuda que se atribuye a la esposa del soñante, obliga a esta interpretación: en la realidad, sólo miramientos por su consorte le hicieron desistir de tal ensayo, y el soñante nos informa que el día del sueño entró a servir en su casa una mozuela que le apeteció y le dio la impresión de que no se mostraría demasiado renuente a una aproximación de esa naturaleza. La casita entre los dos palacios proviene de una reminiscencia de la Hradschin [Ciudadela] de Praga, y así alude a la misma muchacha, oriunda de esa ciudad. [1909]
Cuando insisto ante mis pacientes en la frecuencia del sueño edípico de comercio sexual con la madre propia, obtengo esta respuesta: «No puedo acordarme de un sueño semejante». Mas poco después emerge el recuerdo de otro sueño, irreconocible e indiferente, que en la persona en cuestión se repitió a menudo; y el análisis muestra que ese sueño tiene idéntico contenido, vale decir, es un sueño edípico. Puedo asegurar que entre los sueños de comercio sexual con la madre son muchísimo más frecuentes los disfrazados que los francos. [1909] (ver nota)
Existen sueños de paisajes o de lugares en que todavía soñando se tiene esta certidumbre: «Ya estuve ahí una vez». Ahora bien, este «déjà vu» tiene en el sueño un significado particular. Es que siempre ese lugar son los genitales de la madre; y en verdad, de ningún otro lugar puede afirmarse con tanta certidumbre «Ya estuve ahí una vez». [1909]
En una única ocasión me dejó perplejo un neurótico obsesivo con la comunicación de este sueño: Visita una casa en la que ya ha estado dos veces. Ahora bien, este paciente me había contado hacía largo tiempo un episodio de su sexto año de vida; cierta vez compartió el lecho de su madre y abusó de esa circunstancia para introducir el dedo en los genitales de la durmiente. [1914]

Una gran cantidad de sueños que suelen ser angustiantes y tener por contenido el pasar por espacios estrechos o la permanencia en el agua surgen de fantasías sobre la vida intrauterina, la estancia en el vientre de la madre y el acto del nacimiento. A continuación trascribo el sueño de un joven que en la fantasía aprovecha ya la circunstancia de estar dentro del útero para espiar un coito entre sus padres.
El se encuentra en un pozo profundo en el que hay una ventana como en el túnel de Semmering. Por esta ve primero un paisaje vacío, y entonces él desde dentro compone un cuadro que al punto aparece ahí y llena el vacío. El cuadro figura una tierra labrantía removida en profundidad por el instrumento, y el aire magnífico, la idea del trabajo empeñoso, los terrones de color negro azulino, hacen una bella impresión. Después se adelanta, ve un manual de pedagogía abierto ... y te asombra que en él se consagre tanta atención a los sentimientos sexuales (del niño), lo cual le hace pensar en mí.
Ahora, un bello sueño de agua de una paciente, que fue de particular utilidad para la cura: En su residencia veraniega junto al lago de. . ., se zambulle en el agua oscura, ahí donde la pálida luna se refleja en el agua.
Sueños de este tipo son sueños de nacimiento; obtenemos su interpretación invirtiendo el hecho comunicado en el sueño manifiesto, y entonces en lugar de zambullirse en el agua entendemos «salir del agua», vale decir, nacer. Y reconoceremos el lugar del cual se nació si reparamos en el sentido picaresco de <da lune» en francés. La pálida luna es entonces la blanca cola, de la cual el niño cree haber salido. Pero, ¿qué significa que la paciente engendre el deseo de «nacer» en su estancia veraniega? Inquiero a la soñante, quien sin vacilar me responde: «¿Acaso por la cura no soy como nacida de nuevo? ». Así el sueño se convierte en una invitación a proseguir el tratamiento en aquel lugar veraniego, es decir, a que la visite allí; y quizá contiene también una alusión en extremo pudorosa al deseo de ser ella misma madre. (ver nota)
De un trabajo de E. Jones [1910b] tomo otro sueño de nacimiento, junto con su interpretación: «Ella estaba a orillas del mar y vigilaba a un niño pequeño, que parecía ser el suyo, mientras él se adentraba en el agua. Y lo hizo tanto que el agua llegó a cubrirlo, de manera que no veía más que su cabeza, que emergía y se sumergía. La escena se mudó después al vestíbulo lleno de gente de un hotel. Su marido la abandona, y ella traba conversación con un extraño. La segunda mitad del sueño se reveló sin más en el análisis como figuración del acto de fugarse de su esposo y anudar relaciones íntimas con una tercera persona. La primera parte era manifiestamente una fantasía de nacimiento. Así en los sueños como en la mitología, el parto del niño desde el líquido amniótico suele figurarse por medio de una inversión, como ingreso del niño en el agua; entre muchos otros, los nacimientos de Adonis, de Osiris, de Moisés y de Baco ofrecen bien conocidos ejemplos de ello. El emerger y sumergirse la cabeza del niño en el agua recuerda enseguida a la paciente la sensación de los movimientos del feto, que ella experimentó durante su único embarazo. El pensamiento del niño que se adentra en el agua le evoca una ensoñación en que se vio a sí misma sacándolo del agua, después lo llevaba a un cuarto de niños, lo lavaba, lo vestía, y por último lo conducía a casa de ella.
»La segunda mitad del sueño figura, pues, pensamientos que atañen al acto de escapar, vinculado con la primera mitad de los pensamientos oníricos encubiertos; y la primera mitad del sueño corresponde al contenido latente de la segunda mitad, la fantasía de nacimiento. Además de la inversión antes mencionada, en cada una de las mitades del sueño se producen sendas inversiones. En la primera, el niño entra en el agua y su cabeza bailotea; en los pensamientos oníricos que están en la base, primero emergen los movimientos fetales y después el niño abandona el agua (una inversión doble). En la segunda mitad, su marido la abandona; en los pensamientos oníricos ' ella abandona a su marido». (Traducido {al alemán} por O. Rank.)
Otro sueño de nacimiento es el que cuenta Abraham [1909, págs. 22 y sigs.], de una joven señora que espera su primer parto. Desde un lugar del piso de la habitación, un canal subterráneo lleva directamente al agua (canal genital - líquido amniótico). Quita una trampa del piso, y al instante aparece una criatura cubierta por una piel pardusca, que se asemeja a una foca. Este ser se revela como el hermano menor de la soñante, hacia quien ella siempre mantuvo una actitud maternal. [1911]
Rank E [1912d] ha mostrado, para una serie de sueños, que los de nacimiento se sirven del mismo simbolismo que los de estímulo vesical. El estímulo erótico es figurado en aquellos como estímulo vesical; la estratificación del significado en estos sueños responde a un cambio de significado que el símbolo experimentó desde la niñez. [1914]
Aquí podemos retomar el tema que habíamos interrumpido acerca de la participación de los estímulos orgánicos perturbadores del dormir en la formación del sueño. Los sueños producidos bajo tales influjos no sólo nos exhiben abiertamente la tendencia al cumplimiento de un deseo y el carácter de la comodidad; hartas veces presentan, también, un simbolismo por entero trasparente: no es raro que provoque el despertar un estímulo cuya satisfacción bajo un disfraz simbólico ya se había intentado en vano en el sueño. Esto vale para los sueños de polución, así como para los desencadenados por presión vesical o intestinal. «El carácter peculiar de los sueños de polución no sólo nos permite desenmascarar directamente ciertos símbolos sexuales ya reconocidos como típicos, aunque todavía susciten ásperas controversias; también es apto para convencernos de que muchas situaciones oníricas en apariencia inocentes no son más que el preludio simbólico de una escena crudamente sexual que, no obstante, casi nunca alcanza figuración directa si no es en los sueños de polución, relativamente raros, mientras que con harta frecuencia se trueca en un sueño de angustia que de igual modo provoca el despertar». [Rank]
El simbolismo del sueño por estímulo vesical es de particular trasparencia y desde siempre se lo coligió. Ya Hipócrates sustentó la opinión de que el soñar con fontanas y manantiales significa una perturbación de la vejiga (H. Ellis [1911a, pág. 164]). Scherner [1861, pág. 189] estudió la diversidad del simbolismo por estímulo vesical, y aseveró asimismo que «un estímulo vesical de intensidad mayor siempre se vuelca en la estimulación de la esfera sexual y de sus productos simbólicos. ( . . . ) El sueño por estímulo vesical suele ser al mismo tiempo el representante del sueño sexual».
O. Rank, cuyas elucidaciones, contenidas en su trabajo acerca de la estratificación simbólica en el sueño de despertar [1912d], sigo aquí, logró prestar considerable verosimilitud a esta tesis: buen número de los «sueños por estímulo vesical» en verdad son causados por un estímulo sexual que busca satisfacerse primero por el camino de la regresión a la forma infantil del erotismo uretral. Particularmente instructivos son entonces los casos en que el estímulo vesical así producido hace que el soñante despierte y desagote su vejiga, a pesar de lo cual el sueño prosigue y exterioriza su necesidad en imágenes eróticas no disfrazadas. (ver nota)
De manera enteramente análoga, los sueños por estímulo intestinal descubren el simbolismo correspondiente, corroborando el nexo entre oro y mierda, vastamente documentado también en la psicología de los pueblos. «Así, el sueño de una mujer en la época en que estaba bajo tratamiento médico a causa de un trastorno intestinal: en las cercanías de una cabañita de madera, que se parece a los escusados aldeanos, alguien entierra un tesoro. Una segunda parte del sueno tiene este contenido: ella le limpia el trasero a su hijita, que se ha ensuciado». [Rank, 1912d]
A los sueños de nacimiento se enlazan los sueños de «rescate». Rescatar, en particular rescatar del agua, tiene el significado de parir si la soñante es mujer, pero este sentido se modifica si es hombre. (ver nota) [1911]
Los ladrones, los asaltantes nocturnos y los fantasmas que dan miedo antes de meterse en cama y que en ocasiones también asedian al durmiente provienen de una misma reminiscencia infantil. Son los visitantes nocturnos que despertaron al niño para sentarlo a la bacinilla a fin de que no mojase la cama, o que levantaron las cobijas para inspeccionar cuidadosamente qué hacía, dormido, con sus manos. Por los análisis de algunos de estos sueños de angustia hasta logré que se identificase a la persona del visitante nocturno. El ladrón era siempre el padre, y los fantasmas, con preferencia personas del sexo femenino que llevaban blancos camisones. [1909]


Ejemplos.Cuentas y dichos en el sueño.      (ver nota)


Antes de situar el cuarto de los factores que presiden la formación del sueño en el lugar que le corresponde, quiero referir algunos ejemplos de mi colección de sueños, que en parte elucidan la cooperación de los tres factores que ya conocemos y en parte pueden proporcionar pruebas para tesis consignadas de pasada, o explicitar consecuencias irrecusables de ellas. En mi anterior ex posición sobre el trabajo del sueño me fue muy difícil ejemplificar mis descubrimientos. Los ejemplos para cada uno de los enunciados sólo son probatorios en el contexto de la interpretación de un sueño; arrancados de él pierden su bondad, y una interpretación, por poco profunda que sea, enseguida se extiende tanto que nos hace perder los hilos del discurso a cuya ilustración debía servir. Si en lo que sigue enhebro en dispersión toda clase de cosas que sólo reciben coherencia por su vínculo con el texto de la sección precedente sírvame de disculpa el motivo técnico que he dicho. [ 1900.]
Primero, algunos ejemplos de modos de figuración onírica particularmente curiosos o inhabituales. Una dama sueña: Una mucama está sobre una escalera como para limpiar una ventana y tiene junto a sí a un chimpancé y a un gato gorila {Gorillakatze} (después corrige: gato de Ailgora {Angorakatze} ). Echa los animales encima de la soñante; el chimpancé se estrecha contra ella, y eso es muy asqueroso. Este sueño ha alcanzado su fin por un medio en extremo sencillo; en efecto, ha tomado al pie de la letra un giro idiomático, figurándolo según suenan sus palabras. «Mono», y los nombres de animales en general, son palabras insultantes {Schimpfwörter; Schimpanse: chimpancé}, y la situación onírica no quiere decir sino «cubrir de insultos» {«cubrir de chimpancés»}. Dentro de la misma serie vendrán enseguida otros ejemplos de este simple artificio usado por el trabajo onírico. [1900]
De manera por entero semejante procede otro sueño:
Una mujer con un niño cuyo cráneo está llamativamente malformado; acerca de ese niño oyó que quedó así por su posición en el cuerpo de la madre, Por compresión, dice el médico, podría darse al cráneo mejor forma, sólo que ello lesionaría el cerebro. Piensa que es un varón, y eso le perjudica menos. Este sueño contiene la figuración plástica del concepto abstracto «impresiones infantiles» que la soñante ha oído en las explicaciones de la cura. [1900]
Un camino algo diverso emprende el trabajo onírico en el ejemplo que sigue. El sueño contiene el recuerdo de una excursión al Hilmteich, cerca de Graz: Hace un tiempo horrible afuera; un hotel miserable, de las paredes gotea agua, las camas están húmedas. (El último fragmento del contenido no es en el sueño tan directo como yo lo expuse.) El sueño significa «superfluo» {«überflüssig»}. Lo abstracto que se encuentra en los pensamientos oníricos es primero forzado hasta hacerlo equívoco, quizá se lo remplazó por «überfliessend» {«rebosante»} o por «flüssig und überflüssig» {«fluencia y superfluencia»}, y después se lo figura por acumulación de impresiones de igual suerte. Agua afuera, agua dentro de las paredes, agua como humedad en las camas, todo fluido y «super»-fluo. [1900.]
Que a los fines de la figuración en el sueño la ortografía ceda con mucho a la pronunciación no ha de asombrarnos, pues la rima, por ejemplo, se toma libertades semejantes. En el sueño de una doncella, que Rank (1910a, pág. 482) comunica en detalle y analiza muy a fondo, se cuenta que ella va de paseo por los campos, donde corta hermosas espigas Wren} de cebada y de trigo. Un joven amigo viene en dirección a ella, y quiere evitar encontrarlo. El análisis muestra que se trata de un beso honroso {Kuss in Ehren}. Las Ähren, que no deben arrancarse sino segarse, sirven en este sueño como tales y en su condensación con Ehre {honor}, Ehrungen {homenajes}, para figurar toda una serie de otros pensamientos [latentes]. [1911]
En otros casos el lenguaje facilita mucho al sueño la figuración de sus pensamientos, pues dispone de toda una serie de palabras que originariamente se entendieron de manera figural y concreta y hoy se usan en sentido desvaído y abstracto. El sueño no tiene más que devolverles su pleno significado primitivo, o descender un peldaño en la evolución de su significado. Por ejemplo, alguien sueña que su hermano está dentro de una caja {Kasten}; en el trabajo de interpretación la caja se sustituye por un «armario» {«Schrank»; en sentido abstracto, también «barrera» o «restricción»}; ahora bien, el pensamiento onírico es que ese hermano -y no el soñante- debe «restringirse» {«sich einschränken»}. [1909]
Otro soñante escala un monte desde el cual tiene un panorama extraordinariamente amplio. Es que se identifica con un hermano que edita una revista {Rundschau; literalmente, «panorama», «mirar en torno»} que se ocupa de las relaciones con el Lejano Oriente. [1911]
En un sueño de Der Grüne Heínrich, un caballo brioso {übermütíg; también, «petulante»} se revuelca en la más hermosa avena: cada grano es «una almendra dulce, una pasa de uva y un centavo nuevo», todo «envuelto en seda roja y atado con un pedacito de cerda de chancho». El autor (o el soñante) nos da enseguida la interpretación de esta figuración onírica; en efecto, el caballo siente una agradable cosquilla, y por eso exclama: «Der Hafer sticht mich!», [1914]
Las viejas sagas nórdicas hacen (según Henzen [ 1890] un uso particularmente generoso de sueños con giros idiomáticos y chistes verbales; apenas hay en ellas un ejemplo de sueño sin doble sentido o sin juego de palabras. [1914]
Requeriría un trabajo especial reunir esos modos de figuración y ordenarlos de acuerdo con los principios que los presiden. [1909].  Muchas de estas figuraciones han de llamarse casi retruécanos. Se tiene la impresión de que nunca se habría acertado con ellas de no haber sabido comunicarlas el soñante [1911].

1.- Un hombre sueña que se le inquiere por un nombre, del que empero no puede acordarse. El mismo explica que ello quiere decir: «No se me ocurre ni en sueños». [1911]

2. Una paciente cuenta un sueño en que todas las personas actuantes eran particularmente grandes. «Quiere decir», acota, «que ha de referirse a un acontecimiento de mi primera infancia, pues desde luego fue entonces cuando todos los adultos me parecieron así, enormemente grandes». Su propia persona no intervenía en el contenido de este sueño. - El traslado a la infancia se expresa en otros sueños de diverso modo, a saber, traduciendo el tiempo al espacio. Vemos a las personas y escenas respectivas como en la lejanía, al final de un largo camino o como si se las mirase por unos prismáticos puestos al revés. [1911]

3. Un hombre que en la vigilia se inclinaba por modos de expresión demasiado abstractos e imprecisos, aunque estaba dotado de buen ingenio, sueña en cierto contexto que va a una estación a la que está entrando un tren. Pero entonces el andén es acercado al tren, que permanece quieto, una inversión absurda de lo que realmente ocurre. También aquí, este detalle no es sino el anunciador de que alguna otra cosa del contenido onírico debe invertirse. El análisis del mismo sueño lleva a recuerdos de libros de estampas donde había figurados unos hombres que andaban sobre las manos, cabeza abajo. [1911]

4. El mismo soñante nos informa de otro sueño, breve, que casi recuerda a la técnica de un acertijo. Su tío le da un beso en el automóvil. Apunta inmediatamente esta interpretación, que yo jamás habría hallado: Autoerotismo. Habría podido ser una broma hecha en la vigilia. (ver nota) [1911]

5. El soñante saca al descubierto (hervorz¡ehen} a una mujer por detrás de la cama. Significado: le da la preferencia {vorziehen} 10 [1914]

6, El soñante, como oficial de las Fuerzas Armadas, se sienta a una mesa enfrente del emperador. Se pone en oposición al padre. [1914.]

7. El soñante trata a otra persona por la fractura de un hueso {Knochenbruch}. El análisis revela a esa fractura como figuración de una ruptura matrimonial (Ehebruch; más exactamente, «adulterio»}, etc. (ver nota) [1914]

8. Las horas del día con mucha frecuencia hacen las veces, en el contenido del sueño, de las edades de la infancia. Así, en el caso de un soñante las cinco y cuarto de la mañana significaban la edad de cinco años y tres meses, el significativo momento en que le nació un hermanito. [1914]

9. Otra figuración de edades en el sueño: Una mujer anda con dos niñas pequeñas, cuya diferencia es de quince meses. La soñante no encuentra ninguna familia conocida a la que esto se le aplique. Ella misma interpreta que las dos niñas figuran a su propia persona y el sueño le dice que los dos acontecimientos traumáticos de su infancia estuvieron separados por ese tiempo (a los tres años y medio, y a los cuatro años y nueve meses). [1914]

10. No es asombroso que personas bajo tratamiento psicoanalítico sueñen a menudo con él, y se vean llevadas a expresar en el sueño todos los pensamientos y expectativas que él suscita. La imagen escogida para la cura es por regla general la de un viaje, la mayoría de las veces en automóvil, en su calidad de vehículo novedoso y complejo; y entonces la referencia a la velocidad del automóvil deja campo libre a la ironía del paciente. Si es el «inconciente», como elemento de los pensamientos de vigilia, el que ha de encontrar figuración en el sueño, muy oportunamente se lo sustituye por sitios «subterráneos» que en otro caso, y sin relación alguna con la cura psicoanalítica, habrían significado el vientre de la mujer o el seno materno. «Abajo» en los sueños se refiere hartas veces a los genitales, y lo opuesto, «arriba», al rostro, la boca o el pecho. Mediante animales salvajes el trabajo del sueño simboliza por lo común pulsiones pasionales, así las del soñante como las de otras personas, que él teme; y por tanto, con un mínimo desplazamiento, simbolizan a las personas mismas que son las portadoras de esas pasiones. De aquí a la figuración del padre temido mediante animales feroces, perros, caballos salvajes, que se asemeja al totemismo, no hay gran distancia. Podría decirse que los animales salvajes sirven para figurar la libido temida por el yo, combatida por represión. También la neurosis misma, la «persona enferma», es escindida muchas veces del soñante y mostrada en el sueño como una persona independiente. [1919]

11. Dice H. Sachs (1911): «Por La interpretación de los sueños [de Freud] sabemos que el trabajo onírico conoce diversos caminos para figurar de manera sensible e intuitiva una palabra o un giro idiomático. Por ejemplo, aprovechando la circunstancia de que la expresión a figurar es ambigua, y siguiendo el "cambio de vía" del doble sentido, puede recoger en el contenido manifiesto del sueño el segundo sentido; no el primero, que aparece en los pensamientos oníricos.
»Es lo que :sucedió en el breve sueño que comunico a continuación, donde se aprovechan muy hábilmente, como material figurativo, las impresiones diurnas recientes aptas para ello.
»El día del sueño había sufrido un resfriado y por eso al final del día decidí no dejar la cama en toda la noche, mientras me fuese posible. El sueño, en apariencia, no hizo sino proseguir mi trabajo diurno; había estado ocupándome de pegar en un álbum recortes de revistas, con el cuidado de asignar a cada recorte el lugar correspondiente. He aquí el sueño:
»Me esfuerzo por pegar un recorte en el álbum; pero no cabe en la página {er geht aber nicht aut die Seite}, lo que me causa gran dolor.
»Me desperté y hube de comprobar que el dolor del sueño perduraba como un real dolor corporal que me obligaba a ser infiel a mi propósito. El sueño, como "guardián del dormir", había entretenido el cumplimiento de mi deseo de permanecer en cama mediante la figuración de las palabras ller geht aber nicht auf die Seite"  {"pero no va al baño"}». [1914.]
Puede decirse lisa y llanamente que para la figuración visual de los pensamientos oníricos el trabajo del sueño se sirve de todos los medios a su alcance, permitidos o no por la crítica de la vigilia, y así se expone a las dudas e ironías de aquellos que de la interpretación de los sueños sólo saben de oídas, pero nunca la ejercitaron. Particularmente rico en ejemplos de esta índole es el libro de Steke1, Die Sprache des Traumes (1911a); no obstante, evito tomar de ahí las pruebas porque la falta de crítica y la arbitrariedad técnica de este autor las hacen inciertas incluso para aquellos que no están encastillados en sus prevenciones.

12. De un trabajo de V. Tausk (1914) sobre el uso de vestidos y colores al servicio de la figuración onírica, tomo los siguientes ejemplos:

a. A. sueña que ve a su anterior gobernanta con un traje de lustrina {Lüster} negra, muy ceñido en las caderas.  Significa que declara lasciva {Iüstern} a esta mujer.
b. C. ve en el sueño, en el camino de X, a una muchacha bañada de una luz blanca y vestida con una blusa blanca.  En ese camino, el soñante había cambiado las primeras intimidades con una señorita Weiss {Blanca}.
c. La señora D. sueña que ve al viejo Blasel (un actor vienés octogenario), con todo su atuendo {Rüstung}, tendido en el diván. Después salta sobre mesas y sillas, saca su espadín, y en eso se ve en el espejo y revolea el espadín por el aire como si luchara con un enemigo imaginario.  Interpretación: La soñante tiene una vieja afección a la vejiga {Blase}. En el análisis ella se tiende en el diván, y cuando se mira al espejo secretamente se encuentra, a pesar de sus años y de su enfermedad, todavía muy lozana {sehr rüstig}. [1914]

13. El «gran logro en el sueño»

El soñante, un hombre, se ve yacente en cama como mujer grávida. Ese estado se le hace muy fastidioso. Exclama: «¡Preferiría... !» (en el análisis completa, por el recuerdo de una niñera: «picar piedras»). Tras su cama hay colgado un mapa cuyo borde inferior se mantiene tieso gracias a un listón de madera. Raja este listón, tomándolo por los dos extremos, pero de ese modo no lo quiebra trasversalmente, sino que lo divide a lo largo en dos mitades. Al hacerlo se alivia y ayuda al nacimiento.
Por si solo interpreta el rajar el listón {Leiste} como un gran logro {Leistung} mediante el cual se libra de su incómoda situación (en la cura), arrancándose de su actitud femenina. ( ... ) El detalle absurdo de que el listón de madera no se quiebre meramente, sino que se divida a lo largo, halla su explicación cuando el soñante recuerda que la duplicación unida a la destrucción alude a la castración. Muy a menudo, movido por la tenaz oposición en el deseo, el sueño figura la castración mediante la presencia de dos símbolos del pene. La ingle {Leiste} es por cierto una región del cuerpo próxima a los genitales. Todo se conjuga entonces en esta interpretación: él supera la amenaza de la castración que lo ha puesto en la actitud femenina. (ver nota) [1919]

14. En un análisis que llevé a cabo en francés, debí interpretar un sueño en que yo aparecía como elefante. Desde luego, tuve que preguntar cómo había llegado yo a esa figuración. «Vous me trompez» {«Usted me engaña»}, respondió el soñante (trompe = trompa). [1919.]
El trabajo onírico logra a menudo figurar aun material muy refractario, como son los nombres propios, mediante el recurso forzado a referencias muy lejanas. En uno de mis sueños, el viejo Brücke me encarga una tarea. Dispongo un preparado y limpio de él algo que parece papel de estaño {Silberpapier}. (Sobre este sueño volveré después.) La ocurrencia, nada fácil de hallar, resultó ser «Stanniol», y ahora sé que alude a Stannius, el autor de un tratado sobre el sistema nervioso de los peces por el que sentí hondo respeto en mi juventud. Y la primera tarea científica que me encargó mi maestro [Brücke] se refería de hecho al sistema nervioso de un pez, el amocetes [Freud, 1877a]. Es evidente que este último nombre no se prestaba para un acertijo. [1900]
No puedo resistirme a intercalar todavía un sueño de curioso contenido, también notable como sueño infantil y que mediante el análisis halló fácil explicación. Una dama cuenta: «Recuerdo aún que de niña soñé repetidas veces: El buen Dios tiene un bonete de papel puntiagudo sobre la cabeza. Ahora bien, un bonete así solían ponerme muchas veces estando a la mesa, para que yo no pudiese atisbar el plato de los otros niños y ver cuánto les daban de algún manjar. Como había oído decir que Dios es omnisapiente, el sueño significa que yo lo sabía todo a pesar del bonete que me pusieron». (ver nota) [1909.]
La naturaleza del trabajo del sueño y el modo en que maneja su material, los pensamientos oníricos, pueden mostrarse instructivamente en los números y cálculos que aparecen en sueños. Además, la superstición atribuye a los números soñados un carácter particularmente profético. Escojo entonces, de mi colección, algunos ejemplos de ese tipo.

I
Del sueño de una señora, sobrevenido poco antes de la terminación de su cura: Ella quiere pagar algo; su hija le toma 3 florines y 65 kreuzer de la cartera; pero ella dice: «¿Qué haces? Sólo cuesta 21 kreuzer». (ver nota)
Este fragmento mínimo de sueño me resultó comprensible sin más aclaración de la soñante, por la situación en que se encontraba. Era extranjera y había puesto a su hija como pupila en un instituto educativo de Viena; podía proseguir su tratamiento conmigo mientras su hija continuase allí. El año escolar de esta terminaría tres semanas después, y así llegaría a su fin también la cura. El día anterior al sueño la directora del instituto le había sugerido que se decidiese a dejarle su hija un año más. Es manifiesto que retomó entre sí esa insinuación diciéndose que en ese caso podría prolongar también en un año el tratamiento. Ahora bien, a ello se refiere el sueño, pues un año es igual a 365 días, y las tres semanas faltantes hasta la terminación del año escolar, y de la cura, pueden sustituirse por 21 días (aunque las horas de tratamiento no eran tantas). Los números que en los pensamientos oníricos se referían a tiempos son incorporados en el sueño a valores monetarios, pero no sin que así se exprese un sentido más profundo, pues «time is money», el tiempo es oro. En todo caso, 365 kreuzer son 3 florines y 65 krcuzer. La pequeñez de las sumas que aparecen en el sueño es manifiestamente un cumplimiento de deseo; el deseo ha empequeñecido los costos del tratamiento, así como del año de enseñanza en el instituto.

II
A relaciones más complejas llevan los números en otro sueño. Una dama joven, pero casada desde hace ya varios años, se entera de que su conocida, Elise L., casi de la misma edad que ella, ha contraído esponsales; y sobre eso sueña: Está sentada con su marido en el teatro, un sector de la platea está totalmente desocupado. Su marido le cuenta que Elise L. y su prometido también habían querido ir, pero sólo consiguieron malas localidades, 3 por 1 florín y 50 kreuzer, y no pudieron tomarlas. Ella piensa que eso no habría sido una calamidad.
¿De dónde proviene la cifra de 1 florín y 50 kreuzer? De una ocasión de la víspera, genuinamente indiferente. Su cuñada había recibido en obsequio de su marido 150 florines, y se apresuró a desprenderse de ellos comprándose una alhaja en cambio. Reparemos en que 150 florines son 100 veces más que 1 florín y 50 kreuzer. ¿De dónde proviene el número tres, que son las localidades del teatro? Respecto de ello sólo surge un anudamiento; la novia es más joven que ella en esa cantidad de meses -tres-. Y después, la averiguación de lo que puede significar ese otro rasgo del sueño, a saber, que un sector de la platea está vacío, nos lleva a resolver el sueño. Es una alusión no modificada a un pequeño episodio que dio a su marido buen fundamento para abochornarla. Se le había puesto a ella ir a una de las representaciones teatrales anunciadas para la semana; tan previsora fue que tomó entradas con varíos días de antici pación y debió pagar por ellas una prima por reservación. Después, cuando llegaron al teatro, se encontraron con que un sector de la sala estaba casi vacío; no habría necesitado apresurarse tanto.
Ahora sustituiré el sueño por los pensamientos oníricos: «Seguro que fue un disparate casarse tan temprano, no habría necesitado apresurarme tanto. Por el ejemplo de Elise L. veo que de todos modos habría conseguido un marido. Y por cierto uno cien veces mejor (hombre, tesoro), con que sólo hubiera esperado (oposición al apresuramiento de la cuñada). ¡Tres hombres así me habría podido comprar a cambio del dinero (la dote)!». Observamos que en este sueño los números alteraron su significado y su contexto en grado mucho mayor que en el sueño tratado antes. El trabajo de trasmudación y desfiguración del sueño fue aquí más vasto; interpretamos esto suponiendo que los pensamientos oníricos debieron vencer hasta su figuración una medida particularmente alta de resistencia intrapsíquíca. No queremos pasar por alto que en este sueño se contiene un elemento absurdo, a saber, que dos personas hayan de tomar tres localidades. Nos adelantaremos a la interpretación de lo absurdo en el sueño apuntando que ese detalle absurdo del contenido del sueño está destinado a figurar al más acentuado de los pensamientos oníricos: «Fue un disparate casarse tan temprano». Al número 3, implícito en una relación entre las dos personas comparadas que es, desde todo punto, colateral (3 meses de diferencia de edad), se lo usa entonces diestramente para producir el disparate que el sueño requiere. El empequeñecimiento de los 150 florines reales a 1 florín y 50 kreuzer corresponde al menosprecio por el marido (o tesoro) en los pensamientos sofocados de la soñante. (ver nota)


III
Otro ejemplo nos enfrenta con la aritmética del sueño, que tanto desprecio le ha traído. Un hombre sueña: Está sentado en lo de B. (una familia que había frecuentado antes) y dice: «Fue un disparate que ustedes no me dieran a Mali». Y sobre eso pregunta a la muchacha: «Veamos, ¿qué edad tiene usted?». Respuesta: «Soy nacida en 1882». «¡Ah! Entonces tiene usted 28 años».
Puesto que el sueño ocurrió en 1898, el error de cuenta es patente, y la torpeza del soñante para los cálculos puede ser parangonada a la del paralítico general, como no se la pueda explicar de otro modo. Mi paciente era una de aquellas personas que después que ven a una mujer no pueden apartar sus pensamientos de ella. De manera regular, durante algunos meses, la paciente que le seguía en mi consultorio era una joven dama, con quien se topaba al salir; recabó muchas veces noticias sobre ella y se esmeraba en mostrársele enteramente cortés. Estimó su edad en 28 años. Esto basta para explicar el resultado del falso cálculo. Ahora bien, 1882 fue el año en que él se casó. Y además, no pudo dejar de trabar conversación con las otras dos personas del sexo femenino que encontró en mi casa; en modo alguno eran jóvenes esas dos empleadas que alternativamente solían abrirle la puerta, y como las halló poco locuaces, dio en pensar que le tenían por un señor mayor «asentado».


IV(ver nota)

Otro sueño de números, que se singulariza por una trasparente determinación, o más bien sobredeterminación, lo debo, junto con su interpretación, al señor B. Dattner:
«Mi casero, guardia de seguridad en el ayuntamiento, sueña que está de servicio en la calle, lo que es un cumplimiento de deseo. En eso se le acerca un inspector que lleva en la solapa el número 22 y 62, o 22 y 26. De todas maneras eran varios los números dos.
»Ya la partición del número 2262 en el relato del sueño permite inferir que cada uno de los elementos tiene un significado propio. He aquí la ocurrencia del soñante: Ayer, en el trabajo, habían hablado sobre el tiempo de servicio de cada cual. Causa de la charla fue un inspector que había pasado a retiro a los 62 años. El soñante tiene solamente 22 años de servicio, y todavía necesita 2 años y 2 meses para obtener una pensión del 90 %. Ahora bien, el sueño le pinta en primer lugar el cumplimiento de un deseo largamente acariciado: tener la jerarquía de inspector. El jefe que lleva en la solapa el número 2262 es él mismo; desempeña su servicio en la calle, lo que es también un deseo, una predilección de él; ha cumplido sus 2 años y 2 meses y ahora puede jubilarse con pensión completa, como el inspector de 62 años». (ver nota)
Si cotejamos estos ejemplos y otros parecidos (como los que después expondremos estamos autorizados a decir: El trabajo onírico no hace cuentas ningunas, ni correctas ni erróneas; se limita a componer en la forma de un cálculo unos números que aparecen en los pensamientos oníricos y pueden servir como alusiones a un material no figurable [de otra manera]. Trata entonces a los números como material para la expresión de sus propósitos; es exactamente lo mismo que hace con todas las otras representaciones, aun con los nombres y los dichos reconocibles en calidad de representaciones-palabra.
Es que el trabajo onírico tampoco puede crear un dicho. Por más dichos y réplicas que aparezcan en los sueños, y que en sí pueden tener sentido o ser irracionales, el análisis muestra en todos los casos que el sueño no ha hecho sino tomar de los pensamientos oníricos fragmentos de dichos realmente pronunciados u oídos, procediendo con ellos de manera en extremo arbitraria. No sólo los arrancó de su contexto y los fragmentó, acogió unos fragmentos y desestimó otros, sino que con harta frecuencia los compuso de nuevo, de tal suerte que los dichos oníricos que parecen coherentes se descomponen en el análisis en tres o cuatro trozos. En este uso nuevo, a menudo deja de lado el sentido que las palabras tenían en los pensamientos oníricos y presta a su literalidad un sentido por completo novedoso. (ver nota)
En un estudio más atento, distinguimos en los dichos de los sueños unos ingredientes más nítidos, compactos, de otros que sirven como medios de unión y probablemente se completaron como solemos hacerlo en la lectura con las letras y sílabas omitidas. Así, el dicho del sueño tiene la estructura de una roca de brecha, en que grandes fragmentos de diversos materiales se cohesionaron mediante una masa intermediaria endurecida.
Empero, esta descripción es válida en sentido estricto solamente para aquellos dichos {Rede} que tienen algo del carácter sensible del habla {Rede} y pueden describirse como «proferencias» {«Rede»}. Los otros, los que por así decir no se percibieron como oídos o como pronunciados (no tienen en el sueño ninguna inflexión acústica o motriz), son simplemente pensamientos como los que acuden a nosotros en la actividad mental de vigilia y pasan inalterados a muchos sueños. Para el material de dichos que en el sueño aparecen con carácter de indiferentes, la lectura parece ser también una fuente copiosa y difícil de rastrear. Pero, por otro lado, todo aquello que en el sueño se destaca llamativamente de un modo cualquiera como un dicho admite ser reconducido a dichos reales, pronunciados por uno mismo u oídos.
Ejemplos de esta derivación de los dichos del sueño hallamos ya en análisis que comunicamos con otros fines. Así, en el «inocente sueño del mercado» de, donde el dicho «De eso no tenemos más» sirve para que la soñante me identifique con el carnicero, mientras que un fragmento del otro dicho: «A eso no lo conozco y no lo llevo», no hace sino cumplir la tarea de volver inocente al sueño. En efecto, la víspera la soñante había replicado a su cocinera, frente a alguna insinuación de esta, con las palabras: «A eso no lo conozco, pórtese decorosamente»; y ocurrió que de este dicho se recogió en el sueño el primer fragmento, que sonaba indiferente, a fin de aludir así al segundo fragmento, el cual conviene muy bien a la fantasía que está en la base del sueño pero también la habría delatado.
Vaya un ejemplo parecido en remplazo de muchos, puesto que todos desembocan en lo mismo:
Un vasto patio donde se incineran cadáveres. El soñante dice: «Yo me voy {geh' ich weg}, no puedo ver eso». (Esto no es un dicho nítido.) Después encuentra a dos aprendices de carnicero y pregunta: «Vaya, ¿gustó eso?», Y uno responde: «Qué va, no estaba bueno». Como si hubiera sido carne humana.
He aquí la ocasión inocente de ese sueño: Después de cenar hace con su mujer una visita a los honrados, pero en modo alguno apetitosos, vecinos. La anciana y hospitalaria dama se encuentra justamente en su comida nocturna y lo fuerza (entre hombres se usa jocosamente para ello una palabra compuesta, de acento sexual) a probar algo. El se rehusa, ya no tiene más apetito. «Pero ándele {gehn S' weg}, todavía podrá digerirlo», o cosa parecida. Debe entonces probar, y después le elogia lo ofrecido: «Pero está bueno». De nuevo a solas con su mujer, echa pestes contra la importuna insistencia de la vecina y también contra la calidad del manjar que hubo de probar. «No puedo ver eso», tampoco en el sueño emerge como algo genuinamente dicho; es un pensamiento que se refiere a los encantos físicos de la invitante dama, y habría que traducirlo diciendo que no está ganoso de mirarlos.
Más instructivo resultará el análisis de otro sueño que comunico aquí a causa del dicho muy nítido que forma su punto central, pero que sólo será esclarecido cuando consideremos los afectos en los sueños. Soñé con mucha claridad: He ido de noche al laboratorio de Brücke y abro la puerta, después que golpearon suavemente, al (difunto) profesor Fleischl quien entra con varios amigos y luego de algunas palabras se sienta a su mesa. Sigue otro sueño: Mi amigo FI. [Fliess] ha llegado a Viena en julio, de incógnito; lo encuentro por la calle en coloquio con mi (difunto) amigo P., y voy con ellos a alguna parte, donde se sientan a una pequeña mesa frente a frente, y yo en la cabecera, sobre el lado más angosto de la mesita. FI. cuenta acerca de su hermana v dice: «En tres cuartos de hora quedó muerta», y después algo como «Ese es el umbral». Como P. no le entiende, El. se vuelve a mí y me pregunta cuánto de sus cosas he comunicado entonces a P. Y tras eso yo, presa de extraños afectos, quiero comunicar a FI. que P. (nada puede saber porque él) no está con vida. Pero digo, notando yo mismo el error: «NON VlXIT». Miro entonces a P. con intensidad, y bajo mi mirada él se torna pálido, difuso, sus ojos se ponen de un azul enfermizo . . . y por último se disuelve. Ello me da enorme alegría, ahora comprendo que también Ernst Fleischl era sólo un aparecido, un resucitado, y hallo enteramente posible que una persona así no subsista sino por el tiempo que uno quiere, y que pueda ser eliminada por el deseo del otro.
Este bello sueño reúne en ~u contenido tantos caracteres enigmáticos -la crítica ejercida en el sueño mismo, que repare en mi error de decir «Non vixit» en lugar de «Non vivit», el trato despreocupado con difuntos que el sueño mismo declara taIes, lo absurdo de la conclusión final y el gran contento que me depara- que bien querría yo, «daría la vida», por comunicar la solución completa de este enigma. Pero en la realidad soy incapaz de sacrificar a mi orgullo, como hago en el sueño, el miramiento por personas tan queridas. Ahora bien, un escamoteo cualquiera echaría a perder el sentido del sueño, que yo bien conozco. Por eso me contentaré con extraer, primero aquí y más adelante luego, algunos elementos del sueno para interpretarlos.
El centro del sueño lo forma una escena en que yo aniquilo a P. con una mirada. Sus ojos se ponen entonces extraña y siniestramente azules, y al final se disuelve. Esta escena es la copia inequívoca de una realmente vivenciada. Yo era ayudante en el Instituto de Fisiología, cumplía mi servicio desde la mañana temprano, y Brücke se había enterado de que algunas veces yo llegaba tarde al laboratorio pedagógico. Entonces, en una ocasión llegó puntualmente para abrir y me esperó. Lo que me dijo fue breve y categórico; pero no importaban las palabras. Lo imponente eran los terribles ojos azules con que me miró y ante los cuales quedé aniquilado ... como P. en el sueño que, para mi alivio, ha trocado los papeles. Quien recuerde los ojos maravillosamente bellos del gran maestro, que conservó aun de anciano, y alguna vez lo haya visto encolerizado, con facilidad revivirá los afectos del joven pecador.
Pero por mucho tiempo no hubo caso de poder derivar el «Non vixit» con que en el sueño dicto aquella sentencia; hasta que al fin recordé que estas dos palabras, no como oídas o proferidas, sino como vistas, habían tenido suma nitidez en el sueño. Y al punto supe su proveniencia. En el pedestal del monumento que en el Palacio Imperial de Viena recuerda al emperador José se leen estas hermosas palabras:

«Saluti patriae vixit non diu sed totus». (ver nota)

De esa inscripción saqué yo lo que convenía a una de las series -hostil- de los pensamientos oníricos; ella pudo ser: «El tipo ya no está para contar el cuento, él no está con vida». Y entonces hube de recordar que el sueño me sobrevino pocos días después que se descubrió el monumento a Fleischl en el peristilo de la Universidad; con ese motivo había vuelto a ver el monumento a Brücke y (en el inconciente) debió de apesadumbrarme que mi amigo P., tan altamente dotado y consagrado por entero a la ciencia, hubiese perdido por su muerte prematura la fundada pretensión a un monumento en ese lugar. Entonces le erigí ese monumento en el sueño; mi amigo P. se llamaba Josef {José}. (ver nota)
Empero, por las reglas de la interpretación de los sueños  no estaría aún justificado para sustituir el «Non vivit» que necesito por «Non vixit», que el recuerdo del monumento a José pone a mi disposición. Algún otro elemento de los pensamientos oníricos tiene que haber contribuido a posibilitar ese paso. Ahora bien, hay aquí algo que me obliga a reparar en que la escena del sueño conjuga una corriente de pensamientos hostiles y otra de pensamientos tiernos hacia mi amigo P.; de ellas la primera es superficial, la segunda está escondida, y logran su figuración en idénticas palabras: «Non vixit». Porque ha hecho méritos científicos le erijo un monumento; pero porque se hizo culpable de un mal deseo (que se expresa al final del sueño) lo aniquilo. Acabo de formar una frase de cuño muy particular, para lo cual tiene que haberme influido algún modelo. ¿Y dónde hay una antítesis parecida, en que se ponen una junto a la otra dos reacciones contrapuestas hacia la misma persona, y ambas pretenden estar plenamente justificadas y no obstante dicen no estorbarse una a la otra? En un único pasaje que se graba profundamente en el lector; en el discurso justificatorio de Bruto, en el julio César de Shakespeare [acto III, escena 2]: «Porque César me amó, lloro por él; porque fue afortunado, regocíjome; porque fue valiente, lo venero; mas porque fue ambicioso lo maté». ¿No es esta la misma construcción de las frases y la misma oposición de ideas incluidas en el pensamiento onírico que yo he descubierto? Hago entonces de Bruto en el sueño. ¡Si pudiera descubrir en el contenido de este alguna otra pista que corroborase este sorprendente enlace colateral! Creo que podría ser la siguiente: Mi amigo FI. vino a Viena en julio. Pero este detalle no encuentra apoyo ninguno en la realidad. Que yo sepa, mi amigo Jamás estuvo en Viena en el mes de julio. Pero el mes de julio se llama así por julio César, y muy bien podría ser este el subrogado de la alusión que busco al pensamiento intermediario, el de que yo hago el papel de Bruto. (ver nota)
Y, cosa extraña, en la realidad hice una vez de Bruto. Ante un auditorio infantil representé la escena de Bruto y César, tomada de una obra de Schiller; fue cuando yo tenía catorce años, y lo hicimos junto con mi sobrino, un año mayor que yo, que por entonces había venido a visitarnos de Inglaterra; era también un revenant, pues con él reaparecía el compañero de juegos de mi primera infancia. Hasta mi tercer año cumplido fuimos inseparables, nos amábamos y reñíamos, y esta relación infantil, como señalé, fue determinante para todos mis sentimientos posteriores en el trato con personas de mi edad. Desde entonces mi sobrino John encontró muchas encarnaciones que revivían ora este aspecto, ora estotro, de su ser fijado de manera indeleble en mi recuerdo inconciente. Por momentos ha de haberme tenido muy a mal traer, y yo debo de haber dado muestras de arrojo contra mi tirano, pues años después me fue contado muchas veces un breve dicho justificatorio con que me defendía cuando mi padre -su abuelo- me pedía cuentas: «¿Por qué le pegaste a John?». Y venía la justificación, en el lenguaje del niño que aún no llegaba a los dos años: «Le pegué porque él me pegó». Debe ser esta escena infantil la que desvía el «Non vivit» al «Non vixit», pues en el lenguaje de los niños mayores «pegar» {«Schlagen»} se dice «Wichsen» {«sobar»; se pronuncia «vixen»}; el trabajo onírico no desdeña usar tales conexiones. La hostilidad, tan poco fundada en la realidad, hacia mi amigo P., quien muchas veces me venció y por eso pudo espejar una reedición de los juegos infantiles, retrocede con seguridad hasta mi compleja relación infantil con John. (ver nota)
Como he dicho, volveré luego sobre este sueño.


Sueños absurdos. Las operaciones intelectuales en el sueño.     (ver nota)


En las interpretaciones de sueños emprendidas hasta aquí tropezamos tantas veces con el elemento de lo absurdo en el contenido onírico que no queremos posponer por más tiempo el estudio de su origen y su eventual significado. Recordamos bien que lo absurdo de los sueños proporcionó a sus menospreciadores un argumento clave para no ver en ellos más que productos sin sentido de una actividad mental aminorada y fragmentada.
Empiezo con algunos ejemplos en que lo absurdo del contenido del sueño no es sino una apariencia que se desvanece enseguida cuando se profundiza mejor en el sentido de aquel. Son algunos que versan -por azar, según parece al comienzo- sobre el padre muerto.


[I]
Sueño de un paciente que perdió a su padre seis años antes:

Al padre le ocurrió una gran desgracia. Viajaba en el tren nocturno, se produjo un descarrilamiento, los asientos se entrechocaron y le aplastaron la cabeza de través. Lo ve yacente en el lecho, con una herida sobre el arco superciliar izquierdo, que corre verticalmente. Le asombra que el padre se haya malogrado (pues ya está muerto, según completa en el relato). Y los ojos están tan claros.
De acuerdo con el criterio imperante acerca de los sueños, habría que esclarecer así el contenido de este: El soñante olvidó primero, mientras se representaba el accidente de su padre, que este desde mucho antes vacía en la tumba; cuando el sueño prosigue, ese recuerdo se evoca y hace que él, soñando todavía, se asombre de su propio sueño. Pero el análisis enseña que es notoriamente superfluo recurrir a tales explicaciones. El soñante había encargado a un artista un busto de su padre, y dos días antes del sueño había ido a mirarlo. Este fue el que se le antojó malogrado. El escultor nunca había visto a su padre y trabajaba según fotografías que le presentaron. Y aun el día anterior al sueño el piadoso hijo había enviado al atelier a un vicio servidor de la familia para probar si también él pronunciaba el mismo fallo sobre la cabeza marmórea, a saber, que se la veía demasiado estrecha en el sentido trasversal, de una sien a la otra. Y ahora sigue el material mnémico que contribuyó a la construcción de este sueño. El padre tenía el hábito, cuando el cuidado de sus negocios o las dificultades familiares lo abrumaban, de oprimirse las sienes con ambas manos, como si su cabeza se le pusiese demasiado ancha y quisiera comprimirla. - Siendo un niño de cuatro años, cupo a nuestro soñante ver cómo el disparo de una pistola accidentalmente cargada ponía negros los ojos del padre (Los ojos están tan claros). - En el lugar donde el sueño muestra la herida del padre, exhibía él en vida, cuando estaba pensativo o triste, una profunda arruga longitudinal. Y que esta arruga se sustituyera en el sueño por una herida apunta a la segunda ocasión del sueño. El soñante había tomado una fotografía a su hijita; la placa se le cayó de la mano y cuando la recogió exhibía una resquebrajadura sobre la frente de la pequeña, como una arruga vertical que corría hasta la ceja. Entonces no pudo evitar una premonición supersticiosa, pues un día antes de la muerte de su madre se le había rayado la placa fotográfica con su imagen.
Por tanto, lo absurdo de este sueño no es sino el resultado de un descuido de la expresión lingüística, que no quiere distinguir de las personas los bustos y las fotografías. Todos nosotros solemos decir [ante una imagen tal]: «No se lo ve bien a papá, ¿no te parece?». Sin duda, habría sido fácil evitar la apariencia de absurdo en este sueño. Si hubiera derecho a juzgar por una experiencia única, se diría que esta apariencia de absurdo es consentida o deliberada.


II
Ahora un segundo ejemplo, en un todo semejante, tomado de mis propios sueños (he perdido a mi padre en 1896):

Mi padre ha desempeñado después de su muerte un papel político entre los magiares, los ha avenido políticamente. En relación con esto veo una pequeña imagen, no nítida: Una multitud como en el Parlamento, una persona de pie sobre una o dos sillas, y otras le hacen rueda, Me acuerdo de que en su lecho de muerte se lo veía tan parecido a Garibaldi, v me regocija que este augurio se haya hecho verdadero.
Es bastante absurdo. Lo soñé en la época en que los húngaros se quedaron sin legislación por obra de la obstrucción parlamentaria y atravesaron aquella crisis de que los libró Koloman Széll. La nimia circunstancia de que la escena vista en el sueño constase de imágenes tan pequeñas no deja de tener importancia para esclarecer este elemento. Nuestros pensamientos oníricos son figurados corrientemente en imágenes visuales que parecen tener, más o menos, el tamaño de las cosas vividas; pero mi imagen onírica es la reproducción de una xilografía, inserta en el texto de una historia ilustrada de Austria, que figura a María Teresa en el Parlamento de Presburgo; es la famosa escena del «Moriamur pro rege nostro». Como allí María Teresa, así está mi padre en el sueño rodeado por la multitud; pero está de pie sobre una o dos sillas {Stuhl} y, por tanto, como juez que preside {Stuhlrichter; literalmente, «juez de la silla»}. (El los ha avenido; acude en relación con esto el giro {alemán}: «No necesitaremos de ningún juez».) Que en su lecho de muerte se lo veía tan parecido a Garibaldi, todos los que lo rodeábamos lo observamos en la realidad. Tuvo un aumento de temperatura posmortal, sus mejillas se encendieron Poniéndose cada vez más rojas. ( ... ) Sin quererlo proseguimos:

«Und hinter ihm, in wesenlosem Scheine lag, was uns alle bändigt, das Gemeine».
(ver nota)
Esta exaltación de nuestros pensamientos nos prepara [en el análisis] para que tengamos que ocuparnos precisamente de eso «ordinario». La elevación «posmortal» de la temperatura corresponde a las palabras «después de su muerte» que aparecen en el contenido onírico. Lo más torturante de su enfermedad fue la total parálisis intestinal («obstrucción parlamentaria») de las últimas semanas. Con esto se anudan toda una serie de pensamientos irreverentes. Uno de mis compañeros, que perdió a su padre siendo él todavía estudiante secundario, motivo por el cual yo, profundamente conmovido, le ofrecí mi amistad, me contó cierta vez con sarcasmo el dolor de una parienta cuyo padre murió en la calle y lo llevaron a la casa, donde después, desvistiendo al cadáver, se encontró que en el momento de la muerte o posmortalmente se había producido una evacuación del vientre {Stuhlentleerung}. Ese odioso detalle causó en la hija tan profunda desazón que hubo de enturbiarle la memoria de su padre. Hemos avanzado así hasta el deseo que se corporiza en este sueño: Yacer después de la muerte limpio y grande ante los hijos, ¿quién podría no desearlo? ¿Y en qué ha parado lo absurdo de este sueño? Su apariencia de tal se engendra solamente por el hecho de que un giro idiomático por completo lícito, en el que estamos habituados a descuidar la absurdidad que pueda estar presente entre sus elementos, es figurado en el sueño al pie de la letra. Tampoco aquí podemos evitar la impresión de que la apariencia de lo absurdo es querida, producida adrede.
La frecuencia con que en el sueño personas ya muertas se presentan como vivas, actúan y tratan con nosotros ha provocado improcedente asombro y dado lugar a extrañas explicaciones, que echan viva luz sobre nuestra incomprensión del sueño. Y no obstante, el esclarecimiento de tales sueños está al alcance de la mano. Harto corriente es que pensemos: «Si mi padre viviera, ¿qué diría de esto?». A ese «si» el sueño no puede figurarlo como no sea mediante la presencia [de la persona en cuestión] dentro de una situación determinada. Así, un joven a quien su abuelo ha dejado una gran herencia, en una oportunidad en que hubo de reprocharse un importante desembolso soñó que el abuelo estaba de nuevo con vida y le pedía cuentas. Eso que juzgamos una sublevación contra el sueño, la protesta -dictada por nuestro mejor saber- de que esa persona ya ha muerto, es en realidad, o bien el pensamiento consolador de que el difunto no tuvo necesidad de vivir eso, o bien la satisfacción por el hecho de que ya no pueda contar el cuento.
Otra clase de absurdo que se encuentra en sueños sobre deudos muertos no expresa escarnio y sarcasmo, sino que sirve a la repulsa más extrema, a la figuración de un pensamiento reprimido que preferiríamos considerar impensable. (ver nota) Sueños de esta clase sólo se tornan resolubles si recordamos que el sueño no hace diferencia entre lo deseado y lo real. Así, un hombre que había cuidado a su padre durante la enfermedad de este, y sufrió mucho a causa de su muerte, tuvo tiempo después este sueño disparatado: El padre estaba de nuevo con vida y hablaba con él como solía, pero (esto era lo asombroso) estaba no obstante muerto, sólo que no lo sabía. Se comprenderá este sueño si a continuación de «estaba no obstante muerto» se agrega «a causa del deseo del soñante», y si se completa «sólo que no lo sabía» así: el soñante «no sabía que tenía este deseo». Mientras asistía a su padre enfermo, el hijo había deseado repetidas veces que él muriese, vale decir, había engendrado el pensamiento verdaderamente piadoso de que por fin viniese la muerte a poner término a esa tortura. Sobrevenida la muerte, y durante el duelo, este mismo deseo del hijo compasivo devino reproche inconciente, como si con él hubiera contribuido realmente a acortar la vida del enfermo. Y por el despertar de las más tempranas mociones infantiles contra el padre fue posible que ese reproche se expresara como sueño; pero precisamente a causa de la oposición inconmensurable entre el excitador del sueño y el pensamiento onírico debió cobrar aquel una apariencia tan bsurda. (ver nota)
Los sueños sobre muertos queridos plantean en general a la interpretación difíciles tareas, cuya solución satisfactoria no siempre se alcanza. La razón de ello puede buscarse en el sentimiento de ambivalencia, fuertemente impreso, que preside la relación del soñante con el muerto. Es muy común que en tales sueños primero se trate al difunto como si viviese y después se diga de pronto que está muerto, pero en la continuación del sueño vuelva a vivir. Esto mueve a perplejidad. Por fin he colegido que esta alternancia de muerte y vida está destinada a figurar la indiferencia del soñante («Me da lo mismo que viva o esté muerto»). Desde luego, esa no es una indiferencia real, sino deseada; lleva el propósito de ayudar a desmentir las actitudes afectivas del soñante, muy intensas y a menudo contradictorias, y así pasa a ser la figuración onírica de su ambivalencia. Para otros sueños en que se tiene trato con muertos, la siguiente regla ha servido muchas veces de orientación: Cuando en el sueño no se advierte que el muerto está muerto, es que el soñante se iguala al muerto, sueña con su propia muerte. El recuerdo que con asombro emerge de pronto en el sueño: «¡Pero si ha muerto hace tiempo!» opera como cautela contra esta comunidad y rechaza ese significado, el de la muerte del propio soñante. (ver nota) Pero he de confesar esta impresión: falta mucho para que la interpretación de los sueños arranque todos sus secretos a los de este contenido.


III

En el ejemplo que ahora expongo puedo sorprender al trabajo del sueño fabricando con deliberación un absurdo para el cual no hay ocasión alguna en el material. Proviene del sueño que me provocó el encuentro con el conde Thun antes de emprender mí viaje de vacaciones.
Viajo en un cabriolé y doy al cochero la orden de llevarme a una estación de ferrocarril. «Por la vía férrea no puedo desde luego viajar con usted», le digo, después que él hizo una objeción como si yo lo hubiera extenuado; y en eso es como si ya hubiera viajado con él un trayecto que normalmente se recorre en tren.
Sobre esta historia confusa y disparatada, el análisis me da los siguientes esclarecimiento s: Ese día había tomado un cabriolé que debía llevarme a Dornbach a una calle apartada. Pero el cochero no conocía el camino, y no obstante, al estilo de estas buenas gentes, siguió viaje, hasta que yo reparé en ello y le indiqué el rumbo, sin dejar de hacerle algunas observaciones burlonas. Desde este cochero se urde una conexión de pensamiento hasta los aristócratas; nos toparemos después con ella {en el análisis}. Provisionalmente es sólo la indicación de que a nosotros, la plebe de los ciudadanos, nos resulta llamativa la predilección que siente la aristocracia por ocupar el lugar del cochero. Y es el caso que el conde Thun conduce el carro del Estado en Austria. Pero la frase que sigue en el sueño se refiere a mi hermano, a quien, por tanto, identifico con el cochero del cabriolé. Ese año yo me había rehusado a viajar con él a Italia («Por la vía férrea no puedo desde luego viajar con usted»), y esa negativa fue una suerte de castigo por sus continuas quejas de que yo en esos viajes solía extenuarlo (expresión que alcanzó al sueño inmodificada) obligándolo a desplazamientos demasiado rápidos y a ver demasiadas bellezas en un solo día. Mi hermano me había acompañado esa tarde a la estación, pero poco antes de llegar a la estación del Oeste descendió en la del ferrocarril metropolitano, con el propósito de viajar por él hasta Purkersdorf. Le hice notar que podría acompañarme todavía un rato si no viajaba hasta Purkersdorf por el ferrocarril metropolitano, sino por el del Oeste. En el sueño, esto fue a dar en que yo recorro en cabriolé un trayecto que normalmente se recorre en tren. En la realidad ocurrió a la inversa (y «salió justamente al revés» («Umgekehrt ist auch gefabren»}); había dicho a mi hermano: «El trayecto que recorres en el metropolitano puedes recorrerlo también en mi compañía, con el ferrocarril del Oeste». Yo armé todo el enredo del sueño remplazando «metropolitano» por «cabriolé», lo que por otra parte me venía de perillas para compendiar al cochero con mi hermano. Así me procuro en el sueño algo disparatado, que tal como se lo declara no parece desentrañable, y además entra en contradicción con mi dicho anterior («Por la vía férrea no puedo viajar con usted»). Ahora bien, puesto que en modo alguno me hacía falta confundir ferrocarril metropolitano y cabriolé, tengo que haber fabricado a propósito toda esta enigmática historia del sueño.
Pero, ¿con qué propósito? Ahora nos enteraremos de lo que significa lo absurdo en el sueño y de los motivos por los cuales se lo consiente o se lo crea. La solución del secreto en el presente caso es la siguiente: Me hace falta en el sueño un absurdo y algo incomprensible en conexión con el «viajar» («Fabren»}, pues en los pensamientos oníricos tengo cierto juicio que pide figuración. Durante una velada en casa de aquella dama acogedora y espiritual que en otra escena del mismo sueño aparece como «gobernanta», me hicieron dos adivinanzas que no pude resolver. Puesto que todos los presentes las conocían, mis infructuosos esfuerzos por hallar la solución me dejaron un poco en ridículo., Eran dos retruécanos con los vocablos «Nachkommen» y «Vorfahren». Rezaban, según creo, así:

«El amo lo manda, el cochero lo hace, todos lo tienen, en la tumba descansa».
(Respuesta: «Vorfahren».)

Lo embrollante era que la segunda adivinanza tenía una mitad idéntica a la primera:

«El amo lo manda, el cochero lo hace, no todos lo tienen, en la cuna descansa».
(Respuesta: «Nachkommen».)

Ahora bien, cuando vi al conde Thun seguir viaje con tanta prosopopeya, me sobrevino el talante de Fígaro, quien no veía otro mérito en los grandes señores que el de haberse tomado el trabajo de nacer (de ser descendientes); así las dos adivinanzas se convirtieron en pensamientos intermediarios para el trabajo onírico. Puesto que a los aristócratas es fácil confundirlos con cocheros, y antes en los países de lengua alemana solía llamarse «Herr Schwager» {«cuñado»} al cochero, el trabajo de condensación pudo incluir a mi hermano en la misma figuración. Pues bien, he aquí el pensamiento onírico que ha operado detrás: «Es un disparate enorgullecerse de sus antepasados. Prefiero ser yo mismo un antepasado, el fundador de un linaje». Y a causa de ese juicio, «Es un disparate», se engendró el disparate del sueño. Ahora se resuelve también el último enigma de este oscuro pasaje onírico, a saber, que ya antes viajé {vorher gefahren} con el cochero, seguí viaje con él {vorgefahren, desciendo de los mismos padres que mi hermano!.
Por consiguiente, el sueño se fabrica absurdo cuando en los pensamientos oníricos aparece, como uno de los elementos del contenido, el juicio «Es un disparate»; y, en general, cuando la crítica y la burla motivan uno de los itinerarios de pensamiento inconcientes del soñante. Así, lo absurdo se convierte en uno de los medios por los cuales el trabajo onírico figura la contradicción; en esto se asimila a la inversión de una relación material entre pensamientos oníricos y contenido del sueño, y al uso de la sensación de inhibición motriz. Pero lo absurdo del sueño no ha de traducirse por un simple «no», sino que está destinado a reproducir la disposición de los pensamientos oníricos y al mismo tiempo a escarnecer o ridiculizar con la contradicción. Sólo con este propósito brinda el trabajo onírico algo risible. También aquí convierte un fragmento del contenido latente en una forma manifiesta. (ver nota)
En verdad, hemos tropezado ya con un convincente ejemplo de este significado de los sueños absurdos. Es el sueño, interpretado sin análisis, de la representación de Wagner que duró hasta las siete y cuarto de la mañana, y en que la orquesta era dirigida desde lo alto de una torre, etc. Manifiestamente quiere significar: Este es un mundo al revés y esta es una sociedad disparatada. El que lo merece no lo alcanza, y al que no le importa lo tiene; así la soñante comparaba su destino con el de su prima.
Por otra parte, el hecho de que ofreciéramos primero los sueños sobre el padre muerto como ejemplos de lo absurdo no es obra del azar. Es que ahí se reúnen de manera típica las condiciones para la creación de sueños absurdos. La autoridad que es propia del padre despertó desde muy temprano la crítica del niño; las rigurosas exigencias por él impuestas movieron al niño a acechar, para su descargo, cualquier debilidad del padre; pero el halo de piedad que en nuestro pensamiento envuelve a la persona del padre, en especial tras su muerte, hace más rigurosa a la censura, que esfuerza a {abdrängen} las exteriorizaciones de esa crítica a no devenir concientes.


IV
Un nuevo sueño absurdo de padre muerto:

Recibo una carta de la municipalidad de mi ciudad natal referente a las costas de una internación hospitalaria a que debió recurrirse en 1851 a causa de un ataque producido en mi casa. Ello me resulta cómico, pues en primer lugar en 1851 yo todavía no había nacido, y en segundo lugar mi padre, a quien el asunto podría referirse, ya está muerto. Voy a verlo a la habitación contigua, donde yace en la cama, y se lo cuento. Para mi asombro, se acuerda de que por 1851 se emborrachó una vez y debió ser encerrado o detenido. Era cuando trabajaba para la casa T. «¿Entonces tú has bebido también?», le pregunto. «¿Y poco después te casaste?». Hago la cuenta de que soy nacido en 1856, y me parece como si este año siguiera inmediatamente al otro.
De acuerdo con nuestras anteriores elucidaciones, habremos de traducir la insistencia con que este sueño exhibe sus absurdos como mero signo de una polémica particularmente apasionada y amarga en el interior de los pensamientos oníricos. Pero con tanto mayor sorpresa comprobamos que en este sueño la polémica se plantea francamente y el padre es caracterizado como la persona a que se hace objeto de las burlas. Semejante franqueza parece contradecir nuestras premisas sobre la censura en el trabajo del sueño. Pero hay algo que ayuda a aclarar esto: aquí el padre no es sino un testaferro; la disputa se empeña con otra persona que en el sueño sale a la luz a través de una -única alusión. Mientras que lo corriente es que el sueño verse sobre la sublevación contra otras personas tras las cuales se encubre el padre, aquí sucede lo inverso: el padre se convierte en hombre de paja, en pantalla de otro, y por eso el sueño es autorizado a ocuparse tan sin disfraz de su persona, sacrosanta en cualquier otro caso; es que hay implícito un saber cierto de que él no es, en realidad, el aludido. De ese estado de cosas nos entera la ocasión del sueño. Sobrevino, en efecto, después que me dijeron que un colega más anciano, cuyo juicio se tiene por inapelable, manifestó su condena y su asombro por el hecho de que uno de mis pacientes continuara el trabajo psicoanalítico conmigo, que iba ya por el quinto año. Las frases iniciales del sueño apuntan, bajo un trasparente disfraz, al hecho de que este colega tomó por un tiempo sobre sí las obligaciones que mi padre ya no podía cumplir (costas, internación en el hospital); y cuando nuestros lazos de amistad empezaron a aflojarse, sufrí yo el mismo conflicto de sentimientos que, en el caso de una desavenencia entre padre e hijo, ha de provocar por fuerza el papel que antes cumplió el padre y su temprana asistencia. Ahora bien, los pensamientos oníricos se defienden amargamente contra el reproche de que yo no progrese más rápido, reproche que del tratamiento de ese paciente se extiende después a otras cosas. ¿Acaso él conoce a alguien que pueda hacerlo más rápido? ¿No sabe que estados de esta índole son incurables por otros medios y duran toda la vida? ¿Qué son cuatro o cinco años comparados con la duración de toda una vida, tanto más si durante el tratamiento se le alivió la existencia al enfermo en medida tan grande?
El sesgo de lo absurdo se imprimió a este sueño en buena parte por el hecho de que frases provenientes de diversos ámbitos de los pensamientos oníricos se enhebraron una después de otra sin transición mediadora. Así, la frase voy a verlo a la habitación contigua, etc., abandona el tema recogido en las frases anteriores y reproduce con fidelidad las circunstancias en que comuniqué a mi padre mi compromiso matrimonial, que había contraído sin su autorización. Por tanto, esta frase quiere ponerme por delante el noble desinterés que en esa ocasión probó el anciano, para oponerlo al comportamiento de otra persona, de una nueva persona. Hago notar aquí que el sueño se permite hacer escarnio del padre porque en los pensamientos oníricos se lo presenta, con reconocimiento pleno, como modelo frente a otro. Va en la naturaleza de toda censura el autorizar que de las cosas no permitidas se digan falsedades, y no la verdad. La frase que sigue, a saber, que él se acuerda de que se emborrachó una vez y debió ser encerrado, no contiene tampoco nada que en la realidad se refiera a mi padre. La persona que él encubre es nada menos que la del gran Meynert cuyas huellas he seguido con veneración tan alta y cuya conducta hacia mí, después de un breve período de predilección, se trocó en una hostilidad indisimulada. El sueño me recuerda algo que él mismo contó: que en su juventud se había entregado al hábito de embriagarse con cloroformo y por eso debió ingresar al sanatorio, y además otra vivencia que tuve con él poco antes de su muerte. Había mantenido con él por escrito una agria polémica sobre la histeria masculina, que él no admitía; cuando fui a visitarlo en su lecho de enfermo, y después que le pregunté por su estado, se demoró en la descripción de sus padecimientos y concluyó con estas palabras: «Sabe usted, siempre fui uno de los más bellos casos de histeria masculina». Así, para mi contento y para mi asombro, concedía aquello a lo cual se había opuesto obstinadamente tanto tiempo. Que en esta escena del sueño pueda yo encubrir a Meynert tras mi padre no tiene su fundamento en una analogía hallada entre ambas personas, sino que es la figuración escueta, pero suficiente en un todo, de una cláusula condicional contenida en los pensamientos oníricos. Hela aquí, explicitada: «¡Ah! Si yo fuera segunda generación, el hijo de un profesor o de un consejero áulico {Hofrat}, sin duda avanzaría más rápido». Por eso en el sueño convierto a mi padre en consejero áulico y en profesor. El absurdo más grosero y enojoso del sueño reside en el tratamiento de la fecha 1851, que me parece no diferente de 1856, como si la diferencia de cinco años no significara nada. Y precisamente eso es lo que debe expresarse desde los pensamientos oníricos. De cuatro a cinco años, ese es el lapso durante el cual gocé del apoyo del colega que cité al comienzo, pero también el tiempo que hice esperar a mi novia hasta nuestro casamiento, y por una coincidencia casual, bien aprovechada por los pensamientos oníricos, es la misma cantidad de años que ahora hago esperar a mi paciente más constante hasta su completa curación. «¿Qué son cinco años?», preguntan los pensamientos oníricos. «Eso para mí es un instante, ni merece que se lo tome en cuenta. Tengo por delante suficiente tiempo, y así como finalmente se cumplió todo aquello en que ustedes no querían creer, también llevaré esto a buen puerto». Pero, además, la cifra 51, desprendida de las que marcan el siglo, está determinada aún en otro sentido, y por cierto en un sentido opuesto; por eso aparece varias veces en el sueño. Esa, 51, es la edad en que el hombre estaría especialmente amenazado, la edad en que he visto morir de manera repentina a colegas, y entre ellos a uno que después de mucho penar había sido nombrado profesor pocos días antes {de su muerte}. (ver nota)

V
Otro sueño absurdo que juega con números:

Uno de mis conocidos, el señor M., ha sido atacado en un ensayo nada menos que por Goethe y, según todos opinamos, con una saña injustificada. Desde luego, el señor M. quedó aniquilado por este ataque. Con amargura se lamenta de ello en un convite; empero, su veneración por Goethe no ha sufrido menoscabo por esta experiencia personal. Yo procuro aclararme un poco las relaciones de tiempo, que me parecen inverosímiles. Goethe murió en 1832; y puesto que su ataque a M. tuvo que ser naturalmente anterior, el señor M. sería por entonces un hombre joven en extremo. Se me antoja verosímil que tuviera dieciocho años. Pero no sé con certeza el año en que escribimos, y así toda la cuenta se hunde en la oscuridad. Por lo demás, ese ataque está contenido en el bien conocido ensayo de Goethe «Naturaleza».
Muy pronto tendremos a nuestro alcance los medios para justificar la necedad de este sueño. El señor M., a quien conozco de un convite, me pidió no hace mucho que examinase a un hermano suyo que presentaba signos de parálisis general. La conjetura era acertada; durante la visita ocurrió algo penoso: el enfermo, sin que viniera al caso, puso a su hermano en situación desairada aludiendo a travesuras juveniles de este. Yo había preguntado al enfermo el año en que nació y repetidas veces lo moví a hacer pequeños cálculos a fin de comprobar el debilitamiento de su memoria; pruebas estas de las que, por lo demás, aún podía salir airoso. Ya advierto que en el sueño me comporto como un paralítico general (no sé con certeza el año en que escribimos). Hay otro material del sueño que brota de una fuente reciente diversa. El editor de una revista médica, con quien tenía yo amistad, había dado cabida en ella a una crítica en extremo inmisericorde, aniquiladora, al último libro de mi amigo FI. [Fliess], de Berlín; el autor de la crítica era un colaborador muy joven y de poco discernimiento. Yo creí tener derecho a inmiscuirme, y recibí del editor esta respuesta: lamentaba vivamente haber admitido la crítica, pero no quería prometer enmienda. Ante eso rompí mis relaciones con la revista y en mi carta de renuncia formulé la esperanza de que nuestras relaciones personales no sufrirían menoscabo por lo ocurrido. La tercera fuente de este sueño es el relato, que tenía fresco a la sazón, de una paciente acerca de su hermano, quien había caído en delirio frenético al grito de «¡Naturaleza, naturaleza!». Los médicos creyeron que el grito provenía de la lectura de aquel hermoso ensayo de Goethe y era indicio en el enfermo del surmenage provocado por sus estudios sobre filosofía de la naturaleza. Yo preferí atender al sentido sexual con que entre nosotros aun las personas de escasa cultura hablan de la «naturaleza», y el hecho de que más tarde el desdichado mutilase sus genitales pareció indicar que al menos yo no andaba descaminado. La edad de este enfermo, cuando sufrió el ataque de delirio frenético, era de 18 años.
Si ahora añado que el libro tan duramente criticado de mi amigo («Uno se pregunta si el autor es un loco, o sí uno mismo lo es», había escrito otro crítico) se ocupa de las relaciones de tiempo de la vida, y también recondujo la duración de la vida de Goethe a un múltiplo de un número significativo para la biología, con facilidad se advierte que yo en el sueño me pongo en el lugar de mi amigo. (Yo procuro aclararme un poco las relaciones de tiempo). Pero yo me comporto como un paralítico y el sueño se disipa en lo absurdo. Esto implica también que los pensamientos oníricos dicen, irónicos: «Naturalmente, él [mi amigo Fliess el loco, el trastornado, y ustedes [los críticos] son los genios que todo lo saben mejor. Pero, ¿no será a la inversa?». Y esta inversión está extensamente subrogada en el contenido del sueño: Goethe ha atacado al joven, lo cual es absurdo, mientras que es fácil que todavía hoy un jovencito ataque al inmortal Goethe, y además yo cuento desde el año de la muerte de Goethe, cuando en la realidad hice contar al paralítico desde el año de su nacimiento.
Pero yo había prometido también demostrar que ningún sueño es inspirado por otras mociones que las egoístas Tengo que justificarme entonces por el hecho de que en este sueño hago mías las cosas de mi amigo y me pongo en lugar de él. Pero la convicción crítica que de ello tengo en la vigilia no alcanza. Ahora bien, la historia del enfermo de 18 años y la interpretación divergente de su grito «¡Naturaleza!» aluden a la oposición en que me he puesto con la mayoría de los médicos a causa de mi tesis sobre la etiología sexual de las psiconeurosis. Puedo decirme: «Así como le ha ido a tu amigo, así te irá a ti con la crítica, y en parte ya te ha sucedido eso»; y ahora tengo derecho a sustituir en el interior de los pensamientos oníricos el «él» por un «nosotros»: «Sí, tienen razón; nosotros dos somos los locos». Que «mea res agitur» me lo señala con vigor la mención del breve e incomparablemente bello ensayo de Goethe, pues su exposición en una conferencia popular fue lo que me impulsó, siendo yo un bachiller todavía vacilante, al estudio de la ciencia natural. (ver nota)
He contraído la deuda de mostrar el carácter egoísta de otro sueño en que mi yo no aparece. Ya cité un breve sueño. El profesor M. dice: «'Mi hijo, el miope ... ». En ese lugar consigné que este sueño no era sino el prólogo de otro, en el que yo juego un papel. He aquí el sueño principal que faltaba, y que nos propone él esclarecimiento de una formación léxica absurda e incomprensible:
A causa de algunos sucesos ocurridos en la ciudad de Roma es necesario poner a salvo a los niños, y eso es lo que acontece. La escena se despliega después ante una puerta, puerta doble al estilo antiguo (la Porta Romana de Síena, según yo lo sé todavía en el sueño). Me siento sobre el borde de una fuente y estoy muy triste, casi lloro. Una persona del sexo femenino -cuidadora, monja- saca a los dos varoncitos y los entrega al padre, que no soy yo. El mayor de los dos es nítidamente el mayor de mis hijos, y no veo el rostro del otro; la mujer que lo trae le pide un beso como despedida. Ella se singulariza por una nariz roja. El niño le rehusa el beso, pero le dice, tendiéndole la mano a manera de despedida: «AUF GESERES»; y a nosotros dos (o a uno de nosotros): «AUF UNGESERES». Tengo la idea de que esto último significa una preferencia. (ver nota)
Este sueño se construye sobre una madeja de pensamientos despertados por una obra de teatro que vi, Das neue Ghetto {El nuevo gueto}. La cuestión judía, la inquietud por el futuro de los hijos a quienes no podemos dar una patria, el cuidado por educarlos de tal modo que puedan ser cosmopolitas, son fácilmente reconocibles en los pensamientos oníricos correspondientes.
«Cabe las aguas de Babilonia estábamos sentados y llorábamos». Siena es, como Roma, famosa por sus bellas fuentes: para Roma debo yo en el sueño buscarme algún sustituto a partir de lugares conocidos. Junto a la Porta Romana de Siena vimos un gran edificio, intensamente iluminado. Supimos que era el Manicomio. Poco antes de sobrevenirme el sueño me había enterado de que un hombre de mi mismo credo había debido abandonar la plaza que con tanto trabajo consiguiera en un manicomio estatal.
Despierta nuestro interés el dicho «Auf Geseres», que aparece donde, por la situación creada en el sueño, deberíamos esperar «Auf Wiederseben» {«Hasta la vista»}; y es llamativo también su opuesto, que carece de todo sentido: «Auf Ungeseres».
De acuerdo con la información que recogí de los exégetas, «Geseres» es una palabra hebrea derivada de un verbo, «goiser», y su mejor traducción sería «sufrimiento impuesto, fatalidad». Por su uso en la jerga judía, se diría que significa «quejas y lamentaciones». «Ungeseres», una formación léxica creada por mí, es la que primero llama mí atención, pero al comienzo me deja perplejo. La breve observación del final del sueño, a saber, que Ungeseres significa una preferencia respecto de Geseres, abre las puertas a las ocurrencias y, por tanto, a la comprensión. Es que una relación así encontramos -en el caviar; el no salado {ung,-salzene} se aprecia más que el salado {gesalzene}. Caviar para el pueblo, «nobles pasiones»: ahí se esconde una alusión en broma a una de las personas de mi casa, y de quien espero, por ser más joven que yo, que velará por el futuro de mis hijos. Armoniza con eso el que otra persona de mi casa, nuestra honrada niñera, aparezca bien reconocible en la cuidadora (o monja) del sueño. Ahora bien, entre el par gesalzenunge-salzen y Geseres-Ungeseres falta una transición mediadora. Esta se encuentra en «gesäuert-ungesäuert» {«con levadura sin levadura»); en su huida de Egipto, los hijos de Israel no tuvieron tiempo de hacer fermentar su pan, y en memoria de ello todavía hoy comen pan ázimo para Pascuas. Puedo insertar aquí también la ocurrencia repentina que me sobrevino en este fragmento del análisis. Me acordé de que en la Pascua pasada nos paseábamos, mi amigo de Berlín y yo, por las calles de Breslau, ciudad para nosotros desconocida. Una niñita me preguntó cómo se llegaba a cierta calle; debí disculparme diciéndole que no lo sabía, y manifesté después a mi amigo: «Esperemos que la pequeña dé pruebas después, en su vida, de mayor agudeza para elegir las personas que habrán de guiarla». A los pocos pasos, mi vista dio con una placa: «Dr. Herodes, consultorio ... ». Yo pensé: «Esperemos que el colega no sea médico de niños». Entretanto mi amigo me había desarrollado sus opiniones sobre el significado biológico de la simetría bilateral, y había comenzado una de sus frases con este introito: «Si tuviéramos un ojo en mitad de la frente como el cíclope (Zyklop} . . . ». Ahora bien, esto me conduce al dicho del profesor en el sueño-prólogo: «Mi hijo, el miope {Myop} . . . ». Y me veo llevado a la fuente principal de Geseres. Hace muchos años, cuando este hijo del profesor M., que hoy es un pensador independiente, se sentaba todavía en el banco de la escuela, sufrió una afección a los ojos que el médico declaró de cuidado. Opinó que mientras se mantuviera en un solo lado {einseitig} no sería nada, pero que si se pasaba al otro ojo cobraría gravedad. La afección sanó sin complicaciones; pero poco después se presentaron realmente los signos de la enfermedad en el segundo ojo. La madre, desesperada, hizo que el médico viniese enseguida al solitario lugar en que se hallaba su residencia campestre. Pero él ahora se volcó al otro lado. «¿Por qué hace usted un Geseres?», dijo a la madre con tono imperioso. «Si de un lado todo anduvo bien, lo mismo ocurrirá del otro». Y así fue.
Y ahora la relación conmigo y con los míos. El banco de escuela en que el hijo del profesor M. aprendió las primeras letras pasó, por obsequio de la madre, a ser propiedad de mi hijo mayor, en cuyos labios pongo en el sueño las palabras de despedida. Ahora bien, es fácil colegir uno de los deseos que pudieron anudarse a esa trasferencia. Es que ese banco de escuela, por su construcción, estaba destinado a proteger al niño de resultar corto de vista {kurzsichtig} o de tener un desarrollo unilateral (einseitig}. De ahí que aparezca en el sueño la palabra Myop {miope} (y tras ella Zyklop {cíclope}), y de ahí también las elucidaciones sobre bilateralidad. El cuidado por la unilateralidad es multívoco; además de la unilateralidad física puede aludir a la del desarrollo intelectual. ¿Y acaso no parece como si la escena onírica en su insensatez contradijera precisamente ese cuidado? Después que el niño pronuncia su palabra de despedida hacia un lado, profiere hacia el otro la contraria, cual si quisiera producir un equilibrio. ¡Actúa como si tomase en cuenta la simetría bilateral!
Así, muchas veces el sueño es un dechado de profundidad cuando parece serlo de insensatez. En todos los tiempos, aquellos que tenían algo para decir y no podían decirlo sin peligro supieron disimularse bajo el capirote del loco. Aquel a quien estaba destinado el dicho prohibido, el que debía oírlo, lo sufría mejor si podía tomarlo a risa y sentirse lisonjeado con el juicio de que evidentemente eso desagradable era bastante insensato. El sueño hace en la realidad lo mismo que hace en el drama el príncipe que tiene que hacerse pasar por loco; y por eso puede enunciarse de los sueños lo que Hamlet, sustituyendo las condiciones verdaderas por un incomprensible juego de ingenio, afirmó de sí mismo: «Sólo estoy loco con el Nor-noroeste; cuando el viento sopla del Sur, puedo distinguir una garza de un halcón» (ver nota)
Es así, por tanto, como he resuelto el problema del absurdo del sueño: los pensamientos oníricos nunca son absurdos -al menos no lo son los de personas mentalmente sanas, y el trabajo onírico produce sueños absurdos y sueños con elementos singulares absurdos cuando en los pensamientos oníricos se le ofrecen la crítica, la ironía y el sarcasmo, y él debe figurarlos en su forma de expresión. (ver nota) No me resta sino demostrar que todo el trabajo del sueño es agotado por la cooperación de los tres factores mencionados y de un cuarto que todavía hemos de elucidar, que no opera otra cosa sino una traducción de los pensamientos oníricos con observancia de las cuatro condiciones que le están prescritas, y que el averiguar si el alma trabaja en el sueño con todas sus facultades o sólo con una parte de ellas es un problema mal planteado y nos desvía de los nexos efectivos. No obstante, puesto que hay abundancia de sueños en cuyo contenido se juzga, se critica y se reconoce, en los que emerge el asombro frente a un elemento singular del sueño, se hacen intentos de explicación y se lucubran argumentaciones, debo despejar mediante ejemplos escogidos las objeciones que de tales acaecimientos se derivan.
Mi réplica [en síntesis] es esta: Nada de lo que se encuentra en el sueño como quehacer aparente de la función del juicio ha de aprehenderse como una operación intelectual del trabajo onírico, sino que pertenece al material de los pensamientos oníricos, y desde ellos, como producto ya terminado, alcanzó el contenido manifiesto del sueño. En principio, aun puedo llevar más lejos esta afirmación: También de los juicios que después de despertar se nos ocurren sobre el sueño recordado, y de los sentimientos que provoca en nosotros la reproducción {Reproduktion} de ese sueño, una buena parte pertenece al contenido onírico latente y debe insertarse en la interpretación del sueño.


I
Ya he mencionado un notable ejemplo de esto. Una paciente no quiere contar su sueño porque no es suficientemente claro. Ha visto en él a una persona y no sabe si era su marido o si era su padre. Después sigue un segundo fragmento en el que aparece un «tarro de basura» {«Misttrügerl»}, al cual se asocia el siguiente recuerdo: Una vez, siendo ella reciente ama de casa, manifestó en broma, delante de un pariente joven que frecuentaba la casa, que lo que más la urgía era la compra de un tarro de basura nuevo. A la mañana siguiente le fue enviado uno, pero estaba lleno de lirios del valle. Este fragmento de sueño sirve a la figuración del giro idiomático: «No es de mi propio huerto» {«Nicht auf meinem eigenen Mist gewachsen»}. (ver nota) Cuando se completó el análisis, pudo averiguarse que en los pensamientos oníricos se trataba de una historia que oyó en su juventud acerca de una muchacha que tuvo un hijo y no sabía con suficiente claridad quién era el verdadero padre. Por tanto, en este caso la figuración onírica avanza sobre el pensamiento despierto y hace que uno de los elementos de los pensamientos oníricos esté subrogado por un juicio que se pronuncia en la vigilia acerca del sueño en su conjunto.


II
Un caso parecido: Uno de mis pacientes tiene un sueño que se le antoja interesante, pues se dice enseguida de despertar: «Debo contárselo al doctor». Analizado el sueño, resultaron las más nítidas alusiones a una relación que había iniciado durante el tratamiento y de la que se había propuesto no contarme nada. (ver nota)


III
Un tercer ejemplo, de mi propia experiencia:
Voy con P. por una comarca donde hay casas y jardines, hacia el hospital. Tengo la idea de haber visto en sueños ya muchas veces esa comarca. No me oriento muy bien; él me enseña un camino que, doblando una esquina, lleva a un recreo (salón, no JARDIN); allí pregunto por la señora Doni y me dicen que mora en el traspatio, en una habitación pequeña, con tres hijos. Voy allí y ya antes de llegar encuentro a una persona desdibujada con mis dos hijitas, que llevo conmigo después de estar un rato con ellas. Hay una suerte de reproche contra mi mujer por haberlas abandonado ahí.
Cuando despierto me siento inundado por una gran satisfacción, y la encuentro motivada en que ahora, merced al análisis, sabré el significado del yo ya he soñado con ello. Pero el análisis no me enseña nada sobre esto; sólo me muestra que la satisfacción pertenece al contenido latente del sueño, y no a un juicio sobre este último. Es la satisfacción por el hecho de haber tenido hijos en mi matrimonio. P. es una persona con quien durante un buen trecho anduvimos el mismo camino por la vida; después él me sacó mucha ventaja en lo social y en lo material, pero en su matrimonio no ha tenido hijos. No es menester un análisis completo para probar esto; bastará con mencionar las dos ocasiones del sueño. El día anterior leí en un periódico el aviso necrológico de una señora Dona A. . . y (de donde yo formé Doni), que murió de un parto; mi mujer me dijo que la difunta había sido atendida por la misma partera que la asistió a ella en el caso de nuestros dos últimos hijos. El nombre «Dona» me llamó la atención porque poco antes lo había encontrado por primera vez en una novela inglesa. La otra ocasión del sueño deriva de la fecha en que se produjo; era la noche anterior al cumpleaños de mi hijo mayor, dotado, según parece, para la poesía.

IV
Esa misma satisfacción me quedó después que desperté de un sueño absurdo, aquel en que mi padre desempeñó luego de su muerte un papel político entre los magiares, y estuvo motivada por la persistencia de la sensación que acompañó a la última frase del sueño «Me acuerdo de que en su lecho de muerte se lo veía tan parecido a Garibaldi, y me regocija que este augurio se haya hecho verdadero ... ». (Sigue algo que he olvidado.) Ahora bien, el análisis me permitió hallar lo omitido en esa laguna del sueño. Era la mención de mi segundo hijo varón, a quien le he dado el nombre de pila de una gran personalidad histórica [Cromwell] que me había atraído mucho en mi juventud, en particular desde mi estadía en Inglaterra. Durante la espera me formé el designio de darle precisamente ese nombre en caso de que naciese un varón, y con él saludé, altamente satisfecho, al recién nacido. Es fácil observar que la sofocada manía de grandeza del padre se trasfiere, en sus pensamientos, al hijo; y aun se creería que este es uno de los caminos por los cuales se cumple esa sofocación que la vida ha hecho necesaria. El pequeño se ganó el derecho de ser recogido en la trama del sueño porque sufrió el accidente -disculpable por igual en niños y moribundos- de ensuciarse las ropas. Compárese la alusión «juez que preside» {«Stuhlrichter»} y el deseo del sueño: «Yacer después de la muerte limpio y grande ante los hijos».


V
Ahora me pongo a buscar expresiones de juicios que se encierran en el sueño mismo, que no prosiguen en la vigilia ni se sitúan en ella; me sentiré muy aliviado si para esto puedo servirme de sueños que ya fueron comunicados con otro propósito. El sueño en que Goethe ataca al señor M. contiene en apariencia toda una serie de actos de juicio. «Yo procuro aclararme un poco las relaciones de tiempo, que me parecen inverosímiles». ¿No se tratará de una moción crítica contra el disparate de que Goethe pueda haber atacado literariamente a un joven de mi conocimiento? «Se me antoja verosímil que tuviera dieciocho años». También esto suena como el resultado de un cálculo, aunque idiota. Y «no sé con certeza el año en que escribimos» sería un ejemplo de inseguridad o de duda en el sueño.
Ahora bien, por el análisis de este sueño yo sé que esos actos de juicio, que semejan cumplirse por primera vez en el sueño, admiten en su literalidad otro modo de entenderlos, en virtud del cual se vuelven indispensables para la interpretación, despejando al mismo tiempo todo absurdo. Con la frase «Yo procuro aclararme un poco las relaciones de tiempo», me pongo en el lugar de mi amigo [Fliess], quien en la realidad procura aclarar las relaciones de tiempo de la vida. Así, la frase pierde el significado de un juicio que se revolvería contra el disparate de las frases anteriores. Y la intercalación «que me parecen inverosímiles» forma unidad con la frase posterior «Se me antoja verosímil». Poco más o menos con esas palabras repliqué a la dama que me contó la historia clínica de su hermano: «Me parece inverosímil que el grito "¡Naturaleza, naturaleza!` tuviera algo que ver con Goethe: considero muy probable que poseyera el significado sexual que usted conoce». Es cierto que aquí se formuló un juicio, pero ello no ocurrió en el sueño sino en la realidad, y con ocasión de algo que es recordado Y usado por los pensamientos oníricos. El contenido del sueño se apropia de este juicio como de cualquier otro fragmento de los pensamientos oníricos.
El número 18, con el cual el juicio del sueño se enlaza disparatadamente, testimonia también una huella del contexto del que fue arrancado el juicio real. Por último, «no sé con certeza el año en que escribimos» no está destinado sino a establecer mi identificación con el paralítico, en cuyo examen médico había sido ese realmente uno de los puntos de apoyo.
Con vistas a resolver los aparentes actos judicativos del sueño podemos recordar la regla que ya dimos para la ejecución del trabajo interpretativo a saber: cabe desechar como apariencia inesencial la trabazón que el sueño establece entre sus componentes y someter cada elemento, por sí, a la reconducción. El sueño es un conglomerado que debe ser descompuesto de nuevo a los fines de su investigación. Pero, por otra parte, debe observarse que en los sueños se exterioriza una fuerza psíquica que produce esa trabazón aparente, vale decir, somete al material adquirido por el trabajo onírico a una elaboración secundaria. Aquí estamos frente a exteriorizaciones de ese poder que después apreciaremos como el cuarto de los factores que participan en la formación del sueño.

VI
Busco otros ejemplos de trabajo judicativo en los sueños ya comunicados. En el sueño absurdo de la carta de la municipalidad pregunto: ««¿Y poco después te casaste?". Hago la cuenta de que soy nacido en 1856, y me parece como si este año siguiera inmediatamente al otro». Esto se reviste por entero con la forma de un razonamiento. Mi padre se casó en 1851, poco después del ataque; yo soy el mayor, y nací en 1856; por tanto, ello es correcto. Nosotros sabemos que esta conclusión está falseada por el cumplimiento del deseo, y que la frase que preside los pensamientos oníricos reza: «Cuatro o cinco años, eso para mí es un instante, ni merece que se lo tome en cuenta». Pero desde los pensamientos oníricos cada fragmento de ese razonamiento ha de determinarse diversamente en su contenido y en su forma: Es el paciente cuya perseverancia irrita a mi colega el que piensa casarse enseguida que termine la cura. El modo como trato con mi padre en el sueño recuerda a un interrogatorio o a un examen, y, por esa vía, a un profesor universitario que en el momento de la inscripción tenía por costumbre recoger las señas personales completas: «¿Fecha de nacimiento?». «1856». «¿Patre?». A eso se respondía agregando al nombre de pila del padre la desinencia latina, y los estudiantes suponíamos que ese consejero áulico {Hofrat} extraía del nombre del padre conclusiones que el nombre de pila del inscrito en ningún caso le habría permitido obtener. Así, el sacar conclusiones contenido en el sueño no era sino la repetición de ese otro sacar conclusiones que emerge como parte del material de los pensamientos oníricos. Gracias a ello nos enteramos de algo nuevo. Cuando en el contenido onírico ocurre una conclusíón, ella con seguridad proviene de los pensamientos oníricos; pero, en estos, puede contenerse como fragmento del material recordado o puede enlazar entre sí, como unión lógica, una serie de pensamientos oníricos. En todos los casos, la conclusión del sueño figura una conclusión proveniente de los pensamientos oníricos. (ver nota)
En este punto podremos proseguir él análisis de este sueño. El interrogatorio del profesor trae el recuerdo del registro (que en mis tiempos se redactaba en latín) de los estudiantes de la universidad. Trae, además, el de mi carrera universitaria. Los cinco años previstos para los estudios de medicina fueron también demasiado pocos para mí. Seguí trabajando impertérrito unos años más, y en el círculo de mis conocidos se me juzgó malogrado; dudaban de que yo hubiera de «conseguirlo». Entonces me decidí con rapidez a rendir mis exámenes, y lo conseguí: a pesar de la dilación. Un nuevo refuerzo de los pensamientos oníricos, que yo opongo con arrogancia a mis críticos: «Y si no me quieren creer porque me he tomado tiempo, yo igual lo conseguiré, llegaré a la conclusión. Ya en muchas oportunidades sucedió así».
El mismo sueño contiene en su fragmento inicial algunas frases a las que no puede impugnarse con fundamento su carácter de argumentación. Y esta por cierto no es absurda, sino que podría hacerse igualmente en el pensamiento de vigilia. La carta de la municipalidad me resulta en el sueño cómica, pues en primer lugar en 1851 yo todavía no había nacido, y en segundo lugar mi padre, a quien el asunto podría referirse, ya está muerto. Ambas cosas no sólo son en sí correctas, sino que coinciden por entero con los argumentos reales a que yo habría recurrido en caso de recibir una carta semejante. Por el análisis anterior sabemos que este sueño nació del suelo de pensamientos oníricos profundamente enconados y cargados de ironía; y si además se nos permite suponer que los motivos para la censura eran muy fuertes, comprenderemos que el trabajo del sueño tuvo todas las razones para crear, siguiendo el modelo contenido en los pensamientos oníricos, una refutación intachable de una exigencia disparatada. Pero el análisis nos muestra que aquí el trabajo del sueño no se entregó a una recreación libre, sino que debió usar para ello un material tomado de los pensamientos oníricos. Es como si en una ecuación algebraica apareciesen, además de los números, signos de suma y resta, de potenciación y radicación, y alguien, copiándola sin comprenderla, volcara en su copia tanto los signos de las operaciones cuanto los números, pero mezclándolos sin concierto. Aquellos dos argumentos [los del contenido del sueño] admiten que se los reconduzca al siguiente material. Me resulta penoso pensar que muchas de las premisas que yo pongo en la base de mi resolución psicológica de las psiconeurosis han de provocar, cuando se las conozca por primera vez, incredulidad y burla. Así, debo aseverar que ya impresiones del segundo año de vida, y a veces del primero, dejan una huella permanente en la vida mental del que después enferma y -aunque muchas veces deformadas y exageradas por el recuerdo- pueden constituir el fundamento primero y básico de un síntoma histérico. Ciertos pacientes a quienes enfrento con esto en el momento adecuado suelen parodiar el esclarecimiento que así acaban de adquirir diciendo que están dispuestos a rastrear recuerdos del tiempo en que aún no habían nacido. Y temo con fundamento que parecida acogida ha de tener el descubrimiento del insospechado papel que desempeña el padre respecto de las más tempranas mociones sexuales en el caso de ciertas enfermas mujeres. Y, no obstante, según mí bien fundada convicción, ambas cosas son verdaderas. En refuerzo de lo dicho quiero aducir ejemplos en que un niño pierde a su padre a edad muy temprana, y después ciertos sucesos de otro modo inexplicables demuestran que conservó, inconcientes, recuerdos de la persona desaparecida tan pronto para él. Sé que mis dos aseveraciones descansan en conclusiones cuya validez se objetará. Es, por tanto, un logro del cumplimiento de deseo el que precisamente el material de estas conclusiones, cuyo rechazo me temo, sea usado por el trabajo del sueño para producir conclusiones irrefutables.

VII

En un sueño del que hasta ahora sólo me he ocupado tangencialmente se expresa con nitidez, al comienzo, el asombro por el tema emergente:
El viejo Brücke ha de haberme encargado alguna tarea; COSA BASTANTE RARA, se refería a un preparado de la parte inferior de mi propio cuerpo, piernas y Pelvis, que yo veo frente a mí en la sala de disección, pero sin sentir su falta en mi cuerpo y también sin sombra de temor. Louise N. está ahí y hace el trabajo conmigo. La pelvis ha sido eviscerada, y se ve ora su lado superior, ora su lado inferior, ambos mezclados. Pueden verse espesas protuberancias de color carne (frente a las cuales pienso, todavía en el sueño, en hemorroides). También debió limpiársele cuidadosamente algo que había encima y que parecía papel de estaño arrugado. Después estaba de nuevo en posesión de mis piernas e iba de paseo por la ciudad, pero (porque estaba cansado) tomé un coche. El coche me llevó, para mi asombro, a través de los portales de una casa que se abrieron y lo dejaron pasar por un corredor que, desfondado al final, conducía otra vez al aire libre. Finalmente deambulaba yo con un guía alpino, que llevaba mis cosas, por cambiantes paisajes. Un trecho me cargó también a mi, por consideración a mis cansadas piernas. El suelo era cenagoso; marchábamos por el borde; había gente sentada en el suelo, entre ella una muchacha; eran como indios o como gitanos. Antes había yo avanzado por ese suelo resbaladizo, asombrándome siempre de que pudiera hacerlo tan bien después del preparado. Por fin llegamos a una pequeña cabaña de madera que remataba en una ventana abierta. Allí el guía me depositó, y puso sobre el alféizar dos tablones de madera ya dispuestos de manera de echar un puente sobre el abismo que debía salvarse desde la ventana. Entonces sentí real angustia por mis piernas. Pero en lugar del esperado pasaje vi a dos hombres adultos que yacían sobre bancos de madera adosados a las paredes de la cabaña, y como a dos niños que dormían junto a ellos. Como si no fuesen los tablones, sino los niños, los destinados a posibilitar el pasaje. Desperté despavorido.
A quien alguna vez se haya formado una impresión exacta de la vastedad de la condensación onírica le será fácil imaginar qué gran cantidad de páginas exigiría el análisis detallado de este sueño. Pero, para alivio de nuestra ilación, sólo lo tomo aquí como ejemplo del asombro experimentado en sueños, que en este caso se da a conocer por la intercalación «cosa bastante rara». Paso a considerar la ocasión del sueño. Fue la visita de esa dama Louise N. que también en el sueño asiste al trabajo. «Préstame algo para leer». Le ofrezco She {Ella}, de Rider Haggard. «Un libro raro, pero lleno de un sentido oculto -así empiezo a exponerle-; el eterno femenino, lo imperecedero de nuestros afectos». Entonces ella me interrumpió: «A eso ya lo conozco. ¿No tienes nada tuyo?». «No, mis obras imperecederas todavía no fueron escritas». «Y -entonces, ¿cuándo aparecen tus sedicentes "últimos esclarecimientos" que, como has prometido, serán legibles también por nosotros?», me pregunta, algo mordaz. Ahora reparo en que es otro el que habla por su boca, y callo. Pienso en el triunfo que me cuesta dar a publicidad aunque sólo sea el trabajo sobre el sueño, en el que tanto de mi intimidad debí revelar.

«Lo mejor que alcanzas a saberno puedes decirlo a los muchachos».

El preparado con mi propio cuerpo, que en el sueño me encargan, es por tanto el autoanálisis ligado con la comunicación de los sueños. El viejo Brücke aparece aquí a justo título; ya en esos primeros años de trabajo científico ocurrió que yo dejé estar un descubrimiento hasta que una orden enérgica de él me forzó a publicarlo. Pero los otros pensamientos que se devanan desde el coloquio con Louise N. muerden demasiado en lo hondo para que puedan hacerse concientes;. experimentan un desvío por el material que se evocó colateralmente en mí merced a la mención de She, de Rider Haggard. Sobre este libro, y sobre otro del mismo autor, Heart of the World {Corazón del mundo}, recae el juicio «bastante raro», y numerosos elementos del sueño están tomados de ambas novelas fantásticas. El suelo cenagoso por el cual uno es cargado, el abismo que debe salvarse mediante los tablones allí tendidos, provienen de She; los indios, la muchacha y la cabaña de madera, de Heart ol the World. En las dos novelas una mujer es la guía, y en ambas se trata de expediciones peligrosas; en She, de un atrevido viaje a lo no descubierto, a lo jamás hollado. Las cansadas piernas han sido, según caigo en la cuenta a raíz del sueño, una sensación real de aquellos días. Probablemente respondía a ellas mi fatigado talante y la pregunta dubitativa: «¿Por cuánto tiempo más habrán de sostenerme mis piernas?». En She, la aventura termina así: la guía, en lugar de conquistar la inmortalidad para sí y para los otros, halla la muerte en el misterioso fuego central. Es innegable que una angustia de esa índole ha estado activa en los pensamientos oníricos. La cabaña de madera es con seguridad el sarcófago, la tumba. Pero en la figuración de este, el menos deseado de todos los pensamientos, el trabajo del sueño consumó su obra maestra mediante un cumplimiento de deseo. En efecto, ya una vez había estado en una tumba, pero fue en Orvicto, en una tumba etrusca exhumada, una cámara estrecha con dos bancos de piedra adosados a las paredes, sobre los cuales yacían los esqueletos de dos adultos. Y el interior de la cabaña de madera muestra en el sueño ese mismo aspecto, sólo que la piedra fue sustituida por madera, El sueño parece decir: «Si es que ya has de descender a la tumba, que sea a una tumba etrusca», y con esta voltereta muda la más triste de las expectativas en una expectativa deseada. Por desgracia él puede, como pronto sabremos, trastornar hacia lo contrario solamente la representación que acompaña al afecto, pero no siempre al afecto mismo. Por eso me despierto despavorido después que se conquistó una figuración la idea de que quizá los niños alcanzarán lo que al padre le fue denegado, una nueva alusión a la rara novela en que la identidad de una persona es conservada a través de un sucederse de generaciones que abarca dos milenios.

Visto 9445 veces Modificado por última vez en Lunes, 01 Agosto 2011 20:40
Inicia sesión para enviar comentarios