Psicoanálisis Breves Notas

¿Qué es el Síntoma?

Aberastury Arminda Diccionario

 

Fenómeno subjetivo que, para el psicoanálisis, constituye no el signo de una enfermedad sino la expresión de un conflicto inconciente.

 


Para S. Freud (1892), el síntoma toma un sentido radicalmente nuevo a partir del momento en el que puede plantear que el síntoma de conversión histérico, que la mayoría consideraba una simulación, es de hecho una pantomima del deseo inconciente, una expresión de lo reprimido. Concebido al principio como la conmemoración de un trauma, el síntoma se definirá más justamente en lo sucesivo como la expresión de un cumplimiento de deseo y la realización de un fantasma inconciente que sirve al cumplimiento de ese deseo. En esta medida, es el retorno de una satisfacción sexual hace largo tiempo reprimida, pero también es una formación de compromiso, en tanto la represión se expresa igualmente en él.

 
Los posfreudianos van a insistir en la formación de compromiso. Lacan, por su parte, comienza por decir en 1958 que el síntoma «va en el sentido de un deseo de reconocimiento, pero este deseo permanece excluido, reprimido». Interesándose en lo real en tanto está comprometido en una relación singular con lo simbólico y lo imaginario, Lacan destaca que el síntoma no es el signo de un disfuncionamiento orgánico, como lo es normalmente para el médico y su saber médico: «viene de lo Real, es lo Real».

 
Precisando su pensamiento, explica que «el síntoma es el efecto de lo simbólico en lo real». En 1975 agrega que el síntoma es lo que la gente tiene de más real. Puesto que guarda escasa relación con lo imaginario, el síntoma no es una verdad que dependa de la significación. Y si es «la naturaleza propia de la realidad humana», la cura no puede en ningún caso consistir en erradicar al síntoma en tanto efecto de estructura del sujeto. En este sentido, no se lo puede disociar de los otros redondeles del nudo borromeo propuesto por Lacan para presentar su doctrina: lo real, lo simbólico y lo imaginario. Así, ciertos síntomas, como en el caso de Joyee, sobre quien trabajó Lacan [Seminario XXIII, 1975-76, «Le sinthome»], tienen una función de prótesis. Si lo imaginario se sustrae al cruce de lo simbólico y lo real, es posible anudarlo a estos dos últimos para «evitar» este derrape: se trata del cuarto redondel, el que procura por ejemplo a Joyce un yo sustitutivo, una prótesis, que es precisamente su actividad de escritor.

 
Por otra parte, Lacan arriba con ello a la hipótesis de un nudo que comprendería de entrada cuatro términos: el cuarto redondel, que también aquí es definido como síntoma, está a la vez en relación con el complejo de Edipo y el Nombre-del-Padre (cf. seminario citado ut supra). Sin embargo, como lo subraya Lacan en Conferencias y conversaciones, 1975, se tiene derecho a esperar que la cura psicoanalítica haga desaparecer los síntomas, pero, ¿es prudente suprimir la función de este cuarto redondel?

 
«Los neuróticos viven una vida difícil y nosotros tratamos de aliviar su malestar... Un análisis no debe ser llevado demasiado lejos, Cuando el analizante piensa que está feliz de vivir, ya es suficiente», escribe Lacan (ibid.). Una separación del objeto de amor, por ejemplo a través de una interpretación salvaje, sobre todo si es justa, puede ser, justamente, catastrófica. Por eso, aunque en términos metafóricos y con contradicciones, Lacan creó el término sinthome [juego de palabras entre síntoma, santo hombre y Santo Tomás de Aquino, sobre la base de la antigua grafía en francés, mas semejante a la grafia del castellano] para designar al cuarto redondel del nudo borromeo, y para significar con ello que el síntoma [«symptôme»] debe «caer», de acuerdo con su etimología [la palabra, en griego, remite a «coincidencia»: lo que ocurre simultáneamente, pero también lo que cae simultáneamente], y que el «sinthome» es lo que no cae, pero se modifica, cambia para que sean posibles el goce y el deseo.

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